
Descripción de la imagen:
En la imagen podemos ver en el lado derecho a Itzcóatl en su icpalli, sentado erguido y dando instrucciones. Si bien no hay un glifo que indique que sea Itzcóatl, el capítulo nos indica que fue él quien dirigió y ganó la guerra junto con Tlacaelel.
En la parte de abajo podemos notar a un guerrero jaguar matando a sus enemigos tepanecas con su macuahuitl, quienes yacen ensangrentados, uno de ellos con su escudo, chimalli, sujeto a su brazo. Frente a él se encuentra otro guerrero con su chimalli y su macuahuitl.
Arriba de ellos podemos ver a dos guerreros atacando a un rostro y detrás de ellos a Maxtla, como comandante del ejército tepaneca y más atrás al resto del ejército tepaneca, que simboliza una multitud de soldados.
En medio se encuentran dos guerreros tepanecas, uno con su chimalli, ambos con sus macuahuitl, la interpretación que yo le doy son las amenazas que Maxtla tenía sobre matar a los mexicas, por eso aparece esa cara incorpórea:
“Dicho esto se apartaron de la presencia del Rey, y tuvieron entre sí una consulta, hallándose en ella los Señores de Tacuba y Coyohuacan que era toda la congregación tepaneca, poco aficionada a la nación mexicana, donde determinaron no solo no darles lo que pedían, sino de ir luego a quitarles el agua que les habían dado, y como a gente de tantos bríos destruirlos y acabarlos, sin que quedara hombre de ellos ni lugar que se llamase México.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 66).
Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 9.
Se alistan para la batalla, con Itzcóatl y Tlacaélel como dirigentes.
“Hechos los conciertos de unos y otros mandó el Rey a que luego se apercibiera la gente y la pusiera en orden, lo cual fue hecho con toda diligencia dando las capitanías a todos los hijos de los Reyes pasados, hermanos y deudos muy cercanos del Rey Itzcohuatl. Poniéndose en sus escuadrones y ordenanza hizo el Rey un razonamiento a todo el ejército, esforzándolos a morir o vencer, poniéndoles por delante el noble origen y valor de la gente Mexicana, y que miraran que aquel era el primer combate y muy buena ocasión para salir con honra y hacer temer y temblar las demás naciones; que nadie desmayara, pues la mucha gente de los Tepanecas que llegaban hasta los montes, no hacían nada al caso, sino el ánimo varonil; les mandó expresamente que cada uno siguiera a su capitán, acudiendo todos a donde vieran que había más necesidad, y que ninguno echara pie adelante sino mandado. Y con esto: comenzaron a marchar hacia Azcapotzalco con mucho orden y concierto a donde iba su mismo Rey y el valeroso Atlacaellel por general de todo el ejército.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 79).
Combate entre tepanecas y mexicas, donde los mexicas ganan.
“Y yéndose acercando, los de Azcapotzalco los divisaron y luego les salieron al encuentro con muy buen orden, llenos de grandes riquezas, oro, plata, joyas y plumajería, ricas divisas de rodelas y armas como gente poderosa que entonces tenía el imperio de toda esta tierra: los Mexicanos aunque pobres de atavíos, pero llenos de ánimo y esfuerzo con la industria y valor de su general, al verlos se fueron a ellos, con gran brío y antes de acometer el valeroso Atlacaellel, mandó a todos los capitanes y Señores y mancebos que mostraban más osadía y deseo de la guerra, que puestos en ala, oída la señal, acometieran a los enemigos, y que la demás gente común y soldados de menos esfuerzo se estuvieran quedos, a los cuales el Rey tuviera a punto para su tiempo, y que si los enemigos fueran de vencida, no salieran de su ordenanza sino que juntos siempre fuesen entrando en la ciudad de Azcapotzalco. Dicho esto ya los enemigos estaban bien cerca, y ellos poniéndose en ala como Atlacaellel lo había ordenado, el Rey Itzcohuatl tocó un pequeño atambor que a las espaldas traía colgado, y en dando esta señal, alzaron los del ejército Mexicano tan gran vocería y silbos, que pusieron gran temor a toda la gente contraria, y arremetiendo con un coraje y ánimo invencible se mezclaron con los de Azcapotzalco, y como desesperados hirieron a diestro y á siniestro sin orden ni concierto, comenzaron a apellidar México, México y de tal suerte alborotaron a los de Azcapotzalco que comenzaron a perder el orden que traían y se desbarataban cayendo mucha gente de la común muerta y dándose los Mexicanos gran priesa y maña a herir y matar siempre con igual ánimo y fuerza, comenzaron a retirarse los de Azcapotzalco á su ciudad, y los Mexicanos a seguirlos ganándoles tierra. Los Mexicanos que con temor no habían acometido, viendo su gente prevalecer salieron entonces con grande ánimo a los enemigos: viendo esto el Rey Mexicano, fue luego cebando de gente sus escuadrones y lo mismo hacía el de Azcapotzalco, pero estaban tan animados los Mexicanos que no pudiendo resistirlos los de Azcapotzalco desampararon el campo, metiéndose en su ciudad: el animoso Atlacaellel general en el ejército Mexicano, comenzó a decir a grandes voces: victoria, victoria, entrando tras ellos matando e hiriendo sin ninguna piedad. Entonces el Rey Itzcohuatl mandó a todo el resto del que con él había quedado asolaran la ciudad, y quemaran las casas, y robaran y saquearan todo lo que en ellas hallaran no perdonando hombre ni mujer, niños ni viejos, lo cual fue ejecutado sin ninguna piedad ni lástima, no dejando cosa enhiesta ni persona á vida, sino los que huyendo se habían acogido a los montes, a los cuales no perdonaron los Mexicanos, porque los fueron siguiendo como leones encarnizados, llenos de furor e ira hasta meterlos en lo más áspero de las sierras, donde los de Azcapotzalco postrados por tierra rindieron las armas prometiendo darles tierras y de labrarles casas y sementeras, siendo sus perpetuos tributarios, y así mismo darles piedra, cal y madera para los edificios y todo lo necesario de semillas y legumbres para su sustento. Teniendo lástima de ellos el general Atlacaellel mandó cesar el alcance y recoger su gente; y haciendo jurar a los de Azcapotzalco que cumplirían todo lo que prometían, se volvieron de allí los Mexicanos, victoriosos y alegres a su ciudad con muchas riquezas y despojos que hallaron en Azcapotzalco, porque como era la corte estaba allí toda la riqueza de la nación Tepanecana.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 79-81).
Volvemos a leer que las guerras de los mexicas no eran exclusivas para capturar, también mataban a muchos de sus enemigos.
Fuente bibliográficas:
- El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
- Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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