
Descripción de la imagen:
En la imagen podemos a Itzcóatl, representado por su glifo, una serpiente con una especia de escamas o puntas que le salen del cuerpo, obsidiana, por lo que significa: “Serpiente de Obsidiana”.
Pareciera que está dando clases, pero no, la vestimenta de las personas, envueltos en sus mantas (tilmatli) y sentadas, denota que son personas adultas, principales del gobierno, seguramente a quien les está dando instrucciones.
También vemos que tiene barba y un gorro cónico, es una reinterpretación de la diadema real mexica (xiuhuitzolli o copilli), muy al estilo europeo por la influencia española que ya tenían los tlacuilos al momento de pintar el Códice Ramírez.
Está sentado sobre su icpalli.
Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 8:
Elección de Itzcóatl como Tlatoani:
“Salió de esta consulta electo por Rey de México Itzcohuatl, que quiere decir culebra de navajas, el cual, como queda dicho en otro lugar, era hijo natural del Rey Acamapichtli, habido en una esclava suya. Le eligieron por Rey, aunque no era legítimo, porque en costumbres, valor y esfuerzo, era el más aventajado de todos. Mostraron gran contento y regocijo con esta elección todos, en especial los de Tetzcuco, porque su Rey estaba casado con una hermana de Itzcohuatl, a quien luego asentaron y coronaron en su trono real con todas sus ceremonias acostumbradas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 70).
Palabras de bienvenida y advertencias.
“Puesto ya en su asiento real, uno de los oradores, vuelto a él con gran reverencia, le habló de esta suerte: “Hijo y señor y Rey nuestro, ten ánimo valeroso y está con fortaleza; no desmaye tu corazón ni pierda el brío necesario para el primado y cargo real que te han encomendado, porque si siendo nuestra cabeza desmayas, ¿quién piensas que ha de venir a ponerte esfuerzo y ánimo para lo que Conviene al gobierno y defensa de tu Reyno y república? ¿Piensas por ventura que han de resucitar aquellos valerosos varones tus antepasados padre y abuelo? Ya, poderoso Rey, esos pasaron, y no queda sino la sombra de su memoria, y la de sus valerosos corazones y la fuerza de sus brazos y pecho con que hicieron rostro á las aflicciones y trabajos; ya á ellos los escondió el poderoso señor de lo criado. Por tanto, mira que ahora estamos todos pendientes de ti; ¿has por ventura de dejar caer y perder tu república; has de dejar deslizar de tus hombros la carga que te han puesto, encima de ellos; ¿has de dejar perecer al viejo y a la vieja, al huérfano y a la viuda, valeroso príncipe? ¿de qué pierdes el anhélito y aliento? Mira que nos velan ya otras naciones, y menospreciándonos hacen escarnio de nosotros; ten lástima de los niños que andan gateando por el suelo, los cuales perecerán si nuestros enemigos prevalecen contra nosotros; ya, señor, comienza a descoger y extender el manto para tomar a cuestas a tus hijos, que son los pobres y gente popular, que están confiando en la sombra de tu manto y frescor de tu benignidad. Está la ciudad de México Tenochtitlan muy alegre y ufana con tu amparo; hizo cuenta que estaba viuda, pero ya resucitó nuevo esposo y marido que vuelva por ella y le dé el sustento y amparo necesario. Hijo mío, no temas el trabajo y carga ni te entristezcas, que el Dios cuya figura y semejanza representes, será en tu favor y ayuda.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 70, 71).
Itzcóatl se prepara para la guerra contra Azcapotzalco.
“Cuando Itzcohuatl comenzó a reinar, que fue el año de mil y cuatrocientos y veinte y cuatro, ya los Tepanecas tenían muy declarada la enemistad contra los Mexicanos, en tanto grado, que no había otro remedio sino tomar las armas y venir á las manos, y así el Rey nuevo luego comenzó á entablar las cosas de la guerra y proveer en las cosas necesarias para ella, porque los de Azcaputzalco se daban mucha priesa para destruirlos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 72).
