
Descripción de la imagen:
Del lado izquierdo vemos a muchos soldados dispuestos para la batalla, son los enemigos de los mexicas que primero fueron conminados por Cópil pero muerto este, continuaron con su actitud belicosa contra los mexicas.
Podemos verlos ataviados de jaguar, con sus escudos, chimalli, sus macuahuitl, sus flechas puntiagudas.
Uno de los soldados lleva un sombrero cónico, lo cual nos indica que pertenece a los huastecos, quienes en ocasiones eran convocados como mercenarios.
En medio podemos ver un cerro y en su cima, un chapulín o como lo escribe el códice, una langosta. De ahí sabemos que es el Cerro de Chapulines, Chapultepec.
En la parte superior derecha podemos ver a Huitzilíhuitl, en posición de Señor, sentado sobre su tepotzoicpalli (asiento con respaldo de petate) y lo podemos identificar por el glifo del colibrí, Huitzil. No debemos confundirlo con el Huey Tlatoani Huitzilíhuitl hijo de Acamapichtli y segundo Tlatoani, este que está aquí dibujado es Huehue Huitzilíhuitl, el viejo, quien aparece dando instrucciones a su pueblo.
Del lado inferior derecho vemos a dos guerreros mexicas, el tercero es huasteco, lo cual nos indica que los lleva como prisioneros debido a que los mexicas perdieron esta batalla y algunos fueron capturados, entre ellos, Huitzilíhuitl.
Antecedentes y causas de la batalla en Chapultepec
No podemos entender este pasaje sin el antecedente de Malinalxóchitl, hermana de Huitzilopochtli.
“Los demás, prosiguiendo con su real, iba con ellos una mujer que se llamaba la hermana de su dios Huitzilopochtli, la cual era tan grande hechicera y mala, que era muy perjudicial su compañía, haciéndose temer con muchos agravios y pesadumbres que daba con mil malas mañas que usaba para después hacerse adorar por dios. Sufrían todos a causa de ella en su congregación por ser hermana de su ídolo, pero no pudiendo tolerar más su desenvoltura, los sacerdotes se quejaron a su dios, el cual respondió a uno de ellos en sueños que dijese al pueblo cómo estaba muy sentido y enojado con aquella su hermana por ser tan perjudicial a su gente, que no le había dado él aquel poder sobre los animales bravos para que se vengase y matase a los que la enojan, mandando a la víbora, al alacrán, al ciento pies y a la araña mortífera* que pique. Por tanto, que, para librarlos de esta aflicción, por el grande amor que les tenía, mandaba que aquella noche al primer sueño, estando ella durmiendo con todos sus ayos y señores la dejasen allí y se fuesen secretamente sin quedar quien les pudiese dar razón de su real y caudillo. Y que esta era su voluntad porque su venida no fue a enhechizar y encantar las naciones trayéndolas a su servicio por esta vía, sino por ánimo y valentía de corazón y brazos. Por el cual modo pensaba engrandecer su nombre y levantar la nación mexicana hasta las nubes; haciéndoles señores del oro y de plata, y de todo género de metales y de las plumas ricas de diversos colores, y de las piedras de mucho precio y valor. Y edificar para sí y en su nombre, casas y templos de esmeraldas y rubíes, como señores de las piedras preciosas y cacao que en esta tierra se cría, y de las mantas de ricas labores con que se pensaba cubrir. Y que a esto había sido su dichosa venida, tomando el trabajo de guiarlos a estas partes, para darles el descanso y premio de los trabajos que hasta allí habían pasado y restaban. Propuso el sacerdote la plática al pueblo, y quedando muy agradecidos y consolados ° hicieron lo que” el ídolo les mandaba, dejando allí a la hechicera y su familia, pasó adelante el real, guiándolos su dios a un lugar que se dice Tula. La hechicera hermana de su dios, cuando amaneció y vio la burla que le habían hecho, comenzó a lamentar y quejarse a su hermano Huitzilopuchtli y, al fin, no sabiendo a qué parte había encaminado su real, determinó quedarse por allí, y pobló un pueblo que se dice Malinalco, le pusieron este nombre porque le pobló esta hechicera, que se decía Malinalxóchitl, y de este nombre y esta partícula, componen Malinalco, que quiere decir “lugar de Malinalxóchitl” Y así, a la gente de este pueblo han tenido y tienen por grandes hechiceros como hijos de tal madre. Y ésta fue la segunda división del real de los mexicanos, porque como queda referido la primera fue en Michoacán, y esto sin los enfermos, viejos y gente cansada que fueron dejando en diversas partes que de ellos se poblaron como al principio queda dicho.” (Códice Ramírez, Vargas & Battock, 2024, 86-87).
