Dibujo 16 del Códice Ramírez.

Descripción de la imagen:

En esta imagen vemos a Moctezuma Xocoyotzin, no aparece su glifo, pero sabemos que es él por el orden cronológico de las láminas.

Él si tenía barba, aunque no tan abundante como lo pinta el tlacuilo, ya con evidente influencia europea.

A diferencia de los demás tlatoanis, a Moctezuma Xocoyotzin lo vemos ataviado con mucho lujo, además de los cacles o sandalias, tiene un adorno suntuoso en las pantorrillas.

Lo vemos con una tilma enorme, un brazalete, debajo de la barba un bezote (tentetl) y el adorno con plumas, ilustrando al que conocemos como el Penacho de Moctezuma. No quiero decir con esto que sea ese, sino uno similar que se usaba como regalo, no lo tenían puesto.

Lo que si se ponían era el xiuhuitzolli, que es el que le está entregando seguramente Nezahualpilli, debido a que Nezahualcóyotl ya había fallecido.

Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 16:

Nombramiento de Moctezuma Xocoyotzin, el comienzo del fin.

“Hechas las obsequias y honras del Rey Ahuízotl, entraron los electores en su consistorio, y sin mucha dilación eligieron por Rey al gran monarca Motecuczuma, huehue Motecuczuma, que quiere decir Motecuzoma el Viejo. Eligieron a Motecuczuma el segundo con tanta facilidad, como queda referido, porque todos le tenían echados los ojos para el efecto, porque demás de ser animadísimo, era tan grave y reportado, que por maravilla le oían hablar palabra, y las veces que hablaba eran en el consejo supremo con tanto acuerdo y aviso, que a todos admiraba; y así antes de ser Rey era muy temido y reverenciado. Estaba de ordinario recogido en una pieza que tenía para sí, diputada en el templo de Huitzilopochtli, donde decían le comunicaba mucho su ídolo hablando con él, y así, presumía de muy devoto y religioso. Después de haberle elegido, fuera a esconder a esta pieza, donde le fueron à buscar los señores de la corte, y acompañándole le trajeron al consistorio; venia con tanta gravedad, que todos decían le estaba bien su nombre de Motecuczuma, que quiere decir señor sañudo. Al tiempo que entró donde estaban los electores, le hicieron gran reverencia y le dieron noticia de su elección.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 121, 124).

Toma de posesión ostentosa

Quizás sea la toma de posesión más ostentosa que tuvo algún Tlatoani, propia de la hegemonía que tenía Tenochtitlan para ese momento, ya en 1503.

“Luego con grande majestad al brasero divino, donde se sacrificó al modo acostumbrado, y echó incienso á los dioses. Lo cual, hecho, le pusieron los atavíos reales, y horadándole las ternillas de las narices, le pusieron en ellas una esmeralda muy rica, y sentándole en su trono, le hicieron los retóricos y ancianos las oraciones acostumbradas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 124).

Palabras de Nezahualcóyotl a Moctezuma Xocoyotzin en su toma de posesión.

“Rey de Tetzcuco, dándole la norabuena, diciendo de esta manera: «La gran ganancia que ha alcanzado todo este Reyno, oh ilustrísimo mancebo, en haber merecido que tú seas la cabeza de él, bien se deja conocer por haberte escogido tan fácilmente, y el alegría que muestra en tu elección y cierto con gran razón, porque está ya el imperio mexicano tan grande y tan dilatado, que para regir un mundo como éste, llevar a cuestas una carga tan pesada, no se requería menos consistencia y fortaleza que la de tu firme y animoso corazón, ni menos reposo, saber y prudencia que la tuya. Y así digo que el omnipotente Dios ama esta ciudad, pues les ha dado lumbre para escoger aquello que a su Reyno convenia. Porque, ¿quién duda que un señor y príncipe que antes de reinar sabia investigar las nueve dobleces del cielo, y ahora con la ocasión del reino, tan vivo sentido no alcanzara las cosas de la tierra para acudir al remedio de su gente? ¿Quién dudará que el gran esfuerzo que siempre has mostrado en casos de gran importancia, antes de tener tanta obligación, te ha de faltar ahora? ¿Quién dudará que en tanto valor ha de faltar remedio al huérfano y a la viuda?” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 125).

Al final, si le faltó el valor que requería el pueblo mexica cuando más lo necesitaba.

Moctezuma Xocoyotzin saca a relucir su soberbia.

Aquí es donde da inicio el fin de Tenochtitlan, como versa el dicho, tiempos difíciles crean seres humanos fuertes, tiempos de abundancia crean seres humanos débiles y fue así como todo el aparato se fue desmoronando a partir de la toma de posesión de Moctezuma Xocoyotzin y que, tras 16 años, los castellanos encontraron.

Entre los errores fue hacer a un lado a los macehuales, la cual es una palabra maravillosa porque, si bien representa al pueblo, su significado es el que merece, el que se lo ganó, una cultura basada en la meritocracia pero que Moctezuma echó por los suelos, al correr a todos los que merecíamos su puesto para sustituirlos por pillis, nobles, quienes su única virtud era haber nacido en cuna de oro pero sin méritos suficientes para los cargos a los que fueron asignados y terminaron convirtiéndose en meros aduladores de su Tlatoani, algo que años después hasta al mismo Moctezuma le exasperó pero el creó esta situación.

“Habiendo algunos días que este Rey era electo, comenzó a descubrir sus soberbios pensamientos: lo primero que hizo fue poner y asentar su casa real, para lo cual envió a llamar a un anciano que había sido ayo suyo, y descubriéndole sus pensamientos a solas, le dijo: «Sabrás, oh padre mío, que tengo determinado de que todos los que me sirvieren sean caballeros e hijos de príncipes y señores, y no solo los que han de asistir en mi casa, pero todos los que tuvieren cargos preferidos en todo mi Reyno han de ser tales, porque estoy muy ofendido de los Reyes pasados que se sirvieron en semejantes cargos de gente baja; por tanto, yo me determino de privarles a todos de cualquier oficio real que tengan, y dejar mi casa y Reyno muy ahidalgado sin mezcla de esta gente.»” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 126).

Uno de los principales quiso hacerlo entrar en razón, pero la soberbia ya se había apoderado por completo del juicio de Moctezuma.

“El viejo reparó un poco en el caso, y le respondió: «Gran señor, sabio y poderoso eres, y bien podrás hacer seguramente lo que bien te estuviere, más paréceme que no te será bien contado esto, porque juzgarán que quieres aniquilar a los Reyes pasados deshaciendo sus cosas; y así te extrañará el pobre y humilde macehual, y no osará mirarte ni llegar a ti.» (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 126).

La respuesta de Moctezuma fue lapidaria, tanto para el principal como para Tenochtitlan, como lo demostraría la Historia en 1521.

