Dibujo 14 del Códice Ramírez.

Descripción de la imagen:

En esta imagen podemos ver a Axayácatl, a quien reconocemos por su glifo de un rostro con agua saliendo de ella, por lo que significa El de la máscara de agua.

Lo vemos con característico xiuhuitzolli, sus sandalias, su tila y su lanza de mando.

Enfrente de Axayácatl, podemos ver a un principal, con su tilma, pero sin sandalias y sus brazos dentro de la tilma, en señal de obediencia.

Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 14:

Axayácatl es elegido como Tlatoani.

Tras el asesinato de Tízoc eligen a su hermano Axayácatl, por ende, también hijo de Moctezuma Ilhuicamina.

“Se juntó el consejo y electores del Reyno a la elección del nuevo Rey con Tlacaélel, que hasta entonces vivió, aunque estaba ya muy viejo, y le traían en hombros sobre una silla a los consistorios, el cual, en esta elección, después de haber dado y tomado en el negocio, según lo tenían por costumbre, salió electo Axayaca hijo del Rey Motecuczuma. Le trajeron al consistorio con grandísima honra, y al brasero divino, haciéndole las ceremonias y pláticas acostumbradas. Fue este muy valeroso y aficionado a las guerras, tanto que jamás se hizo guerra ni combate que él no saliera delante haciendo oficio de Capitan.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 113).

Muerte de Tlacaélel.

Tlacaélel era el Cihuacóatl, el poder detrás del trono y muere tras la elección de Axayácatl.

“Antes que fuera coronado recién electo adoleció el famoso y sabio Capitan Tlacaellel, de la cual enfermedad murió; en el artículo de su muerte llamó al Rey electo y le encargó mucho a sus hijos, especialmente al mayor, que daba muestras de ser muy valeroso, y había hecho grandes hazañas en las guerras. El nuevo Rey por consolarle después de haberle hablado muy tiernamente con muchas lágrimas, hizo llamar a los de su consejo real y rodeados todos del lecho de Tlacaélel mandó llamar el Rey al hijo mayor de Tlacaélel, y allí en presencia de su padre y de su consejo, le dio el mismo oficio de su padre, de capitán general y segundo de su corte con todas las preeminencias que su padre tenía. Quedó con esto el viejo muy contento y luego murió. Se hicieron obsequias solemnísimas y un enterramiento más suntuoso que el de los Reyes pasados, porque todos lo tenían por el amparo, y muro fuerte del gran imperio mexicano. Fue muy llorada su muerte porque puso en gran tristeza a todo el Reyno. Y así fue necesario que el Rey alegrase la tierra con su coronación.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 113).

Batalla para conseguir cautivos para el sacrificio.

La costumbre sigue de conseguir cautivos para sacrificio para la ceremonia de toma de posesión solo que Axayácatl, a diferencia de Tízoc, si era un guerrero consumado a quien le encantaba ir a la pelea. Es así como van contra Tehuantepec, con el pretexto de siempre, que maltrataron a sus comerciantes, ya sea a los pochteca o a las mujeres que iban a los tianguis a comprar y vender. Aquí veremos también una estrategia de guerra que usaban mucho, fingir que huían mientas decenas de soldados camuflados en la hierba los esperaban en el camino de la supuesta huida.

“Se partió a hacer la ceremonia de traer cautivos para el sacrificio de sus fiestas con grande aparato, a una provincia muy populosa y riquísima llamada Tequantepec, donde habían muerto y tratado muy mal a los mercaderes y mayordomos que por allí recogían el tributo del gran Rey de México, y juntamente con esto se habían rebelado contra la corona Real. Fue este Rey en persona a restaurar esta provincia saliendo con gran número de soldados de todo su Reyno, llevando gran cantidad de bastimentos, y bagaje, al cual hacían grandes fiestas y recibimientos por todos los pueblos y ciudades por donde pasaban, y haciéndole grandes banquetes de comidas preciosísimas. Se vino a poner al puesto donde habían de acometer a los enemigos que ya estaban bien apercibidos, aunque muy admirados de ver que tan presto y a tierra tan remota hubiera ido el mismo Rey mexicano con tantos soldados. Y aunque el número de los de aquella provincia era muchísimo sin los comarcanos que les vinieron a ayudar, no por eso el Rey desmayó, antes armándose a su modo con una espada y rodela en la mano se puso delante de su ejército, acometió valerosamente, y en acometiendo vino sobre él y los suyos innumerable gente con gran grita y vocería, hinchando el aire de flechas, fisgas, varas arrojadizas, y otros instrumentos de guerra. El fingiendo que huía, le fue siguiendo esta multitud hasta un lugar donde tenía escondidos muchos soldados cubiertos con paja, los cuales dejando pasar a los de Tequantepec en seguimiento de su Rey salieron de improviso dentro la yerba, y haciendo una media luna les cogieron las espaldas; entonces el Rey revolvió con los suyos por otra parte, y cogiendo en medio a sus enemigos, hicieron allí grandísima matanza. Tomaron bastantes cautivos para el sacrificio de su coronación. Pasó luego con gran furia a la ciudad y al templo todo lo cual asoló y destruyó. Y no contento con esto fue á tomar venganza de las provincias vecinas á aquella, que les habían excitado y dado favor; a todos los conquistó haciendo grandes castigos, ni parando hasta Huatusco que es puerto de la mar del sur, que hasta allí extendió su Reyno.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 114).

Toma de posesión como Tlatoani.

Esta toma de posesión fue muy grande, con señores e invitados de muchos altepémeh (altépetl, Ciudad—Estado, Plural, altepémeh).