División entre los mexicas.
El bando de quienes querían mostrar sumisión a los tepanecas.
“Acudiendo la gente común, considerando que eran muy pocos y mal ejercitados en la guerra, y los Tepanecas muchos y gente belicosa y esforzada; teniendo por imposible la victoria, comenzaron a desmayar y a mostrar gran pusilanimidad, pidiendo con lágrimas a su Rey y a los demás señores la paz, cosa que causó mucha pena y desmayo al Rey y a sus nobles; y preguntándoles qué era lo que querían, respondieron que el Rey nuevo de Azcapotzalco era hombre piadoso, y así eran de parecer que tomase á su Dios Huitzilopochtli, y se fuesen a Azcapotzalco á poner en las manos del Rey, todos con mucha humildad, para que hiciesen de ellos lo que fuese su voluntad, y quizá los perdonaría y daría en Azcapotzalco lugar donde vivieran y los entretejerían entre los vecinos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 72).
El bando de quienes deseaban pelear, comandados por Tlacaélel.
“Estando ya ocupados los Mexicanos para su ida a Azcapotzalco, se descubrió con aquella ocasión un valeroso mancebo llamado Tlacaélel, sobrino del Rey Itzcohuatl, el cual después Príncipe de los ejércitos, y el más valeroso y valiente y de mejor parecer y consejo en las cosas de guerra, que jamás se ha hallado en toda la nación Mexicana, como en todo lo que se sigue se verá. Este salió entonces entre ellos y dijo: “¿Qué es esto, Mexicanos, ¿qué hacen ustedes, están sin juicio? aguarden, estén, déjenos tomar más acuerdo sobre este negocio. ¿Cómo tanta cobardía ha de haber que nos habremos de ir a rendir así a los, de Azcapotzalco?” y llegándose al Rey le dijo: “Señor, ¿qué es esto? ¿cómo permites tal cosa? habla a ese pueblo, búsquese un medio para nuestra defensa y honor, y no nos ofrezcamos así tan afrentosamente en manos de nuestros en enemigos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 72,73).
Prevalece la voz de rendir pleitesía a Maxtla, Tlacaelel se postula para ir a hablar con Maxtla
“Digo que yo me ofrezco a ir y llevar tu embajada donde fueres servido, sin temor de la muerte y con la voluntad qué fuera, si entendiera que, había de vivir perpetuamente, con esa misma voy ahora. Porque supuesto que tengo de morir, hace muy poco al caso que sea hoy o que sea mañana, y así ¿para cuándo me he de guardar? ¿dónde mejor me puedo emplear que ahora? ¿dónde moriré con más honra que en defensa de mi patria? Por tanto, Señor, yo quiero ir.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 73).
Tras varias idas y venidas, en las cuales estuvo a punto de ser asesinados por los soldados que custodiaban la entrada a Azcapotzalco, no logra negocias nada con los tepanecas, quienes estaban decididos a exterminar a los mexicas.
Tlacaélel le dio unas insignias a Maxtla como una formalidad previa a la guerra, Maxtla por su parte lo dejó salir por una puerta secreta, dándole una Macuahuitl y un Chimalli para defenderse. Al verse cerca de Tenochtitlan, Tlacaélel reto a los tepanecas.
“Ya que se ido en términos de México, se mostró a los centinelas y les dijo: “Ah Tepanecas, Azcapotzalco, y qué mal hacen su oficio de guardar su ciudad, aparéjense, que no ha de haber Azcapotzalco en el mundo, porque no ha de quedar en él piedra sobre piedra, ni hombre ni mujer, que todos no perezcan; por eso apercíbanse que de parte del Rey de México, Itzcohuatl, y los de la ciudad, los desafíe a todos. Oyendo los centinelas lo que Atlacaellel les decía, espantados de ver como pudo haber salido sin que le vieran, arremetieron a él para matarle, más él, haciendo rostro a todos, antes que se le desenvolvieran, mató algunos de ellos, y viendo que se juntaba gente, se fue retirando con ánimo valeroso hasta la entrada de su ciudad, donde le dejaron.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 77,78).