“Respondió entonces Motecuczuma: “Pues eso es lo que yo pretendo, que el hombre bajo no se iguale con el principal ni ose mirar al Rey. Y quiero decirte mi intento, porque tú y todos los que lo supieren, sé qué dirán tengo mucha razón. Ya sabes cuán diferente es el estilo de los nobles y de los bajos, y si los principales se sirven de gente baja, especialmente los Reyes, esta gente les echará muchas veces vergüenza, porque enviándolos con sus embajadas y recaudos el Rey, el caballero se lo dirá cortesana y discretamente, y ellos con su rudo lenguaje lo confundirán, de suerte que piensen que no sabe más que aquello el que los envía: al fin son rústicos, y por muy industriados que estén, han de oler a su barbaridad; y demás de esto, no es justo que las palabras de los Reyes y príncipes, que son como joyas y perlas preciosas, se pongan en tan ruin lugar como los hombres bajos, sino en otros tan buenos como los príncipes y señores, porque allí están en su propio lugar, que esa otra gente vulgar no servirá de más que afrentarnos, porque si les mandaras a hacer cosas de noble ánimo y liberal, ellos con su vileza lo aniquilarán y abocarán. Ves aquí de qué sirve servirse de semejante gente, y así, esto supuesto, pues está en tanta razón, yo te mando que me juntes cuantos hijos de príncipes hay en los recogimientos y fuera de ellos, y escogiendo los más hábiles, los industries para el servicio de mi casa y Reino, privando de cualquier oficio real a los que fueren de bajo linaje. Entienda cada cual en lo que le viene de suelo. Y di a mi consejo que esta es mi voluntad, la cual quiero que se ponga luego en obra.” Fue el viejo a poner en ejecución lo que el Rey le mandaba con grande admiración del saber y señorío de Motecuczuma: y sabida por el consejo su voluntad, se puso por obra lo que mandaba.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 127).

Imaginemos la rabia que ha de haber sentido Moctezuma Xocoyotzin cuando la persona con quien tenía que hablar de asuntos tan importantes era una mujer y que pertenecía a quien hablaba el macehuatlahtoli, ese que tanto le molestaba. Esa mujer era Malitzin y fue tan importante que se ganó el tzin.

El tzin es un sufijo en náhuatl que denota reverencia en personas y diminutivo en sustantivos, el tzin como diminutivo jamás se utiliza en nombres propios, por lo que la traducción correcta es Doña Marina no Marinita. 

Continúa la tradición de ir a batalla para capturar prisioneros de guerra para el sacrificio.

“Después que puso en orden su casa y Reyno, se partió a hacer la guerra para traer cautivos para el sacrificio de su coronación. Fue a una provincia muy remota que se había rebelado contra la corona real: salió con gran número de soldados y carruaje (¿fardaje?) todos muy lucidos y bien ataviados, siendo muy festejado y bien recibido por todo el camino que llevó. Llegado à la provincia que había de combatir, que era hacia el mar océano, dio la guerra tan valerosamente con tal orden y concierto, que brevemente la rindió, que con esta misma facilidad fueron siempre vencedores los Mexicanos, que por maravilla fue desbaratado su ejército. Tomando muchos cautivos y otros despojos para la fiesta de la coronación, haciendo castigos muy ejemplares, dejó toda aquella tierra muy temerosa, de suerte que ellos ni otros no se atrevieron a rebelar contra él. Volvió con gran triunfo, y en todo el camino los mismos señores de las ciudades y pueblos, por do pasaba, le daban aguamanos, y hacían los demás oficios de pajes, cosa que con ningún otro rey habían usado; tanta era la reverencia y temor que le habían cobrado. Entró en la ciudad con todo su aparato de presos y despojos, donde le recibieron con una solemnísima procesión, al modo que ya queda dicho, y con gran estruendo de bailes, bocinas, flautas y atabales y otros instrumentos de alegría, en diversos arcos triunfales llegó al templo, donde hizo su adoración y ofrendas acostumbradas de todos los despojos que traía. Entró luego a descansar a su retraimiento.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 128).

Fiesta de toma de posesión de Moctezuma Xocoyotzin como Tlatoani.

“Comenzaron luego a dar orden en las fiestas de su coronación, a la cual concurrió tanto número de gente de diversas partes, que vieron entonces en la ciudad de México gentes que nunca habían visto; hubo grandísimas fiestas, bailes, comedias y entremeses de día y de noche, con tantas lumbreras que parecía medio día. Fue tanta la cantidad cantidad de los tributos que trajeron, y tantos los señores y principales y tan lucidos, que iban con ellos, que puso à todo este mundo en grande admiración; y no menos la mucha gente que hubo de sacrificios de toda suerte en aquel día. Vinieron à estas fiestas hasta los propios enemigos de los Mexicanos, como eran los de Michhuacan y los de la provincia de Tlaxcala, a los cuales hizo aposentar el Rey y tratar como à su misma persona, y hacerles tan ricos miradores desde donde vieran las fiestas, como los suyos, aunque encubiertos y disimulados, y salían, en los bailes y fiestas de noche, con el mismo Motecuczuma, el cual los trataba con tanta cortesía y discreción, que los dejó admirados y no ménos gratos. Se coronó este Rey con toda esta pompa y solemnidad, poniéndole la tiara el Rey de Tetzcuco, cuyo oficio era coronar los Reyes de México. Esta coronación la pintan en la manera que se sigue.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 129).

Moctezuma Xocoyotzin gobernó como un tirado ensoberbecido.

“Todo el tiempo que reinó este Rey Motecuczuma, fue más estimado y reverenciado que todos sus pasados, porque tenía en esto tanto saber e industria, y el semblante que no le ayudaba poco, que vino a ganar tanta autoridad que le adoraban casi lo mismo que a Dios, y tenía tan en cuenta de ser estimado de la gente común, que cuando salía a vista si alguno alzaba los ojos a mirarle, no le costaba menos que la vida. De ordinario estaba retirado saliendo muy pocas veces a vista del pueblo sino era cuando iba a las huertas y para esto tenía hechas unas calzadas todas ellas con muros a los lados para ir él por medio en hombros de señores, y fuera de estos que le llevaban que eran los más principales, no iban otros con él, yendo toda la demás gente por fuera de los muros; nunca ponía los pies en la tierra, sino que donde quiera que ponía el pie, o se paseaba los ponía sobre alfombras o cortinas de algodón. Jamás se puso un vestido dos veces, y así cada día estrenaba el suyo, ni menos los vasos y vajilla con que se le servía a la mesa se le ponían pías que una vez delante de él, poniéndolos todos los días nuevos y diferentes. Todos estos vestidos y vajillas eran gajes y percances de sus criados y así estaban todos muy abundantemente proveídos de que se holgaba y gastaba mucho. Tenía en su palacio señalados particulares aposentos y salas, donde se recogían sus cortesanos, señalando a cada uno el lugar según su dignidad y si algún hombre vulgar, ó otro de menos dignidad que los caballeros, osaba entrar en los palacios de los ilustres, le castigaban gravísimamente por ello.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 129, 130).

Moctezuma Xocoyotzin se disfrazaba para cerciorarse que se cumplieran sus leyes.

“Era tan celoso de que cumplieran y guardaran sus leyes, que muchas veces se disfrazaba, y disimulando andaba asechando a sus oficiales, y les echaba algunos de industria que les acometieran con ruegos y cohechos etc., todo para ver si se descuidaban o dejaban vencer en algo, y si les cogía en algo de esto, los mandaba matar sin remedio; y era tan nimio en este caso, que viniendo de las guerras, fingía que iba á descansar a alguna de sus recreaciones y enviando delante a sus capitanes con los presos y despojos de la guerra, y que entraran ellos en la ciudad, enviando a mandar a la ciudad con todas las ceremonias y solemnidades que se hacían en tales recibimientos, y él por ver si por no ir allí excedía algo de su mandado, se iba disfrazado a verlos entrar y considerar todo lo que pasaba, y si en algo excedían o faltaban los castigaba rigurosísimamente, aunque fueran sus propios hermanos, porque en esto a nadie perdonó. Y no solo fue tan justo en hacer guardar sus leyes, pero fue muy valeroso y dichoso así en victorias grandes que tuvo, como en tener a todo su Reyno tan pacífico que no se osaba hombre contra lo que se era su voluntad.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 132).

