Dibujo 15 del Códice Ramírez.

Descripción de la imagen:

En esta imagen podemos ver a Ahuízotl, que, si bien no aparece su glifo que es un Espinoso de agua, una especie de perro de agua, tipo un pequeño manatí.

Sin embargo, sabemos que es Ahuízotl tanto por la cronología de las imágenes como la inundación que se produjo durante su mandato. Esta la podemos ver ilustrada en esta lámina 15, representada por una corriente de agua, tipo río, rumbo a Tenochtitlan, representado por el nopal sobre el corazón de Cópil.

Básicamente esta lámina se centra en la inundación que su soberbia provocó, al no querer escuchar las advertencias de Tzutzumatzin, señor de Coyoacán. (Cabe aclarar que el Códice Ramírez no menciona el nombre del Señor de Coyoacán, ese lo tomé de Alvarado Tezozómoc y de Durán). (Alvarado Tezozómoc, Capítulo LXXX, p. 850; Durán, Capítulo XLVIII, p. 383.)

Lo vemos con característico xiuhuitzolli, sus sandalias, su tila y su lanza de mando.

Frente a él podemos ver a tres personas caminando hacia él, sacerdotes, posiblemente en alusión al festejo que hicieron cuando abrieron la entrada del agua de Coyoacán a Tenochtitlan, con las siguientes palabras que vemos ahí anotadas:

  • Tletl: Fuego.
  • Xochipaltic: Colores encendidos.
  • Xiyoctic: Azul verde.
  • Tlitique: Los negros (los sacerdotes).

El primer sacerdote sostiene una antorcha encendida (vinculada a la palabra Tletl / fuego) y un largo bastón bidentado de mando.

El segundo sacerdote toca un instrumento de viento, posiblemente un caracol marino (tecciztli) o silbato ritual, expandiendo sus mejillas al soplar.

Llevan grandes tocados de plumas estructurados en abanico y collares de cuentas gruesas (chalchihuites), sus piedras preciosas.

Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 15:

Elección de Ahuízotl como Tlatoani.

“Eligieron luego los electores del imperio á Ahuitzotl, mancebo de grandes prendas y esperanzas, príncipe de los cuatro. Fue su elección muy a gusto de todos, lo llevaron con gran regocijo al brasero divino y a su trono, donde hizo las ceremonias acostumbradas, y los retóricos sus oraciones. Fue éste animoso y muy afable, por cuya causa fue muy amado de todos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 117,118).

Batalla para conseguir prisioneros para el sacrificio.

Ahuízotl también siguió con la tradición creada por Moctezuma Ilhuicamina. Ahora le tocó a Cuetlaxtlan.

“Para hacer la fiesta de su coronación hizo un hecho notable; y fue que sabiendo que los de Cuetlaxtlan, provincia muy rica y muy remota de México, habían salteado a los mayordomos que traían el tributo del Rey mexicano, y muerto muchos de ellos, fue él en persona a la venganza de esto. Llegó en tiempo que dividida un gran brazo de mar el paso por donde había de entrar a los enemigos, y él como sabio y animoso, hizo con sus soldados una gran balsa de fagina y tierra, y poniéndola en la mar á manera de isleta, pasó con muchos soldados de la otra parte, donde con gran valor comenzó a combatir los enemigos, y entreteniéndolos mientras pasaban por la isleta todos los suyos. Puesto todo su ejército de la otra parte, comenzó a combatir valerosísimamente aquella tierra con tanto ánimo, que de solo verle los suyos delante pelear tan valerosamente cobraban ánimos invencibles. Y así con poca perdida de los Mexicanos, haciendo gran matanza de los contrarios, sujetó toda aquella provincia, y mientras andaba el combate, servía la isleta de acarrear al real de los Mexicanos los que captivaban.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 57).

Toma de posesión de Ahuízotl como Tlatoani.

“Volvió este Rey de esta victoria con grandes despojos y augmento de su imperio. Fue recibido por todos los lugares y provincias con gran fiesta y aplauso de todos hasta llegar a la ciudad de Mexico, donde entró con grandísimo triunfo, le recibieron los seculares y eclesiásticos con las ceremonias acostumbradas. Yendo derecho al templo a dar gracias al ídolo y hacer sus ofertas y ceremonias como queda dicho en otra parte, se coronó con gran regocijo de toda la tierra, haciendo en la coronación grandes fiestas, con el orden y concierto que acostumbraban en tales días.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 119).

Ahuízotl amplía la hegemonía territorial y es cercano al pueblo.

“Fue este Rey tan valeroso que extendió su Rey no hasta la provincia de Guatemala, que hay de esta ciudad de distancia trescientas leguas, no contentándose, hasta los últimos términos de la tierra que cae al mar del sur. Por esto y por su afabilidad fue muy querido de todos. Era tan amigo de hacer bien, que hizo muchos caballeros dándoles grandes dones, y muchas veces el día que se cumplía el término de sus tributos se iba á holgar a alguna recreación de las que tenía, dejando mandado que en llegando el aparato de su tributo, le salieran a recibir con él al camino, cuando regresara, y que en aquel lugar y hora estuvieran allí juntos todos los necesitados de su Reyno y allí distribuía todos sus tributos que eran en gran número, vistiendo a los pobres con la ropa que le traían, y dándoles de comer abundantemente de todas las cosas de comida que le tributaban, y con las joyas y preseas de piedras ricas, perlas, oro, plata, y plumas ricas premiaba á sus capitanes y soldados por las hazañas que hacían en la guerra.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 119).

