Dibujo 7 del Códice Ramírez.

Descripción de la imagen:

Aquí podemos ver a Chimalpopoca, a quien podemos distinguir por el glifo de un escudo (chimalli), y humo (poctli), emanando del escudo, lo cual significa Escudo Humeante.

Lo vemos ataviado con su tilma o capa, sus cacles o sandalias y una barba, esta última denota la influencia de los tlacuilos ante el arte europeo que ya conocían y estudiaban.

Está sosteniendo su lanza como símbolo de poder.

Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 7:

Era hijo de Huitzilíhuitl y Ayauhcihuatl, hija de Tezozómoc, el señor todo poderoso del centro de Mesoamérica y a quien le rendían tributo, entre otros Altépemeh, el Altépetl de Tenochtitlan.

Al ser su nieto, gozó de algunos privilegios mientras su abuelo vivía.

Nombramiento de Chimalpopoca.

“Después de muchos pareceres determinaron elegir al hijo de Huitzilihuitl, llamado Chimalpopoca, que entonces era de edad de diez años, por tener propicio y descuidado al Rey de Azcapotzalco cuyo nieto era, para salir después mejor en su intento, como en su lugar se dirá. Electo por común consentimiento de todos los Mexicanos a Chimalpopoca, muy contenta la ciudad, pusieron al niño en su trono real, y ungiéndole con la unción divina, le pusieron la corona con una rodela en la mano izquierda y en la otra una espada de navajas a su usanza, vestido con unas armas, según el Dios que querían representar, en señal de que prometía la defensa de la ciudad y el morir por ella; eligieron a este Rey así armado, porque ya entonces pretendían los Mexicanos libertarse por fuerza de armas, lo qúal hizieron como luego se verá. Después de algunos años que reinaba Chimalpopoca, muy amado del Rey de Azcapotzalco su abuelo, teniendo los Mexicanos por esto más entrada y familiaridad en Azcapotzalco los Señores de México persuadieron a su Rey que puesto era tan amado de su abuelo le enviase a pedir el agua de Chapultepec (que es cerro dé que atrás se ha hecho mención porque la de su laguna estaba cenagosa y no la podían beber). Envió Chimalpopoca sus mensajeros a su abuelo el Rey de Azcapotzalco, el cual viendo que no perdían en ello ni era detrimento de su república, pues no se aprovechaban de ella, con sentimiento de los suyos se la dio. Los Mexicanos muy alegres y contentos con el agua, comenzaron con gran cuidado y priesa a sacar céspedes de la laguna, y con ellos estacas y carrizos con otros materiales, en breve tiempo trajeron el agua a México, aunque con trabajo, porque por estar todo fundado en la laguna, y el golpe del agua que venía, era grande, el caño, como era de barro, se les deshacía y derrumbaba por muchas partes. Tomaron de aquí ocasión los Mexicanos para provocar á enemistad a los de Azcapotzalco, deseando viniera ya todo en rompimiento para hacer lo que tanto deseaban, que era ponerse en libertad.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 63-65).

La solicitud del agua de Chapultepec, interpretada como afrenta.

Como pudimos leer, los mexicas seguían creciendo y del mismo modo, su necesidad de recursos, como el agua y su imperiosa necesidad, alentada por su dios Huitzilopochtli, a través de sus sacerdotes, de ser los dueños del mundo.

Es de esta manera en que le pidieron a Tezozómoc permiso para construir una acueducto que fuera de Chapultepec a Tenochtitlan. Les fue concedido, pero lo hicieron de barro y tierra, por lo que no duró. Es cuando deciden pedirle piedras y esto fue lo que colmó la paciencia de los tepenecas, en especial de su hijo, el impulsivo y quien más odiaba a los mexicas, Maxtla.