Llegan los europeos en tiempos de Moctezuma Xocoyótzin.

A los 14 años de haber tomado posesión como tlatoani es cuando le llegan las primeras noticias a Moctezuma Xocoyotzin de la llegada de los europeos.

“Estando este gran señor en tan gran trono y pujanza, habiendo, extendido sus reinos en todo este nuevo mundo, haciéndose temer, servir y adorar casi como a un Dios; habiendo reinado catorce años con esta prosperidad y pujanza, le vino nueva de cómo habían aparecido en los puertos que tenia, navíos con gente extraña, precediendo antes de esto en algunos años grandes prodigios y señales, cual en esta tierra jamás se vieron. En este tiempo anunció el ídolo Quatzalcohuatl, Dios de los Chulultecas la venida de gente extraña a poseer estos reinos; así mismo el Rey de Tetzcuco que tenía pacto con el demonio, le vino, a visitar una vez a deshora, y le certificó que le habían dicho los dioses que se le aparejaba a él y a todo su Reino grandes trabajos y pérdidas: muchos hechiceros y brujos decían lo mismo, y ende delante de él entre los cuales fue uno que le informó muy en particular de lo que después le sucedió, y estándole hablando, advirtió que le faltaban los dedos pulgares de pies y manos, y espantado y entristecido de las cosas que le decían, hacia prender a todos estos hechiceros, más en echándolos presos se desparecían. Con estas cosas andaba tan melancólico, que no pudiéndose vengar de los hechiceros, hacia matar a sus mujeres e hijos, y destruir sus casas y haciendas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 132).

Augurios del final de Tenochtitlán.

Se ha hablado mucho de los augurios y señales que vio Moctezuma Xocoyotzin acerca del final que le deparaba a Tenochtitlan, aunque cuando lo analizamos nos podemos dar cuenta de que muchos ya tienen influencia europea.

La piedra viva.

“Dicen que viéndose Motecuczuma confuso con tantas señales y amenazas contra él y su Reino, quiso traer una grandísima piedra para hacer solemnes sacrificios en ella para aplacar a los dioses: yendo para traerla grandísimo número de gente con sus maromas y recaudo, y después de atada, queriéndola mover no había remedio, y porfiando a sacarla, quebrando muchas maromas muy gruesas, oyeron una voz que salía junto a ella, la cual decía que no trabajaran en vano, porque no podían llevarla, porque ya el Señor de lo criado no quería que se hicieran más aquellas cosas; lo cual oyendo Motecuczuma se turbó grandísimamente y mandó se hiciera delante de la piedra grandes sacrificios: tornó a sonar la voz y dijo: “Ya os he dicho que es voluntad del Señor de lo criado que no me lleven, y porque vean que es así, yo me quiero dejar llevar un rato, y verán con cuanta facilidad me mueven; pero no queriendo dejarme llevar, no bastará todo el mundo a moverme. Y diciendo esto comenzaron a tirar y la llevaban con tanta facilidad como si fuera una cosa muy liviana; más después se hizo reacia y no hubo fuerza humana que la moviera. Dicen que pasó esto dos a tres veces, y porfiando a traerla con grandes ruegos, se dejó llevar hasta una acequia grande, a la entrada de esta ciudad, donde se cayó y hundió, y entraron a buscarla no hallaron rastro de ella. Fueron otro día al puesto donde la habían sacado donde la hallaron, de que quedaron muy admirados y tristes.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 133).

El águila que lleva a un macehual para quemar a Moctezuma Xocoyotzin.

“Así mismo estando un indio labrador haciendo su sementera, el cual tenía fama de buen hombre, dicen que vino una grandísima águila volando hacia él, y que lo tomó en peso, y lo llevó sin lastimarle hacia una cierta cueva donde le metió, y en entrando dijo el águila: “Poderosísimo señor, ya traje a quien demandaste;” y el indio labrador mirando a todas partes de la cueva por ver a quien hablaba el águila no vio a nadie. Y estando en esto oyó una voz que le dijo: “¿Conoces a ese que está ahí delante tendido?” El mirando al suelo, vio á un hombre adormeciendo, muy vencido de sueño con insignias reales, y unas flores en la mano con un pebete de olor ardiendo según el uso de esta tierra, y le reconoció, vio que era el gran Rey Motecuczuma. Respondió el labrador luego después de haberle mirado: “Gran señor, este parece a nuestro Rey Motecuczuma.” Tornó a sonar la voz y le dijo: “Tienes razón, él es, míralo cual está tan dormido y descuidado de los grandes males que han de venir sobre él; ya es tiempo que pague las muchas ofensas que ha hecho á Dios y las tiranías de su gran soberbia, y está tan descuidado de esto y tan ciego en sus miserias que ya no siente, y para experiencia de esto, toma ese pebete que tiene en la mano ardiendo, y se lo pegó en el muslo, y verás como no lo siente.  El pobre labrador viendo que le mandaban quemar a un Rey tan temido como si fuera Dios, no osaba llegar, y así le tornó á decir la voz: “No temas, que yo soy más sin comparación que no ese Rey que le puedo destruir y defenderte a ti, por tanto hazlo que temando.” Entonces el labrador tomando el pebete ardiendo, de la mano del Rey, y pegándosele hacia el muslo, no se meneó. Hecho esto le tornó á decir la voz: “que viera cuán dormido estaba aquel Rey, que le fuera a despertar y le contase lo que pasaba.” Y mandando al águila que le volviera como lo había traído, el águila tomó en peso al labrador, y tornóle al lugar de do lo había traído. El día siguiente el labrador fuera al Rey Motecuczuma, y contándole el caso, se miró el Rey el muslo, y vio que lo tenía quemado, que hasta entonces no lo había sentido ni advertido, de que quedó tristísimo y desconsolado.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 134).

El cometa en la era de Moctezuma Xocoyotzin.

“Así mismo vieron salir una cometa siendo de día claro, la cual tenía tres cabezas con una cola muy larga que corrió de poniente a oriente echando grandísimas centellas, causó grandísimo espanto y temor.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 135).

La llorona en tiempos de Moctezuma Xocoyotzin.

“En este tiempo se oyeron de noche muchas veces, unas voces como de mujer muy angustiada, que llorando decía: “o hijos míos, que ya ha llegado vuestra destrucción;” y otras veces decía: “o hijos míos, ¿a donde os llevaré para que no os acabéis de perder?” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 135).

El ave como bola mágica de cristal que le llevaron a Moctezuma Xocoyotzin.

“Así mismo los pescadores de este gran lago referido cazaron una ave del tamaño de una grulla, y del mismo color pero de extraña hechura y nunca vista: la llevaron a Motecuczuma, el cual estaba en los palacios del llanto y luto, que ellos llamaban palacios teñidos de negro, que como tenía palacios alegres y ricamente ataviados para su recreación y pasatiempos, tenía así mismo palacios de llanto y penitencia donde se recogía, y así con el espanto de estas novedades, estaba allí recogido y haciendo penitencia: llegaron los pescadores a donde estaba, a medio día en punto, y le pusieron delante aquella ave, la cual tenía en medio de la cabeza una cosa trasparente y lucida como un espejo, donde vio que se parecían los cielos y las estrellas, de que quedó muy espantado el Rey Motecuczuma, y poniéndose a mirar el cielo vio que no había memoria de estrellas por ser medio día.  Y tornando a mirar a la cabeza de la ave, vio que parecían en aquel espejo gentes de guerra muy armadas, que venían de hacia oriente a esta tierra, peleando y matando, lo cual visto mandó llamar luego a los agoreros, que había muchos, para que vieran aquello y le diejran lo que significaba; pero venidos los agoreros quedaron no menos admirados que él, y así se rindieron diciéndole que no entendían aquella gran maravilla, y estando en esta disputa desapareció el ave, con que causó grandísima turbación al Rey y a todos los que presentes estaban.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 136).