Pacto de diferencias en la jerarquía social.
Los macehuales, o gente común, la gente del pueblo, estaban en desacuerdo con la batalla contra los tepanecas, así es que llegaron a un acuerdo, que, si la gente de Itzcóatl perdía, serían sacrificados, pero si ganaban, los macehuales serían sus servidores. Esta diferencia de estatus social se mantuvo hasta la llegada de los españoles e incluso durante el virreinato, ya que no es verdad que solo los españoles gozaron de beneficios tras la conquista, se respetó el linaje a muchos indígenas tuvieron encomiendas, entre ellos dos mujeres, Malitzin y Tecuichpo.
“Consolándolos los señores y el Rey en persona les dijo: “No teman, hijos míos, que aquí os pondremos en libertad sin que os haga mal ninguno:” ellos respondieron, “y si no salieran con la victoria ¿qué será de nosotros?” Respondió el Rey, “si no saliéremos con nuestro intento nos pondremos en sus manos para que nuestras carnes sean mantenimiento suyo, y allí vénguense de nosotros y nos coman en tiestos quebrados y sucios para que en todo seamos infamemente tratados.” Respondieron, ellos, “pues mira que si así lo hemos de hacer y cumplir, pues ustedes mismos se dan la sentencia, y si salieran con la victoria, nosotros nos obligamos a servirles y tributarlos y ser sus terrazgueros, y edificar sus casas, sirviéndoos en todo padres y hijos como a verdaderos señores nuestros, y cuando fueran a las guerras prometemos llevar sus cargas y bastimentos y armas a cuestas sirviéndoles por todos los caminos por donde quiera que fueran; finalmente vendemos y sujetamos nuestras personas y bienes en vuestro servicio para siempre.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 78).
A continuación, se dio la batalla, como lo veremos en el dibujo 9 del Códice Ramírez.
Aquí inicia el imperio mexica con Itzcóatl bajo el mando, porque a Azcapotzalco le rendían tributo muchos altepémeh (plural de altépetl, Ciudad—Estado), por lo que Tenochtitlan heredará esa entrega de tributos.
A los ganadores se les dieron tierras de Azcapotzalco mientras los macehuales cumplieron su palabra. Solo a algunos valientes les tocaron tierras, los demás eran vituperados de cobardes.
Batalla contra Coyoacán.
Los de Coyoacán, temiendo ser los siguientes en la lista de los mexicas, decidieron levantarse en armas. Aquí el Códice Ramírez nos brinda una versión totalmente mexica y alejada de la realidad, al decir que los mexicas eran muy nobles y de gran corazón y que solo atacaban cuando eran atacados. La historia y la hegemonía que encontraron los castellanos nos dice todo lo contrario, por eso tantos altepémeh se unieron a Hernán Cortés, ya no toleraban ser víctimas de los mexicas, quienes los extorsionaban.
“Pues no tenían tal pensamiento los Mexicanos por ser como era una gente tan noble que nunca jamás se inquietaron ni dieron, guerra sin ser justamente provocados como adelante se dirá.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 84).
Una de las maneras en que Coyoacán mostró su hostilidad hacia los mexicas fue molestar a las mujeres, quienes eran las comerciantes que iban a los mercados a vender sus productos y comprar los que vendían los demás altepémeh.
“Comenzaron luego a usar de malos términos con los Mexicanos para provocarlos, saliendo a los caminos, robando y maltratando con palabras injuriosas á las mujeres mexicanas que iban a los mercados de Coyohuacan, lo cual sufrió el Rey de México por muchas veces, hasta que vio que se desvergonzaban ya mucho; entonces mandó que ninguna mexicana fueran á los mercados de Coyohuacan, ni entraran ni trataran en aquella ciudad so pena de la vida.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 84).