“Volvió con gran triunfo poniendo en admiración a todo el mundo; le hicieron grandes fiestas y banquetes por todo el camino; entró en su corte con grande aplauso de ella; le salieron á recibir todos los eclesiásticos, mozos del Templo, colegios y escuelas de niños, le hacían las ceremonias acostumbradas, que en el Reyno de Mutecuczoma queda dicho, y en llegando al Templo hizo la adoración y ceremonia delante de su Dios Huitzilopuchtli, dándole gracias por la victoria, le ofrecieron muchos despojos de gran valor y riqueza que de por allá trujo, grandísimos caracoles, veneras, y conchas de la mar con que reformó los instrumentos de su templo, de bocinas y flautas con que las hacían de estas cosas. Trataron luego de la celebración de su coronación, la cual fue tan famosa, que acudieron de todo este nuevo mundo, hasta los enemigos á verla, y no fue menos de ver la entrada de sus tributos por la plaza Real con el orden que queda ya referido, pero mucho más en cantidad que los otros Reyes pasados. Hizo este Rey grandes victorias porque él en persona extendió su Rey no hasta el mar del sur; y después por esta otra parto hasta Cuetlaxtlan, y las demás provincias que confinan con el mar océano; triunfando y venciendo siempre, con igual valor y poca pérdida de los suyos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 115).

Batalla contra Tlatelolco.

Es a Axayácatl a quien le toca lidiar contra su cuñado, Moquihuix, quien se rebeló y conspiró para destruir a los tenochcas, sin medir bien el poderío que ya tenían sus adversarios.

“Este fue el que castigó el atrevimiento de los de Tlatelulco, que como queda declarado eran de los Mexicanos, y quisieron hacer bando y cabeza por sí, no queriendo reconocer á su propio Rey que era el de México. En este tiempo habían ya se multiplicó, y extendido mucho los de Tlatelulco que ahora se llama Santiago, y acertaron a tener un Señor y cabeza muy valiente y esforzado, y no menos soberbio; el cual se atrevió a provocar la ira de este Rey mexicano, porque enviándole a decir que se reconoció a su señor natural y se redujese al imperio de México, respondió descortésmente con palabras de desafío poniéndose luego en arma. El Rey desque lo supo se armó y tomó su escuadrón por sí para combatir él en persona al principal de Tlatelulco, y al capitán general hijo de Tlacaelel, mandó se fue con los demás capitanes con la otra gente.  El capitán de los de Tlatelulco quiso usar de un ardid y fue que mucha gente entrara por la laguna, y entre las espadañas se escondiera, los cuales iban vestidos con diversas divisas de pájaros, de cuervos, de ánsares, ranas etc., para que estuvieran allí en celada, y cogiesen de improviso a los Mexicanos, que por los caminos y calzadas pasaran. Sabiéndolo el Rey Axayaca les hurtó el cuerpo entrando por otra parte, y cuando fue sentido, le vino al encuentro el Capitan de Tlatelulco. Entonces el mismo Rey le acometió, mandando a su capitán general que fuera a dar sobre los que estaban en celada: se asieron aquí solos el capitán de Tlatelulco y el Rey, y mandando cada uno a los suyos estuvieran quedos, combatieron hombre a hombre un gran rato, donde llevando la ventaja el esforzado Rey, comenzó a volver las espaldas el capitán de Tlatelulco, y viéndolo los suyos desmayaron e hicieron lo mismo. Comenzó a seguir el Rey a su enemigo, el que se le subió en la cumbre del templo, a donde subió el Rey, y con gran ánimo despeñó desde allí al capitán de Tlatelulco, haciéndole pedazos con otros que allí halló.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 116).

A continuación, confirmaremos que los mexicas no solo sabían pelear para capturar, sino que causaban muchas muertes a sus enemigos, incluso los humillaban tras la victoria sobre ellos.

 “Los soldados del Rey que siguieron esa otra gente, captivaron a muchos y mataron muchos más, y al cabo pegaron fuego al templo con lo que quedó asolada aquella ciudad. En el ínterin que el capitán general mexicano con no menos valor dio sobre la celada, y haciendo gran destrucción en ellos tiñeron en sangre la laguna, los que quedaban determinaron de rendirse y pedir perdón, y el capitán general, por tener un poco de pasatiempo con ellos y afrentarlos más, comenzó a decirles: “No les hemos de perdonar si no graznan y cantan al modo de las divisas que han tomado, y pues vienen vestidos como cuervos, graznen corno ellos.” Comenzaron luego los otros a hacerlo de puro temor, y en acabando les dijo: “Canten ahora como ranas,” y así les fue haciendo dar diversos graznidos, según estaban vestidos, con que dieron que reír a todo el ejército, y ellos muy afrentados, y tanto que hasta ahora les dura. Volviendo el Rey de asolar la ciudad de Tlatelulco, halló a su capitán general ocupado en este ejercicio en la laguna donde ayudó a reír la invención.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 117).

Muerte de Axayácatl 

“Entró en la ciudad con gran triunfo y recibimiento, como se acostumbraba, yendo al templo a hacer sus ceremonias etc. Y así quedó allanada la inquietud de Tlatelulco. Ensalzó este Rey en gran manera el imperio mexicano; fue muy amado de todos por su nobleza y valentía. Reinó once años, al cabo de los cuales murió, dejando en suma tristeza a toda la tierra. Le hicieron su enterramiento con mucho sentimiento y sus obsequias acostumbradas. Su figura la pintan en la forma que se sigue.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 117).

Fuente bibliográficas:

  1. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
  2. Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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