Primer encuentro entre mexicanos y castellanos.

“Veracruz, luego se juntaron y trataron entre sí que sería bien ir luego a dar esta nueva a su señor Motecuczuma a la gran ciudad de México; más el principal de ellos dijo: “para que podamos dar más cierta y entera relación a nuestro Rey, paréceme que vamos hacia ellos, y veamos por nuestros ojos todo lo que pasa, con título de venderles algunas cosas de las que ellos han menester.” Les pareció á todos buen medio este, y así luego tomaron cosas de comer y vestir y poniéndolas en unos barquillos que aquí llaman canoas, fueron a los navíos enderezando hacia la capitana por el estandarte que en ella vieron. En llegando a ella hicieron sus señales dándoles a entender que venían de paz a venderles cosas de comer y vestir: los españoles los subieron al navío, donde les hicieron muchas preguntas diciéndoles de dónde eran y cómo se llamaba su Rey: respondieron ellos que eran Mexicanos, y que su Rey era el gran Motecuczuma. Desenvolvieron los fardos que llevaban de comidas y ropas, ricamente labradas, las cuales parecieron bien a los Españoles y así se las compraron, dándoles por ellas zartales de piedras falsas, coloradas, verdes, azules y amarillas, y como a los indios les parecieron piedras preciosas, las tomaron y les dieron la ropa. Les despidieron los Españoles diciéndoles: “vayan con Dios y lleven estas piedras a su señor, y díganle que no podemos ahora irle a ver a la ciudad de México, que presto volveremos por acá.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 131, 137).

El regreso de Quetzalcóatl en tiempos de Moctezuma Xocoyotzin.

“Y advirtiendo todos en las señas y nuevas que le daban de los Españoles, dijeron todos que sin falta era venido su Gran Emperador Quetzalcohuatl, que había mucho tiempo que era ido por la mar adelante, hacia donde nació el sol, el cual dejó dicho que por tiempos había de volver, que lo fueran a recibir y le llevaran presentes de toda la riqueza de esta tierra, pues era suya y su imperio; y porque esto mejor se entienda es de advertir que hubo en esta tierra en tiempos pasados, un hombre que según la relación que hay de él, fue un hombre santísimo, tanto que muchos testifican que fue algún santo que aportó a esta tierra a anunciar el Santo Evangelio, porque sus ayunos, penitencias, vigilias y amonestaciones contra todos los vicios les reprendió gravemente, exhortando a la virtud, no era menos que de hombre evangélico, y más que se asegura que no fue idólatra, antes abominaba y contradecía los ídolos y malos ritos y ceremonias que tenían, por cuya causa dicen que le persiguieron grandemente, hasta que le fue necesario partirse de la tierra por la mar, dejando dicho que volvería él con otros que tomaran venganza de las maldades que contra Dios en esta tierra se hacían. Dicen así mismo de él que era oficial muy primo de esculpir imágenes, y que dejó en cierto lugar esculpido un crucifijo el cual afirman los Españoles que le han visto, y que dejó en esta tierra un libro a manera de misal, el cual nunca jamás se ha podido descubrir por mucha diligencia que han puesto muchos religiosos en ello. —Entiéndese que era la Biblia. —Tenían á este hombre en grandísima veneración, porque dicen que hizo milagros, y su virtud era tanta que le tenían por más que humano. Dicen así mismo que tenía éste discípulos que instruía en su mismo modo de proceder, los cuales así mismo hacían milagros, ejercitándose en su mesmo oficio de escultor, por cuya causa los llamaban Toltecas, que quiere decir gente diestra en algún arte mecánica. Llamaban a este con tres nombres, que eran de Dioses y de estima, el primer era Topiltzin, el segundo Quetzalcohuatl (como queda dicho), el tercero era Papa, y entre las pinturas que se hallan de su efigie, le pintan con una tiara de tres coronas, canto la de nuestro muy Santo Padre el sumo Pontífice. Y como tenían noticia de lo que dejó dicho de su vuelta, y vieron venir la flota por la parte que él se fue, tuvieron por cierto todos que era el mismo, y que volvía a su Rey no, y así determinaron de irle a recibir como a su señor, según queda dicho.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 138 – 140).

Los mexicanos conocen a Marina y a Hernán Cortés, a quien lo visten como Quetzalcóatl.

Si bien llegaron a pensar que Hernán Cortés era Quetzalcóatl o su descendiente, fue solo por un breve espacio de tiempo, ya que las actitudes de los españoles de inmediato delataron que venían en son de conquista.

“Eligieron para esto los cinco más hábiles que entre los principales había, los cuales partiéndose de México, fueron con grandes riquezas a este recibimiento, y llegando a la nao capitana donde estaba el capitán Hernando, los tres dieron su embajada diciendo que iban a buscar a su gran señor Quetzalcóatl, y por otro nombre Topiltzin, el cual sabían que era venido. Entendieron en esta embajada los españoles, por medio de una mujer que allí venia, llamada Marina, que entendía la lengua de esta tierra, y así se puso el capitán Hernando Cortés con mucha autoridad, e hicieron entrar a los mensajeros de Motecuzoma, diciéndoles que allí estaba el que buscaban, y así entrando en su presencia le hicieron su acatamiento diciéndole que su siervo Motecuzoma, y teniente de sus Reinos, le enviaba a visitar con aquellos dones, y que fuera muy bienvenido, y ataviándole con algunas de aquellas ropas las más ricas, le dijeron; “vístete señor de las ropas que antiguamente usabas, cuando andabas entre nosotros como Dios y Rey nuestro.” Los recibió el capitán Hernando Cortés con mucha benevolencia mandándolos aposentar y tratar muy bien, dándoles de las comidas de Castilla; vinieron los españoles de los demás navíos a ver la gente y el presente, y dieron entre sí una traza bien impertinente que antes dañó que aprovechó, porque determinaron el día siguiente de espantar a los pobres indios, disparando la artillería de que los pobres quedaron muy espantados, como gente que no había visto cosa semejante. Y así mismo les desafiaron uno a uno para que peleasen con ellos, y como lo rehusaban, denostándolos con palabras afrentosas, y mostrándoles muchas armas que traían, y perros ferocísimos de ayuda, les dijeron que habían de ir a México, y con aquellas armas y perros los habían de destruir y matar y robar sus haciendas. Despidieron a los pobres tan escandalizados y temerosos, que ya todos se persuadían que no era aquel señor que esperaban, sino algún cruel enemigo suyo, el cual allí venia con aquella gente tan feroz.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 140, 141).

Moctezuma Xocoyotzin fija sus esperanzas en Tlaxcala.

Moctezuma Xocoyotzin tenía la esperanza de que los tlaxcaltecas, conociendo lo fierros que eran tanto que nunca los pudo doblegar, detuvieran a los castellanos por lo que mandó que un guía mexicano los encaminara hacia Tlaxcala, de acuerdo con el Códice Ramírez.