La siguiente acción que tomaron los tepanecas de Coyoacán fue invitar a otros altepémeh para pelear en contra de los mexicas, pero nadie quiso. Por último, los tepanecas de Coyoacán invitaron a los mexicas a una fiesta. Tlacaélel le pidió a Itzcóatl no acudir, y acudió Tlacaélel junto con otros principales, pero era una trampa, no para matarlos, ya que eso lo consideraban de cobardes, sino para humillarlos, por lo que los vistieron como mujeres y así los corrieron de Coyoacán.
“Después de comer, en lugar de las rosas y otras cosas olorosas que suelen dar a los convidados, el Señor de Coyohuacan envió a los principales de México a cada uno unas ropas y atavíos de mujer, y poniéndoselos delante los mensajeros les dijeron: “Señores, nuestro señor manda que los vistamos de las ropas mujeriles, porque hombres que tantos días aquí los hemos incitado y provocado a la guerra, están tan descuidados.” Ellos no pudiendo por entonces hacer menos, se dejaron vestir, y en vistiéndoselas los enviaron a su ciudad vestidos con aquellas ropas afrentosas de mujeres, y así se presentaron delante el Rey de México contándole todo lo que había pasado. El Rey los consoló diciéndoles que “aquella afrenta había de resultar en más honor suyo, que no tuvieran pena porque él había de hacer venganza muy en breve con muerte y destrucción de todos ellos, y así se declare a esos Tepanecas mortal enemistad, cerrándoles los caminos y poniéndoles guardas para que nadie de ellos pase a nuestra ciudad sin que sea luego muerto.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 86,87).
Tras esto, los mexicas ya no entraron a Coyoacán y en los límites entre Tenochtitlan y Coyoacán, los mexicas se pusieron a guisar muchas de sus mejores comidas, lo cual hacía que a los tepanecas de Coyoacán se les antojara, pero sin poder comerlos, lo cual fue la gota que derramó el vaso para iniciar la batalla.
“Consejero que tenía, cuyo nombre era Cuecuex, y le dijo, “¿qué haremos que nos destruyen éstos, haciéndonos desear estas comidas que ellos comen, viniéndonos a, dar estos humazos suaves a nuestros términos, con que malparen las mujeres y padecen los demás?” Respondió Cuecuex “que ya no hay que esperar, sino que ganamos por la mano y salgamos al campo y yo seré el primero.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 88).
La batalla contra Coyoacán se dio de la siguiente manera, no sin dejar de mencionar que unos soldados de Culhuacan se pusieron a las órdenes de Tlacaelel.
“y haciéndolos armar con divisas mexicanas, dándoles nuevas rodelas y espadas, comenzaron a marchar hacia Coyohuacan con mucho secreto, tomando las espaldas a los enemigos, donde ya el Rey de México había trabado la batalla, comenzando el combate con tanta enemistad, dañándose cuanto podían, y era tanta la vocería de una parte y de la otra, que se oía en gran trecho; estando los Mexicanos y Tepanecas en lo mejor de su contienda, no sintiéndose ventaja en los unos ni en los otros, llegó el general Tlacaélel con su gente por un lado, tan adeshora, y tan de repente, apellidando México, Mexico, Tenochtitlan, que desmayó y turbó a los enemigos, en los cuales comenzó a herir y a matar tan sin piedad, quedos hizo retirar. Los Tepanecas viéndose así salteados, desampararon el campo, y yendo en seguimiento de ellos, Tlacaélel y sus tres compañeros hicieron tales hazañas y valentías, que no les paraba hombre delante; que huían de ellos como de leones carniceros; se iban los Tepanecas á gran priesa retirando con intento de hacerse fuertes en su templo, lo cual entendido por Tlacaélel y sus tres compañeros, se adelantaron metiéndose por los enemigos hasta llegar al templo, y tomándoles la entrada de él uno de ellos, le pegó fuego; los Tepanecas, viendo arder su templo, desmayaron tanto, que dejando su ciudad, se acogían à los montes, yendo los Mexicanos en su alcance, prendiendo y matando a cuantos alcanzaban. Viendo los Tepanecas cuán mal les iba, se subieron a un monte alto, y desde allí, cruzadas, las manos, comenzaron a dar voces y a pedir cesasen de matarlos y herirlos; que dejasen las armas; que ellos se daban por vencidos; que descansasen del cansancio y trabajo pasado; que tomasen huelga y aliento, y bastase la venganza que de ellos habían tomado. Los Mexicanos respondieron “No queremos perdonarlos, traidores, no ha de haber en la tierra nombre de Coyohuacan, este día le hemos de asolar y echar por él suelo, porque no quede nombre de traidores que hacen juntas y provocan aincitan a las demás naciones á destruirnos”. (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 90,91).