Después de esta separación en la que la hermana de Hutzilopochtli, Mallinalxóchitl, es abandonada y se refugia en lo que hoy es Malinalco, es cuando los mexicas caminan rumbo a Tula, y se asientan en Coahuatepec, como vimos en la lámina anterior.
Sin embargo, años después, el hijo de Mallinalxóchitl, Cópil, decide vengar la afrenta que sufrió su mamá y se levanta en armas en contra de los mexicas y convence a otros altepémeh (plural de altépetl, Ciudad-Estado) y entre todos los cercan en Chapultepec.
Cópil es asesinado por los sacerdotes y su corazón es arrojado en una zona, de donde nacería el nopal junto al que fundarían Tenochtiltan. Dicho corazón lo podemos ver aun como raíz del nopal en la Bandera de México.
Muerto Cópil, no por eso cejaron los enemigos de los mexicas en atacarlos, que es lo que nos muestra el dibujo 3 que estamos analizando esta semana.
Nombramiento de Huitzilíhuitl:
“Ellos, temerosos con esta respuesta de su ídolo, eligieron un capitán y caudillo de los más ilustres que en su compañía venía, tenía por nombre Huitzilihuitl, que significa la pluma del pájaro que ya se ha dicho que se dice Huitzitzili. Le eligieron porque todos le conocían por hombre industrioso y de valeroso corazón, y que les hacía mucho al caso para su defensa. Electo este por capitán general, y habiéndole dado todos la obediencia, mandó fortalecer las fronteras de aquel cerro con unos terraplenos que acá llaman albarradas”. (Códice Ramírez, Vargas & Battock, 2024, 90,91).
Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 3:
“Muerto Copil, movedor de las disensiones, no por eso se aseguraron los Mexicanos, por estar ya infamados y muy odiosos, y no se engañaron, porque luego vinieron ejércitos de los comarcanos con mano armada a ellos, corriendo allí hasta los Chalcas combatiéndolos por todas partes con ánimo de destruir y matar la nación mexicana. Las mujeres y niños, viendo tantos enemigos, comenzaron a dar gritos y hacer gran llanto, ¿pero no por eso desmayaron? los Mexicanos, antes tomando nuevo esfuerzo hicieron rostro a todos aquellos que los tenían? cercados. Y a la primera refriega prendieron a Huitzilihuitl, capitán general de todos los Mexicanos; mas no por eso desmayaron, más apellidando” a su dios Huitzilopuchtli, rompieron por el ejército de los Chalcas, y llevando en medio todas las mujeres, y niños y viejos, salieron huyendo de entre ellos hasta meterse en una villa que se llama Atlacuihuayan, donde hallándola desierta se hicieron fuertes.
Los Chalcas y los demás, viéndose desbaratados de tan poca gente, no curaron de seguirlos, casi como avergonzados, contentándose con llevar preso el caudillo de los Mexicanos, al cual mataron en un pueblo de los Culhuas, llamado Culhuacan. Los Mexicanos se repararon y refrescaron de armas en esta villa y allí inventaron una arma a manera de fisga que ellos llaman átlatl, y por esto llamaron aquel lugar Atlacuihuayan, que quiere decir “lugar donde tomaron la arma átlatl”. (Códice Ramírez, Vargas & Battock, 2024, 92).
Fuente bibliográficas:
- El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
- Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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