“Venían todos a punto de guerra; los venía guiando un mexicano el cual los llevó a términos del den de estaba un gran escuadrón de gente fiera y belicosa que siempre estaban allí, para guarda del Rey de Tlaxcala. Eran estos tan esforzados y tan animosos, que antes se dejaban hacer pedazos que rendirse ni volver atrás. Y así la guía metió por allí a los españoles para que aquellos Otomíes los destruyeran y acabaran, y así en viendo a los españoles se pusieron en arma contra ellos, y como ignorantes de la ligereza y velocidad de los caballeros, y la fuerza de la artillería y diversas armas que los españoles traían, se metieron los pobres con tanto ánimo entre ellos, que comenzaron a hacer gran matanza en los pobres soldados de Tlaxcala, como iban desnudos con sus arcos y flechas y otras armas, con que no podían ofender mucho a los españoles armados, y aunque veían el destrozo que en ellos se hacía, presumían de tan animosos que nunca jamás volvieron atrás, y así quedaron allí todos muertos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 143, 144).

Hernán Cortés se alía con Tlaxcala.

“Dentro de dos horas fue la nueva á los de Tlaxcala, y viendo que en quien confiaban y toda la fuerza de su Reyno había muerto de aquella manera, temieron grandemente, y así determinaron de hacer amistades con los españoles y recibirlos de paz, y así el día siguiente, yendo el capitán Hernando Cortés con todo su ejército, hacia la gran ciudad de Tlaxcala, le salieron al encuentro todos los principales muy bien ataviados, de paz, sin ninguna señal de guerra, y le recibieron con grande fiesta y solemnidad, ofreciéndole grandes dones y presentes, pidiéndole su amistad. El Capitan Don Hernando Cortés los recibió muy benignamente, mostrándoseles muy amigo, ofreciéndoles él también la amistad de todo su ejército, y con esta consideración y contento, se fueron todos juntos a la ciudad de Tlaxcala, donde fueron muy regalados y bien tratados. El día siguiente fueron todos los principales de Tlaxcallan a visitar al Marqués, y le pidieron que confirmase las amistades que les había prometido, y él las confirmó allí, perpetuando paces los unos con los otros, y ayudándose siempre en todos sus sucesos; los regaló mucho el Capitan diciéndoles: “Ustedes son mis hermanos; los que fueren sus enemigos también lo serán míos, y así yo los vengaré de ellos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 144).

Los tlaxcaltecas, sus grandes aliados.

Se habla de traición por parte de los tlaxcaltecas y de Malintzin, pero nada más lejos de la verdad. Tlaxcala era un Altépetl y Tenochtitlan otro altépetl, es decir, cada uno era una Ciudad—Estado sobraba e independiente. Si bien hoy pertenecen al mismo país, en ese momento eran como dos países distintos y Tlaxcala, al igual que otros altepémeh, plural de altépetl, estaban fastidiados de la tiranía tenochca.

“Después de lo cual el Capitan comenzó a preguntar a los señores Tlaxcaltecas por la ciudad de México, y por la distancia que de allí había hasta ella; respondiéndole que no era muy lejos, que estaría tres días de camino y que era muy gran ciudad, y que los que la habitaban eran muy valientes y belicosos, y que el Rey que los regia era muy esforzado, sabio y prudente y avisado; pero que eran muy grandes tiranos. Esto dijeron los de Tlaxcallan, porque los Mexicanos eran sus enemigos, añadiendo que los de Cholula, que eran sus vecinos, también eran sus adversarios por ser amigos de los Mexicanos. Les dijo entonces el Capitan que no tuvieran pena, que él los vengaría de ellos, y porque vieran que aquello era verdad, les dijo que se pusieran luego a punto de guerra, que luego iban todos contra los que eran sus enemigos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 145).

Moctezuma Xocoyótzin no desea que lleguen los castellanos.

Moctezuma Xocoyótzin manda que corran a los europeos de sus tierras, pero en lugar de mandar a un ejército poderoso, mandó a hechiceros que obviamente no hicieron mella en los españoles. Al ver esta realidad, entró en pánico y por ende su pueblo también.

“De lo cual muy confusos y desconsolados volvieron con la nueva al Rey diciéndole que aquellos eran Dioses muy fuertes, porque no les podía empecer cosa alguna, lo cual oído por el Rey determinó que los recibieran en paz dándoles todo lo necesario, etc., y mandando a sus presidentes y gobernadores de república que con mucha diligencia y cuidado proveyeran y sirvieran con todo lo que quisieran, a los Dioses celestiales que habían llegado, y así se hizo con gran diligencia, y en el ínterin el gran Rey Motecuczuma con toda su corte, estaba muy triste y lloroso; por las calles y plazas había muchos corrillos de gentes que trataban del caso, y chicos y grandes andaban llorando, teniendo tragada ya la muerte y esperando otros grandes males, y con esta consideración los padres y las madres, lloraban con sus hijos e hijas diciendo que qué había de ser de ellos, haciendo lo mismo los vecinos y amigos unos con otros: finalmente, todos andaban cabizbaja, todos muy melancólicos. Iban y venían muchos mensajeros cada día a dar noticia al gran Rey Motecuczuma, de todo lo que pasaba, diciéndole cómo los españoles preguntaban mucho por él pidiendo señas de su persona, modo de proceder y cara. (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 142, 143).

Hernán Cortés quemó los barcos (los barrenó).

Técnicamente Hernán Cortés no mandó a quemar los barcos, sino que los barrenó, esto es, los desarmó y los dejó innavegables. Al final, el mensaje fue el mismo, cortarles la vía de escape a los castellanos hacia Cuba, dejando solo uno para quienes quieran regresar. 

“Comenzó el Marqués a marchar para la ciudad de México, sacando primero todo el bagaje de los navíos a los cuales hizo dar barreno y hundirlos en la mar, para que sus soldados no tuvieran esperanza de volver atrás. Hecho famosísimo y de ánimo invencible que admiró a todos grandemente: venían todos a punto de guerra.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 143).

Moctezuma Xocoyotzin manda a un guía para que los lleve por tierras de Tlaxcala

“Los venía guiando un mexicano el cual los llevó a términos del den de estaba un gran escuadrón de gente fiera y belicosa que siempre estaban allí, para guarda del Rey de Tlaxcala. Eran estos tan esforzados y tan animosos, que antes se dejaban hacer pedazos que rendirse ni volver atrás. Y así la guía metió por allí a los españoles para que aquellos Otomíes los destruyeran y acabaran.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 144).

Batalla de los castellanos contra los Tlaxcaltecas y Otomíes.

De acuerdo con el Códice Ramírez, la batalla que libraron los castellanos en las afueras de Tlaxcala fue contra los tlaxcaltecas y los otomíes, pierden la batalla y a continuación los tlaxcaltecas pactan con Hernán Cortés.

“Y así en viendo a los españoles se pusieron en arma contra ellos, y como ignorantes de la ligereza y velocidad de los caballeros, y la fuerza de la artillería y diversas armas que los españoles traían, se metieron los pobres con tanto ánimo entre ellos, que comenzaron a hacer gran matanza en los pobres soldados de Tlaxcala, como iban desnudos con sus arcos y flechas y otras armas, con que no podían ofender mucho a los españoles armados, y aunque veían el destrozo que en ellos se hacía, presumían de tan animosos que nunca jamás volvieron atrás, y así quedaron allí todos muertos. Dentro de dos horas fue la nueva á los de Tlaxcala, y viendo que en quien confiaban y toda la fuerza de su Reyno había muerto de aquella manera, temieron grandemente, y así determinaron de hacer amistades con los españoles y recibirlos de paz, y así el día siguiente, yendo el capitán Hernando Cortés con todo su ejército, hacía la gran ciudad de Tlaxcala, le salieron al encuentro todos los principales muy bien ataviados, de paz, sin ninguna señal de guerra, y le recibieron con grande fiesta y solemnidad, ofreciéndole grandes dones y presentes, pidiéndole su amistad. El Capitan Don Hernando Cortés los recibió muy benignamente, mostrándoseles muy amigo, ofreciéndoles él también la amistad de todo su ejército, y con esta consideración y contento, se fueron todos juntos a la ciudad de Tlaxcala, donde fueron muy regalados y bien tratados. El día siguiente fueron todos los principales de Tlaxcallan a visitar al Marqués, y le pidieron que confirmase las amistades que les había prometido, y él las confirmó allí, perpetuando paces los unos con los otros, y ayudándose siempre en todos sus sucesos; les rogó mucho el Capitan diciéndoles: “Ustedes son mis hermanos; los que fueren vuestros enemigos también lo serán míos, y así yo los vengaré de ellos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 144, 145).