Con este pasaje confirmamos una vez más que las guerras que hacían los mexicas no eran exclusivamente para capturar enemigos, si bien esto les otorgaba una escala militar y social, también había muchos muertos.
Los de Coyoacán se rindieron y prometieron tributo. Terminada la batalla, se repartieron tierras de Coyoacán entre los más valerosos y se crearon los primeros cuatro títulos y los más importantes, ya que, desde ese momento, el siguiente Tlatoani podría ser solo uno que ostentara alguno de esos cuatro títulos.
“Entonces dieron a estos cuatro el primero fue Tlacochcalcatl, se compone de Tlacochtli que quiere decir dardo a vara de este nombre calcatl, que significa dueño de alguna casa, y así Tlacochcalcatl, significa el príncipe de la casa de las lanzas arrojadizas. El segundo ditado fue Tlacatecatl, se compone de Tlácatl que es persona y de este verbo tequi que quiere decir cortar o cercenar, de manera que Tlacatecatl querrá decir cortador o cercenador de hombres. El tercero ditado fue Ezhuahuacatl, se compone de eztli que es sangre y de este verbo huahuana, que es arañar o rasguñar, de suerte que Ezhuahuacatl significa derramador de sangre arañando o rasguñando. El cuarto ditado fue Tlillanealqui, se compone de Tlilli que es Tizne o Negrura, y de Calli que es casa, así es que Tlillanealqui querrá decir el señor de la casa de la negrura, era este título muy honroso porque la tizne o negrura les servían en sus idolatrías y había ídolo de ella, como en su lugar se dirá.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 93).
Batalla contra Xochimilco.
Batalla contra Cuitláhuac.
Tras esta batalla, tocará el turno de que el altépetl de Cuitláhuac se revelase. A este altépetl hoy se le conoce como Tláhuac, por eso su glifo es una popó, ya que Cuitláhuac significa lugar del excremento sagrado.
Para esta batalla Tlacaélel reclutó a puros jóvenes de 16 a 18 años y con ellos logró la victoria.
“Poderoso Señor, ¿para qué te da tanta congoja una guerrilla de tan poca importancia, que te parece necesario todo el valor del brazo mexicano para ella? No tengas, pena; descansa, que yo solo con los muchachos de la ciudad te allanaré ese negocio.” Entró luego Tlacaélel con el Rey al recogimiento de los mancebos del templo, de donde sacaron mozos, deudos suyos e hijos de principales, que mostraron ánimo para esto, e hizo juntar todos los muchachos de diez y seis a diez y ocho años, que sabían mandar barcos por el agua, a estos mozos armó é industrió, y partiéndose con ellos hacia Cuitlahuac por agua y por tierra, acometió la guerra con tantos, ardides y traza, que antes que los otros se desenvolvieran, él y los muchachos los tenían cercados, y así a pocas horas los ahuyentaron y captivaron muchos de ellos, lo cual sabiendo el Rey de Cuitlahuac, consideró que si con los muchachos le habían desbaratado la gente, si aguardaba el golpe del ejército mayor, seria destruido y asolado él y toda su tierra, y así determinó de rendirse a Tlacaélel, y sujetarse a la corona de México”. (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 98).