La inundación de Tenochtitlan por el agua proveniente de Coyoacán.

Otra de sus funciones fue embellecer Tenochtitlan, para lo cual derribó edificios y creó nuevos.

“Y así entraba en la ciudad dejando distribuidos por el camino todos sus tributos. Fue así mismo muy gran republicano, y así andaba siempre derribando y reedificando los templos y lugares públicos de la ciudad, y viendo que la gran laguna de México donde estaba asentada su ciudad tenía poca agua, quiso aumentarla y así determinó meter en ella un grandísimo manantial que está una legua de la ciudad en términos de Coyoacán, el cual los antiguos con grandísima dificultad e industrias ingeniosas atajaron dándole cerco y madre por donde corriera. Y para efectuar su intento este Rey mandó llamar al principal de Coyoacán el cual era gran brujo y muy familiar del demonio; y para efectuar su intento este Rey mandó llamar al principal de Coyoacán el cual era gran brujo y muy familiar del demonio; puesto delante del Rey le propuso el caso, él le respondió; poderosísimo señor, cosa dificultosa es la que emprendes porque con este manantial, que quieres traer, tuvieron grandísimo trabajo y riesgo de anegarse los antiguos, y si ahora le mandas deshacer el cerco y la vía ordinaria que tiene, no dudes, sino que con su abundancia ha de anegar toda tu ciudad.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 119, 120).

Sin embargo, el señor de Coyoacán le advirtió del peligro puesto que la corriente de agua era muy brava, pero Ahuízotl, preso de la soberbia, lo tomó como una afrenta y rebelión y no solo lo ignoró, sino que lo mandó a matar, aunque al final resultó que el consejo era muy sabio, no era rebeldía.

“El Rey pensando que este con la presunción de sus artes mágicas le quería ir a la mano, el Rey le llevó mal, y así indignado envió al día siguiente uno de sus alcaldes de corte á prenderle, el cual llegando al palacio del principal de Coyoacán mandó a sus sirvientes le dijeran que estaba allí que le traía un recado de su señor y Rey. El principal de Coyoacán barruntando que le iban a prender, dijo que entrara, y entrando el alcalde de corte, lo vio convertido en una águila grande muy feroz, y él volviéndose contó el caso al Rey, el cual mandó otro día siguiente regresaran a ir por él, y entrando en su aposento, le hallaron hecho un tigre ferocísimo; porfiando a tomarle, tomó una forma de serpiente con que atemorizó a todos los mensajeros del Rey, el cual sabiendo lo que pasaba se enojó grandemente y envió a decir a Coyoacán le trajeran a su principal y si no que destruiría y quemaría toda la ciudad. El encantador viendo el mal que, por su causa, resultaba a su patria, se entregó.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 120).

A continuación, leeremos el pasaje que hace alusión a los tres sacerdotes que aparecen en el dibujo 15:

“Y traído ante el Rey le hizo dar garrote. Mandó luego que deshicieran el cerco del manantial y encaminaran el agua hacia su ciudad de México, haciéndole un caño por donde fuera, de cal y canto; hízose con mucha brevedad, y en abriendo el manantial comenzó a rebosar y a derrumbarse gran cantidad de agua por el caño, la cual recibieron cuando comenzó a entrar por la ciudad con grandes alegrías, ritos y ceremonias, yendo los sacerdotes a la orilla del caño quemando incienso y otros tañendo caracoles y descabezando codornices, echando la sangre por los bordes del caño, y lo demás dentro del agua. El sacerdote que iba delante, llevaba la vestidura de la Diosa que representaba el agua. Todos estos iban saludando y hablando a la agua con grande alegría, diciéndole que fuera muy bien venida y otras salutaciones, como si fuera cosa que entendía. Hacían esto, porque tenían por dioses a los elementos, montes y otras cosas criadas, aunque preguntándoles por qué adoraban á los montes y aguas, etc., respondían que no adoraban aquellas cosas por sí mismas ni las tenían por dioses, sino que entendían que allí existían más en particular sus dioses. Metido este manantial en la ciudad, creció tanto, que ainas la anegara toda, y así anegó la mayor parte de ella, derribando muchas casas que no estaban muy fuertes.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 120, 121).

Legado y muerte de Ahuízotl.

Sin embargo, no hay mal que por bien no venga, tras la inundación y la consecuente destrucción de gran parte de Tenochtitlan, la reconstruyeron y esa reconstrucción fue la que vieron maravillados los castellanos más algunas mejoras que le fue haciendo su sucesor, Moctezuma Xocoyotzin.

“Procuró el Rey con gran diligencia darle desaguadero con que sosegó; fue causa esta ruina para reedificar la ciudad más fuerte y curiosamente; y así quedó puesta en el agua tan hermosa como una Venecia. Habiendo puesto este Rey está ciudad con esta hermosura, y extendidos sus Reinos como queda referido, habiendo rey nado quince años falleció, dejando en extremo desconsolada toda la tierra por haber perdido un Rey tan esforzado y tan benigno, que su nombre en el que su nombre en el vulgo era padre de huérfanos. Su figura y el modo con que trajeron el agua del manantial referido, son los que siguen.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 121).

Fuente bibliográficas:

  1. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
  2. Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.
  3. Alvarado Tezozómoc, H., Orozco y Berra, M., & Vigil, J. M. (2017). Crónica Mexicana precedida del Códice Ramírez. [Versión digital]. Secretaría de Cultura. https://books.apple.com/mx/book/cronica-mexicana/id1202863320
  4. Durán, D. (1867). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme (Tomo I). Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante.

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