
Descripción de la imagen:
En esta lámina vemos al Huey Tlatoani Huitzilíhuitl, hijo de Acamapichtli, el segundo de los Huey Tlatoanis, a quien podemos identificar gracias al glifo que aparece justo detrás de él, que es un colibrí (huitzil), rodeado de plumas: “Pluma de Colibrí”.
Pareciera que está dando clases, pero no, la vestimenta de las personas, envueltos en sus mantas (tilmatli) y sentadas, denota que son personas adultas, principales del gobierno, seguramente a quien les está dando instrucciones.
También vemos que tiene sus sandalias y un gorro cónico, es una reinterpretación de la diadema real mexica (xiuhuitzolli o copilli), muy al estilo europeo por la influencia española que ya tenían los tlacuilos al momento de pintar el Códice Ramírez.
Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 6:
Este tlatoani dura poco en el poder, pero él fue sentó los cimientos de Tenochtitlan en cuanto a dejar leyes y una fuerza militar que posteriormente contribuiría a la liberación de los mexicas de los tepanecas, los de Azcapotzalco.
Elección de Huitzilíhuitl como tlatoani.
“Todos se inclinaron a su hijo del Rey muerto, llamado Huitzilihuitl, y así le eligieron por su Rey con mucho contento de todo el pueblo, que estaba todo junto acá fuera, esperando quién les cabria en suerte, y así se levantó entre toda, aquella gente un rumor y vocerío, diciendo palabras equivalentes a las que suelen decir en nuestra lengua, ¡viva el Rey! etc. Hecha la elección, los señores todos puestos en orden se fueron a donde estaba el Rey electo, y sacándolo de entre los demás hermanos y parientes suyos le tomaron en medio, y le llevaron al trono y asiento real donde le sentaron y pusieron la corona en la cabeza, y le untaron todo el cuerpo con la unción que acostumbraron siempre para ungir a los Reyes, que ellos llamaban unción divina por ser la misma con que untaban a su Dios Huitzilopochtli.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 58).
A continuación, los principales le dedican unas palabras.
“Rey y señor nuestro, no desmayéis ni pierdan el huelgo y aliento con el nuevo cargo de ser guía de este Reyno, metido entre esta aspereza de cañaverales, espadañas y juncia, donde estamos debajo del amparo de nuestro Dios Huitzilopochtli, cuya semejanza eres. Bien sabes el sobresalto con que vivimos y trabajos que padecemos por estar en términos ajenos, siendo tributarios de los de Azcapotzalco; te lo traigo a la memoria, no porque lo ignoras, sino para que cobres nuevo ánimo, y no pienses que entras en este lugar a descansar, antes a trabajar, pues ves que no tenemos otra cosa que te ofrecer ni con que te regalar, sino la pobreza y miseria con que reinó tu padre, lo cual llevó y sufrió con grande ánimo y cordura. Hecha esta plática, llegaron todos a hacerle reverencia, diciendo cada uno su salutación, y así quedó electo el segundo Rey de México, el cual comenzó a reinar el año de 1359. Fue su nombre Huitzilihuitl, como queda dicho; quiere decir pluma rica, porque de huitzili, que es el pájaro de la más rica pluma que hay acá, y de este nombre ihuitl que es la pluma, componen Huitzilihuitl, que significa pluma de este hermoso-pájaro.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 59).
También logró que los tributos fueran menores gracias a que se casó con la hija de Tezozómoc, la máxima autoridad del centro de Mesoamérica.
“Era este Rey soltero cuando comenzó a reinar, y así trataron luego dé casarlo, tomando su casamiento por buen medio para aliviar el gran tributo y servidumbre en que el Rey de Azcapotzalco los tenía puestos, pidiéndole una de sus hijas para casar a su Rey: al fin determinaron á ponerlo por obra, y yendo ante el Rey de Azcapotzalco” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 59).
La respuesta de Tezozómoc fue la siguiente
“Me han convencido tanto vuestras palabras y humildad, oh Mexicanos, que no sé qué les responderé, sino que ahí están mis hijas, para eso las tengo, y fueron criadas del Señor de lo criado, y así condescendiendo a sus ruegos, yo les quiero señalar a una de ellas cuyo nombre es Ayauhcihuatl; llevadla mucho de norabuena.” Los Mexicanos postrados por tierra, dieron innumerables gracias al Rey, y tomando a la Señora, acompañada de mucha gente de Azcapotzalco, la trajeron a México, donde fue recibida con grandes regocijos y fiestas de toda la ciudad, y llevándola a sus casas reales, le hicieron sus pláticas largas y retóricas de su buena venida, después de las cuales la casaron con su Rey, haciendo las ceremonias que ellos en sus casamientos usaban, que era atar con un nudo la manta del uno y del otro en señal del vínculo del matrimonio, y otras ceremonias que adelante se dirán.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 60).
Se reduce el tributo.
“Quedando el Rey convencido de lo que su hija le pedía, juntó a su consejo, y tratado el caso, se determinó que reservaban a los Mexicanos de los tributos y servidumbre que tenían, pero que en señal de reconocimiento al señorío que sobre toda esta tierra tenía Azcapotzalco, fueran obligados los Mexicanos a dar cada año solamente dos patos, y algunos peces y ranas, y otras cosidas que muy fácilmente hallaban en su laguna: quedaron con esto los Mexicanos muy aliviados y contentos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 61).
Fallece Huitzilíhuitl
“De allí a pocos años murió la Reyna su protectora, quedando el niño Chimalpopoca de nueve años, de cuya muerte quedó muy desconsolada y triste toda la ciudad, temiendo no les volvieran a imponer los tributos tan pesados y servidumbre que tenían con los de Azcapotzalco, pero consolándose con la prenda que les quedaba del infante Chimalpopoca. No les duró mucho el consuelo, porque un año des pues de muerta la Reyna murió el Rey Huitzilihuitl, segundo Rey de México, el cual no reinó más de trece años, y murió muy mozo, porque era de edad poco mas de treinta años. Rigió y gobernó con mucha quietud y paz, siendo muy querido de todos; dejó su república muy bien ordenada con nuevas leyes, de lo cual fue muy cuidadoso, especialmente en lo que tocaban al culto de sus Dioses, cosa en que sobre todo se esmeraban estos Señores y Reyes, teniéndose ellos por semejanza de sus ídolos y entendiendo que la honra, que se hacía a los Dioses se hacía a ellos, y así tenían por la cosa más importante el augmentó de su templo y la libertad de su república, para cuyo fin, por la industria y diligencia de este Rey, los Mexicanos no solo se ejercitaron en hacer barcos para discurrir por toda la laguna, llevando muy adelante las pescas y cazas en ella, con que contrataban con todas las gentes comarcanas hinchiendo de provisión su ciudad, pero también empavesaban sus barcos y canoas, ejercitándose en las cosas de la guerra por el agua, entendiendo que adelante seria menester estar diestros y prevenidos en la arte militar, para el intento que tenían siempre de libertar su ciudad por fuerza de armas, y con este designio tenían grandes trazas para ganar las voluntades a todos sus vecinos con que hacían también sus hechos, que henchían su ciudad con la gente comarcana y atraían las demás naciones, emparentando con ellas por vía de casamiento, todo ordenado al augmento de su ciudad para hacer mayor después su hecho. Y estando en este estado la república de México, y teniendo muy gratos á sus comarcanos, falleció, como queda referido, el Rey Huitzilihuitl, dejando muy llorosa y desconsolada su ciudad por ser muy amado de todos, al cual hicieron sus obsequias muy solemnes a su modo.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 61-63).
Fuente bibliográficas:
- El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
- Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.