Por supuesto que todas estas batallas venían acompañadas de grandes despojos, un botín tras saquear a los vencidos que era muy cuantioso.
Rendición de Nezahualcóyotl de Texcoco ante los mexicas
Como pudimos leer, al vencer a Azcapotzalco el Códice Ramírez no menciona la triple alianza con Texcoco y Tlacopan (Tacuba), antes bien menciona que Texoco se subordinó a Tenochtitlan sin condiciones, pero Tlacaélel pidió que fingieran una batalla que por supuesto ganarían los mexicas.
“Pero que por su buen comedimiento fingiesen los de Tezcuco que daban guerra a los Mexicanos y ellos saldrían al campo con aparato de guerra, y así fingirían que peleaban, y sin lastimarse se entregarían a los de México. Lo cual fue cumplido como Tlacaélel lo determinó. Quedó entonces la gente de Tezcuco muy querida y amada de todos los Mexicanos, y así les tenían por parientes y hermanos, no habiendo entre ellos cosa partida, siendo el señor de allí perpetuo consejero del Rey de Mexico.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 100).
“Juntos los principales Mexicanos, el Rey les dijo lo que el Rey de Tetzcuco pedía, y todos dieron la mano a Tlacaellel el cual respondió en nombre de todos a su Rey: “Poderoso señor, todos aceptamos la paz y somos contentos con ella, y de que se hagan las treguas, pero que sea con una condición, de que no perdamos de nuestra autoridad y derecho; no piensen las naciones de esta tierra que nosotros acobardados y temerosos hemos procurado estas treguas, y quieran cumplir todas las ciudades cercanas y lejanas con nosotros con hacer treguas, y que nos quedemos sin provecho y utilidad; a mí me parece que entiendan que somos poderosos a vencer a todo el mundo, y las demás provincias oigan que hemos vencido a la de Tetzcuco, tan grande y larga, y para esto salgan a nosotros la mas gente que ser pueda, y nosotros saldremos a ellos en el llano de de Chicunauhtla ó del Chiquiuhyotepetl, lugares de la dicha provincia, y echemos fama que nos han desafiado; y allí de una parte y otra haremos muestras de combatirnos, y a los primeros encuentros vuelvan las espaldas hacia su ciudad, y seguirlos hemos sin matar ni herir a ninguno, fingiendo que los prendemos, siguiéndolos hasta Tecuciztlan, y de allí llegaremos en su seguimiento solos los capitanes y señores hasta Totoltzinco, y de allí podría el Rey de Tetzcuco pegar fuego a su templo, y luego cesaremos y quedará nuestra fama y honra sin mancha ninguna, y ellos sin lesión ni enojo, y los macehuales sujetos a nos servir cuando los hubiéremos menester, y las demás provincias y ciudades temerosas y asombradas con la fama de haber destruido a Tetzcuco y su provincia. Al Rey y a todos pareció bien el consejo de Tlacaellel, y mandó al mesmo fuese al Rey de Tetzcuco a decir lo que se había determinado, el cual vino en ello y se fue a su ciudad a dar orden en que se pusiera por obra el concierto arriba dicho; y hecho todo lo que se concertó, y haciendo como vencidos sus ofertas los de Tetzcuco, y estableciendo las leyes que saben establecer los vencidos, se hicieron las treguas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos 223, 224.).
Es en este período cuando muere Itzcóatl.
Muerte de Itzcóatl.
“Con este rendimiento del Rey de Tetzcuco quedó el Rey Itzcohuatl enseñoreado de todas las provincias que están en la redondez de la laguna, con que estaba muy encumbrado ya el Reyno Mexicano. En este tiempo adoleció el valeroso Rey Itzcohuatl de una enfermedad de que murió habiendo reinado doce años.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 101).
Fuente bibliográficas:
- El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
- Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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