Los tlaxcaltecas se expresan sobre los mexicas.

“Después de lo cual el Capitan comenzó a preguntar a los señores Tlaxcaltecas por la ciudad de México, y por la distancia que de allí había hasta ella; le respondieron que no era muy lejos, que estaría tres días de camino y que era muy gran ciudad, y que los que la habitaban eran muy valientes y belicosos, y que el Rey que los regia era muy esforzado, sabio y prudente y avisado; pero que eran muy grandes tiranos. Esto dijeron los de Tlaxcallan, porque los Mexicanos eran sus enemigos, añadiendo que los de Cholula, que eran sus vecinos, también eran sus adversarios por ser amigos de los Mexicanos. Les dijo entonces el Capitan que no tuvieran pena, que él los vengaría de ellos, y porque vieran que aquello era verdad, les dijo que se pusieran luego a punto de guerra, que luego iban todos contra los que eran sus enemigos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 145).

Masacre de Cholula.

“Dentro de pocos días se pusieron los de Tlaxcallan a punto de guerra, los juntaron los de Cempohuallan, provincia muy populosa, y comenzaron a marchar hacia Cholula con los españoles. En llegando a la ciudad dieron un pregón de parte del capitán Don Hernando Cortés, que todos los principales de Cholula se juntaran en el patio del templo mayor, que era muy grande, y desque estuvo lleno de gente, se pusieron los españoles a las entradas del patio, que comúnmente eran tres, a Occidente, a Mediodía y hacia el Norte: entraron luego los de a caballo por todas las tres puertas, y comenzaron a alancearlos, haciendo allí gran matanza de aquellos pobres, por cuya causa todo el pueblo dio a huir desamparando la ciudad, y esta nueva fue luego a Motecuczuma.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 145).

Moctezuma Xocoyotzin envía a un emisario para que se hiciera pasar por él.

“Llevando consigo a los de Tlaxcallan y Cempohuallan, con los cuales iba un ejército espantoso, y sabiendo el Rey Motecuczuma cuán mal habían tratado a los suyos, y la gente que iba contra él, comenzó a temer grandemente él y toda su gente, temblando como azogados, y así imaginando Motecuczuma que en viéndole a él y a los suyos, le tratarían de aquella suerte, quiso hacer la experiencia, y así envió un principal suyo que se le parecía un poco, vestido de sus ropas, a recibir á los españoles con mucho aparato de principales, criados y grandes presentes, y antes que allá llegara entendieron el bajo (sic) porque avisaron al Capitan, y en llegando ante él el fingido Rey, le recibió muy benignamente y le preguntó que quién era. Le dijo que su siervo el Rey de México Motecuczuma; entonces sonriéndose el Capitan se volvió a los de Tlaxcala y les preguntó si era aquel el Rey de México; ellos le dijeron que no, porque muy bien le conocían y aun aquel principal que se fingía ser Motecuczuma, que no se decía sino Tzihuacpopoca. El Capitan le reprendió por sus intérpretes por la ficción que había hecho, y él se volvió avergonzado y confuso á Motecuczuma, a quien contó lo que había pasado, y que quedaban indignados los españoles por la burla que les quiso hacer.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 146).

Moctezuma Xocoyotzin envía más hechiceros.

Los hechiceros fueron rumbo a los castellanos para con sus hechizos ahuyentar a los castellanos, pero en el camino se toparon con un dios, seguramente Tezcaltlipoca, quien los disuadió de continuar debido a que ya era hora de que Moctezuma Xocoyotzin pagara por su tiranía y les mostró la destrucción de Tenochtitlan.

“Les dijo con gran enojo: “¿Para qué vuelven ustedes de nuevo acá? ¿Qué es lo que Motecuczuma pretende hacer contra los españoles por su medio? Tarde ha vuelto sobre sí, que ya está determinado de quitarle su reino, su honra y cuanto tiene, por las grandes tiranías que ha cometido contra sus vasallos. No ha regido como señor, sino como tirano y traidor…comenzó a reñirles con más furia, e injuriarlos con más altas voces diciéndoles: “¿A qué han, venido aquí, traidores? No tienen remedio. Vuelvan y miren hacia México, y verán lo que ha de venir sobre ella antes de muchos días.” Los nigrománticos volvieron a mirar hacia la ciudad de México, y la vieron arder toda en vivas llamas, y con aquella visión les representó este ídolo la guerra y destrucción de este Reyno. En mostrándoles esto el ídolo desapareció luego,” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 147).

Los tlaxcaltecas y los cholultecas reclutan altepémeh.

Los nuevos aliados de los castellanos comenzaron a convencer a los altepémeh a unirse a los castellanos para derrocar al tirano de Moctezuma Xocoyotzin, quienes evidentemente no se hicieron del rogar debido a que ya estaban hartos de dar tanto tributo, entre el cual iban incluidas personas para sacrificio.

“Ya se venía ya acercando el capitán Don Hernando Cortés, con toda su gente, y en todo el camino los de Tlaxcala iban persuadiendo a todos que se confederaran con los Españoles, y que negaran a Motecuczuma y a los Mexicanos, acordándose de los agravios y servidumbres en que los había puesto, y que ahora seria castigado Motecuczuma y los suyos por el capitán Don Hernando Cortés. Con estas y otras razones persuadieron a toda la tierra de tal manera, que se hicieron al bando de los Españoles, y así venia el capitán Don Hernando Cortés cercado de toda la tierra.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 148).

Cuitláhuac aconseja a Moctezuma Xocoyotzin que no reciba a los castellanos.

“Motecuzuma sabiendo lo que pasaba llamó a su sobrino Cacama a consejo y a Cuitlahuacatzin su hermano, y los demás señores, y propuso una larga plática en razón de si se recibirían los cristianos y de qué manera, a lo cual respondió Cuitlahuacatzin que a él le parecía que en ninguna de las maneras, y el Cacama respondió que él era de contrario parecer, porque parecía falta de ánimo estando en las puertas no dejarlos entrar, de más de que a un tan gran señor como era el Rey su tío no le estaba bien dejar de recibir unos embajadores de un tan gran príncipe como era el que los enviaba, de más de que si ellos quisiesen algo que a él no le diera gusto, les podía enviar a castigar su osadía teniendo tantos y tan valerosos hombres como tenía; y esto dijo que era su último parecer, y así el Motecuzuma antes que hablara nadie dijo que a él le parecía lo propio. Chitlahuatzin dijo, “ruega a nuestros dioses que no metas en tu casa a quien te eche de ella y te quite el Reino, y quizá cuando lo quieras remediar no sea tiempo:” con lo cual se acabó y concluyó el consejo, y aunque todos los demás señores hacían señas que aprobaban este último parecer, Motecuzuma se resolvió en que los quería recibir, hospedar y regalar, y que Cacama su sobrino los fuese a recibir y Cuitlahuatzin su hermano se fuese a Iztapalapan y los aguardara en sus palacios.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 245, 246).

Encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma Xocoyotzin.

“En llegando a la primera entrada de la gran ciudad de México, como un cuarto de legua de las casas reales, salió a recibirle el gran señor Motecuczuma en hombros de cuatro señores, que en sus cabezas iba armado un palio riquísimo de pluma y oro, debajo del cual iba sentado este gran Rey. Se bajó cuando encontró con el capitán Don Hernando Cortés, a quien hizo una plática dándole la bienvenida, muy elegante y cortesanamente, le ofrecieron muchas preseas ricas de oro y piedras preciosas, y plumajería de diversos colores, con muchas rosas y flores que hizo dar a los que venían con el capitán, el cual recibió al gran señor Motecuczuma con mucha reverencia y benevolencia, respondiéndole a su plática con muy admirables palabras, quitándole el temor, y asegurándole que ningún daño recibiría en su persona ni en su Reyno, y que él le informaría de la causa de su venida más despacio, y con esto el gran Motecuczuma, por el mismo orden que vino se volvió con el capitán Don Hernando Cortés, al cual y a los suyos mandó que se aposentaran en las casas reales, donde se les dio muy buen recaudo a cada uno, según las calidades de las diversas gentes que iban con el capitán.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 149).

“Por la mañana se partieron para allá, y era tanta la gente que estaba por los caminos que venían a ver como á cosa nueva que era cosa de admiración. Avisado pues el Rey de su llegada, mandó a Cacama hiciera el oficio que le había encargado, y así con una rica cadena de piedras preciosas y en hábito Real vestido y en unas andas, salió a la calzada adonde es ahora San Anton, y Cortés se apeó del caballo y el Rey de las andas y fuera el uno para el otro, y haciéndose gran cortesía Cacama le saludó a su usanza y Cortés a él a la suya, y le echó el Rey la cadena al cuello, y queriéndole abrazar Cortés llegaron sus capitanes a impedírselo porque no podían tocarle como a divino, pero el Rey le asió la mano y se entraron en la ciudad cercados de Reyes, señores y capitanes muy valerosos, y llegando de esta suerte a palacio, salió Motecuzuma á recibirle en unas andas de oro con un palio muy rico, y dicen que a las andas iban asidos cuatro grandes sus vasallos, y de esta suerte salió hasta la plaza, y llegando cerca de Cortés salió de las andas y le cogieron del brazo dos Señores, los mayordomos de su Reyno, y Cortés hincó la rodilla en tierra y le pidió las manos, y él se abajó y levantó del suelo y le abrazó haciendo el Rey también su acatamiento, y le echó otra cadena de piedras al cuello de inestimable valor y le dio un xuchitlde mucha pedrería en señal de amor. Cortés hincó la rodilla y le recibió y echó al Rey una cadena de oro al cuello y con Cacama había hecho otro tanto, sirviendo la moza Marina de intérprete aunque a lo corto, respecto de que era tanta la gente que cargaba a verlos, que hizo Motecuzuma señas que anduviesen; porfiaban sobre la mano derecha, y así el Rey venció y le puso a ella, y a su sobrino Cacama le dio su brazo izquierdo y a los demás Reyes a sus lados y delante los capitanes y señores, apartando la gente hasta que llegaron al palacio Real que había sido de su padre de Motecuzuma, Axayacatzin, y entrando en una gran sala en donde tenía Motecuzuma su estado, se sentó y a su derecha mano a Cortés, e hizo señas Cacama que se apartasen todos y diesen orden en aposentar los cristianos y amigos que traían en aquellos grandes palacios, y se hizo todo y proveyó abundantemente de comer, y Motecuzuma, por lengua de los farautes, le dijo estas palabras” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 247, 248).

Moctezuma Xocoyotzin le dice a Cortés tu casa es mi casa.

El náhuatl que hablaban los nobles, pipilmeh, era muy elegante y educado así es que le dijo tu casa es mi casa, pero Hernán Cortés se lo tomó literalmente, dándole razón a la advertencia que le hizo Cuitláhuac.

“Señor, seas bienvenido, descansa que en tu casa estás, y regálate, que todo lo que yo soy y tengo está al servicio de vuestro emperador en nombre de quien vienes, y así mismo, señor capitán, lo estaré al vuestro, y la parte del tesoro que yo tengo y heredé de mi padre, cada vez que quisieras está al servicio del emperador; y porque vienes cansado por ahora no habrá lugar de más, y con esto se despidió; y Cortès quedó espantado de tanta majestad. Fuera el Rey, y Cortés miró luego por la fortaleza de la casa y aposentamientos de los suyos; y luego le trajeron de comer una de las más opulentas comidas que deben de haber dado en el mundo con mucho y muy buen servicio y vajilla de oro labrado á lo bárbaro, y de esta suerte pasaron algunos días.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 248).

Primera plática formal entre Moctezuma Xocoyotzin y Hernán Cortés.

“Volviendo a nuestro México decimos que otro día por la mañana Motecuzuma envió a visitar a Cortés y él le recibió con mucho acatamiento, y el Rey le dijo por su intérprete si se le había dado todo recado etc., y el Cortés le respondió que todo había estado tal etc., y le rindió las gracias: y el Rey le preguntó por su gente diciéndole le dijese quién eran, si eran criados o vasallos, y si había gente de cumplimiento entre ellos por no quedar con los de valor y prendas corto; y el Cortés le respondió que todos eran sus amigos y compañeros, y cada uno de ellos era tan bueno como él, excepto la dignidad de capitán, y el Motecuzuma se holgó de ello y así mandó que a todos los españoles los honrasen y diesen lo necesario, con lo cual, Cortés le dijo que le quería tratar negocios muy importantes y secretos que él no entendía, y declararle quién era el gran señor en cuyo nombre había venido, y holgando el Rey de oírle el Cortés por lengua de Aguilar y Marina le declaró los misterios de la fe.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 249).

Hernán Cortés se proclama como negociador de paz.

“Venimos a ver al Rey de nuestros hermanos y amigos los de Tlaxcala, los cuales nos recibieron con mucha humanidad, haciendo con nosotros amistad y hermandad, y después de otras cosas y buenos tratamientos, se nos quejaron que vosotros los Mexicanos les hacen grandes agravios y daños, y les dan guerras muy continuas, de manera que nunca gozan de paz ni de la seguridad de sus personas, tierras y haciendas, sino que siempre los poneis en grandes trabajos. Habiendo oído esto, yo y mis hermanos los españoles, juntamente con ellos hemos venido a su ciudad para saber de ambas partes quien tiene la culpa de estos daños y desasosiegos, pues queremos poner remedio en ello, y que vivan en paz y que se traten como hermanos y próximos, y hasta saber esto y hacer esta consideración, estaremos aquí con ustedes como con señores y amigos, lo cual se irá haciendo poco a poco, sin ningún alboroto ni maltratamiento de los unos ni de los otros.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 150).

Hernán Cortés le predica a Moctezuma Xocoyotzin 

“Le declaró quién era la persona del emperador don Cárlos, y cómo era cabeza del imperio de todos los cristianos, y quién era el papa, y cómo venia con su licencia y nombre suyo, los cuales teniendo noticia de él le tenían lástima que siendo tan gran señor estuviese ciego y en un error tan grande como el de la idolatría, y así él venia a solo eso, por lo cual le suplicaba que se bautizara, que el emperador se lo rogaba y le ofrecía su amistad, con condición que como a emperador de los cristianos le reconociese y tuviese por cabeza, y que esto se entendía siéndose el señor como lo era de su reino.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 250).

