Dibujo 17 del Códice Ramírez.

Descripción de la imagen:

En esta imagen podemos ver a varias personas cantando y bailando, en lo que ellos conocían como mitote, de mitoti, bailarín.

En la parte de abajo vemos a dos personas tocando instrumentos, el de lado derecho está tocando un objeto en forma de cilindro y hueco llamado teponaztli, apoyado sobre un pedestal y se tocaba con los objetos de madera, serían como baquetas (olmaitl) sobre una batería actual.

Teponaztli en el Museo del Templo Mayor.

El del lado izquierdo está tocando un huéhuetl, una especie de tambor en forma de tubo, el cual era construido con el tronco de un árbol ahuecado, el cual era percutido con las manos o con baquetas (olmaitl). Tiene inscrito la figura de un águila. En el Museo del Templo Mayor podemos ver un huéhuetl, el cual tiene grabado muchas imágenes.

Huehuetéotl en el Museo del Templo Mayor

En la parte de arriba vemos a cinco personas bailando, ataviadas con sus mejores vestimentas y sus mejores adornos, desde los que llevan unas tilmas al guerrero ocelote que lleva su escudo (chimalli) y su macuahuitl.

Algunos llevan en las manos flores o sonajas de guaje (ayacachtli) y uno lleva un tocado con plumas de Quetzal.

Bailaban en círculo y muchas veces tomados de la mano, por eso el tlacuilo los dibuja como en meda luna quedando en medio quienes tocaban el teponaztli y el huéhuetl.

Todos participaban, en especial los nobles o pilli, de ahí que la matanza que hizo Pedro de Alvarado en el Tóchcatl cobró la vida de muchas persona pertenecientes a la nobleza, precisamente los atacó en pleno mitote.

Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 17:

“Porque en todo lo pasado se ha hecho larga mención de los bailes con que celebraban los Reyes sus fiestas, donde ellos muchas veces salían en persona, será bien decir algo de ellos para que mejor se entienda.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 157).

“Hacían el baile de ordinario en los patios de los templos y casas reales que eran los más espaciosos; ponían en medio del patio dos instrumentos, uno de hechura de atambor y otro de forma de barril, hecho de una pieza y hueco por de dentro puesto sobre una figura de hombre o de otro animal que le tenía a cuestas, y otras veces sobre una columna. Estaban ambos de tal modo templados que hacían muy buena consonancia; hacían con ellos diversos sones, para los cuales había muchos cantares, que todos a una iban cantando y bailando con tanto concierto que no discrepaba uno de otro, yendo todos a una así en voces como en el mover de los pies, con tanta destreza que ponía admiración al que los veía.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 157).

El Mitote, más allá de una simple fiesta.

No era una fiesta únicamente para divertirse, era en honor de algún dios y por ende, le daban una completa seriedad, tanto que desde niños y niñas les enseñaban a bailar y participaban prácticamente todos, no importando su edad.

“El modo y orden que tenían en hacer su baile, era ponerse en medio, donde estaban los instrumentos, un montón de gente que de ordinario eran los señores ancianos, donde con mucha autoridad y casi a pie quedo bailaban y cantaban. Después salían de dos en dos los caballeros mancebos bailando más ligeramente, haciendo mudanzas con más saltos que los ancianos, y haciendo una rueda ancha y espaciosa cogían en medio a los ancianos con los instrumentos. Sacaban en estos bailes las ropas más preciosas que tenían, joyas y preseas de plumas ricas según el estado de cada uno. Ponían tanto cuidado en hacer bien estos bailes que desde niños los imponían en ellos, teniendo lugar y tiempo señalado para enseñarlos, dándoles ayos que los recogieran por toda la ciudad, y maestros que los enseñaran. La pintura de este baile es la que se sigue.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 157).

Baile después del sacrificio.

“Y este era el modo y manera con que traian las víctimas á sus Dioses, las quales acabadas salian luego todos los mancebos y mozos del templo, aderezados como ya se ha dicho, puestos en órden y en hileras los unos en frente de los otros, bailaban y cantaban al son de un atambor que les tañian en loor de la solemnidad y ídolo que celebraban, á cuyo canto todos los señores y viejos y gente principal respondian bailando en el circuito dellos, haziendo un hermoso corro como lo tienen de costumbre, teniendo siempre á los mozos y mozas en medio, á cuyo espectáculo concurria toda la ciudad.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 177)..

Fuente bibliográficas:

  1. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
  2. Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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