“Tornaron a mandar sus mensajeros con este intento al Rey de Azcapotzalco, haciéndole saber de parte del Rey su nieto cómo no podían gozar de aquella agua que les había dado, porque se les desbarataba el caño que habían hecho para llevarla, por ser de barro, y así les hicieran merced de darles madera, piedra, cal y estacas, y mandar a sus vasallos les fuesen á ayudar para hacer un caño de cal y panto. No le supo bien al Rey ni a los de su corte la embajada, porque les pareció muy atrevida y osada para Azcapotzalco, siendo el supremo lugar a quien reconocía toda la tierra, y aunque el Rey quisiera disimular por amor del nieto, los de su corte se encolerizaron tanto, que con mucha libertad le respondieron diciendo: “Señor y Rey nuestro, ¿qué piensa tu nieto y los demás de su consejo? ¿Entienden que hemos de ser aquí sus vasallos y criados? ¿No basta que, aposentados y admitidos en nuestras tierras, hayamos consentido funden y habiten su ciudad, dándoles el agua que nos pidieron, sino que ahora quieren tan sin vergüenza y miramiento de tu real corona, que tú y todos les vamos a servir y edificarles caño por donde vaya el agua? No queremos ni es nuestra voluntad, y sobre ello perderemos todos las vidas, y hemos de ver qué es lo que les dé atrevimiento para tan ‘gran desvergüenza y osadía como esta.” Dicho esto se apartaron de la presencia del Rey, y tuvieron entre sí una consulta, hallándose en ella los Señores de Tacuba y Coyohuacan que era toda la congregación tepaneca, poco aficionada a la nación mexicana, donde determinaron no solo no darles lo que pedían, sino de ir luego a quitarles el agua que les habían dado, y como a gente de tantos bríos destruirlos y acabarlos, sin que quedase hombre de ellos ni lugar que se llamase México, y con esta determinación comenzaron a incitar a la gente del pueblo, y a ponerla en armas é indignación contra los Mexicanos, diciéndoles cómo los quieran avasallar y hacerlos sus tributarios, y para servirse de ellos, y para más manifestar el enojo que ellos tenían y que la guerra se efectuase, dieron pregón en su ciudad que ninguno fuera osado del tratar ni contratar en México ni meter bastimentos ni otras cosas de mercaderías so pena de la vida; y para ejecución de esto pusieron guardas por todos los caminos para que ni los de la ciudad de México entrasen en Azcapotzalco ni los de Azcapotzalco en México, vedándoles el monte que entonces les era franco; finalmente, todo el trato y comercio que con los Tepanecas tenían.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 66,67).

Muere Tezozómoc, protector de los mexicas por amor a su nieto.

“Viendo el Rey de Azcapotzalco los suyos tan alborotados y que se determinaron matar a los Mexicanos haciéndoles guerra, quisiera mucho estorbarlo, pero viendo que era cosa imposible, rogó a sus vasallos que antes que ejecutasen su ira le hurtasen al Rey de México su nieto para que no padeciese pon los demás. Algunos estuvieron de rste parecer, excepto los señores ancianos que dijeron no convenia; porque, aunque venia de casta de Tepanecas, que era por vía de mujer el parentesco, y de parte, del padre era hijo de los Mexicanos, a cuya parte se inclinaría siempre más, y que, por esta causa, al primero que habían de procurar matar era al Rey de México; lo cual oído por el Rey de Azcapotzalco recibió tan gran pena que de ella adoleció y murió.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 67).

Asesinato de Chimalpopoca

Una ver muerto Tezozómoc, su hijo Maxtla toma por la fuerza el poder y se va en contra de los mexicas, regresándoles los tributos excesivos y ridículos y no se conformó con eso, Chimalpopoca representaba un peligro para Maxtla debido a que era descendiente tepaneca, por lo que decidí mandarlo a asesinar.

“Tepanecas se confirmaron más en su mal propósito y así concertaron entre sí de matar al Rey Chimalpopoca por el gran perjuicio que de ello a los Mexicanos se seguiría, y para esto, y para perpetuar más la enemistad, usaron de una traición muy grande, y fue que una noche estando todos en silencio entraron los Tepanecas en el palacio Real de México donde hallaron toda la guarda descuidada, y durmiendo, y tomando al Rey descuidado lo mataron y se vieron los homicidas sin ser sentidos. Acudiendo los Mexicanos por la mañana á saludar á su Rey (como ellos acostumbran) lo hallaron muerto y con grandes heridas: causó esta desastrada muerte en los Mexicanos tanto alboroto y llanto, que luego ciegos de ira se hicieron todos en arma para vengar la muerte de su Rey, pero los sosegó y los aplacó un señor de ellos diciéndoles: “Sosiéguense, y quieta vuestros corazones, a Mexicanos, mira que las cosas sin consideración no van bien ordenadas, reprimid la pena considerando que aunque vuestro Rey es muerto, no se acabó en él la generación y descendencia de los grandes señores.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 67,68).

Fuente bibliográficas:

  1. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
  2. Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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