Moctezuma Xocoyotzin acepta ser tributario del Rey de España.

“A todo esto había estado Motecuzuma muy atento y con gravedad y dijo que se había holgado mucho de haber entendido misterios tan altos y de ser amo del emperador, y así en señal de esta amistad y nueva Religión que le enviaba, le daría cada un año lo que fuese bueno, y al presente partiría con él de sus tesoros para ayuda del gasto que había hecho; lo cual oído por Cortés se holgó mucho y se le humilló. Aquí hay opiniones, porque unos dicen que él luego se baptizó y se llamó don Juan, otros dicen que no, sino que murió sin baptismo; pero sea como se fuera que ello pasó así, y luego Motecuzuma asió á Cortés de la mano y le mostró todo el palacio, y le dijo como eran las casas reales del Rey su padre, y le enseñó un gran tesoro del mismo padre, y que para cuando se fuera le daría para el emperador. Cortés le rindió las gracias y quedó admirado de tanta suma de oro; y desde allí se despidieron y cada uno se fue a su palacio; y venia después muy a menudo a visitar a Cortés y a los suyos y gustaba de su conversación.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 250).

Moctezuma Xocoyotzin se deja apresar.

Como leímos en la entrada de Tlacahuepan, quien prefirió arrojarse de lo alto de un madero antes que traicionar a los mexicas, a Moctezuma Xocoyotzin lo dominó la cobardía y en lugar de morir luchando por evitar ser cautivo, se fue dócilmente con los castellanos.

“En este tiempo recelándose el Marqués no resultara de esto algún inconveniente prendió al gran Rey Motecuczuma, poniéndole con grillos y á buen recaudo en las casas reales junto à su mismo aposento, y con él otros grandes y principales.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 151).

“Había muerto un cristiano, fingiendo que le cargaba al Motecuzuma la culpa y no la castigaba, dio orden de prenderlo en sus palacios, y así poniendo su gente a punto y por los puestos señalados, se fue al palacio de Motecuzuma que estaba bien descuidado y recibiendo con alegría a Cortés el Cortés le dio la carta y le dijo por lengua de su intérprete la causa y razón, y quejándose mucho de Cuauhpopoca, y que este decía que por mandado suyo lo había hecho, y Motecuzuma respondió que no sabía nada, y para que supiesen su inocencia enviaría por Cuauhpopoca que se asegurase, y con esto sacando un anillo del dedo en que estaba impresa su figura se le dio á dos señores, los cuales fueron a él y le hallaron en la frontera de Otumba aunque no contento con esto el Cortés le dijo que aunque le trajeran convenia al bien común y a la quietud de sus soldados se fuese con él a su aposento, donde seria mirado como su misma persona y gobernar desde allí, y que esto hacía por aplacar a sus compañeros que estaban indignados y se quejarían de él etc.; lo cual visto por Motecuzuma replicó a su determinación por dos o tres veces, pero por no alborotar a sus vasallos dijo que iría, y así los dos con algunos españoles se fueron al aposento de Cortés, el cual dijo a Motecuzuma que dijera a sus vasallos como de su voluntad iba para mejor poder tratar de las cosas de su salud y provecho; y así se hizo y quedó preso. Visto esto el Rey Cacama y entendida la prisión de su tío llamó a don Pedro Cohuanacotzin su hermano y se fueron a Tezcuco con intento de juntar gentes y armas para venir contra les españoles, pero no tuvo efecto respecto de don Hernando que estaba de por medio y aún el mismo Motecuzuma dio orden como se le trajeran a México al Cacama como adelante se dirá.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 251, 252)

La masacre en la noche de Tóchcatl por Pedro de Alvarado.

“Salió toda la flor de la caballería a este baile, todos ricamente ataviados y tan lucidos que era contento verlos. Estando los pobres muy descuidados, desarmados y sin recelo de guerra, movidos los españoles de no sé qué antojo (a como algunos dicen) por codicia de las riquezas de los atavíos, tomaron los soldados las puertas del patio donde bailaban los desdichados Mexicanos, y entrando otros al mismo patio, comenzaron a alancear y herir cruelmente aquella pobre gente, y lo primero que hicieron fue cortar las manos y las cabezas a los tañedores, y luego comenzaron acortar sin ninguna piedad, en aquella pobre gente cabezas, piernas y brazos, y a desbarrigar sin temor de Dios, unos hendidas las cabezas, otros cortados por medio, otros atravesados y barrenados por los costados; unos caían luego muertos, otros llevaban las tripas arrastrando huyendo hasta caer; los que acudían a las puertas para salir de allí, los mataban los qué guardaban lar puertas; algunos saltaron las paredes del patio, y otros se subieron al templo, y otros no hallando otro remedio se echaban entre los cuerpos muertos, y se fingían ya difuntos, y de esta manera escaparon algunos; fue tan grande el derramamiento de sangre, que corría arroyos por el patio. Y no contentos con esto los españoles andaban à buscar los que se subieron al templo y los que se habían escondido entre los muertos, matando a cuantos podía haber a las manos. Estaba el patio con tan gran lodo de intestinos y sangre que era cosa espantosa y de gran lástima ver así tratar la flor de la nobleza Mexicana que allí falleció casi toda.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 152).

“En el entre tanto don Pedro de Alvarado que había quedado en México por su lugar teniente rogó á Motecuzuma que todos les señores sus vasallos hicieran un mitote como sabían, galanos y sin armas, para ver la bizarría y grandeza del Reyno, el Rey lo hizo así y viniendo a su llamado para cierto día todos los mas de los señores principales del imperio, y juntándose en el patio mayor de un templo donde se solía hacer el baile, y viniendo muy apuestos y lozanos etc., Pedro de Alvarado habiendo dejado alguna gente con Motecuzuma de guarnición en las casas reales dio con la demás sobre los pobres danzantes, y mató los más de ellos y les despojó del tesoro que sobre sí traían: de lo cual se sintió tanto la ciudad que por poco no perecieran aquel día; pero al fin ellos se recogieron a su fuerza y Motecuzuma que no sabía lo que era salió a verlo, y topando con Pedro de Alvarado le dijo que habiendo salido a ver la fiesta los habían querido matar y ellos se defendieron de manera que mataron muchos; pero que como eran tantos se habían recogido, que su alteza saliese y les hablase. Motecuzuma que no le cumplía otra cosa sino creerlo, se subió a una azotea desde donde les habló una y muchas veces y ellos le deshonraron y llamaron el cobarde etc., pero no les descercaron la casa por algunos días, antes había cada día nuevos alborotos pidiendo su Rey, y él los aplacaba y aplacó hasta tanto que llegó Cortés de la Veracruz con mayor poder de gente y entró en la ciudad de México.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 254, 255).

México se levanta en armas contra los españoles.

Con esta acción, los mexicas finalmente se emanciparon de la pusilanimidad de su Tlatoani Moctezuma Xocoyotzin y se levantaron en armas contra los castellanos.

“Viendo tan gran crueldad, la demás gente popular comenzó à dar voces y gritos, diciendo arma, arma, y así acudió a la demanda muchísima gente, que no quedó persona que estuviera con ellos, unos con arcos y saetas, otros con dardos y fisgas de muchas maneras, otros con rodelas y espadas al modo que ellos las usaban, que eran unos garrotes de hechura de espada con los filos de navaja de cuatro dedos de ancho, tan cortadoras que afirman todas las historias que hubo hombre que con una de estas cercenó el cuello a un caballo: con este gran recaudo de armas, y mayor coraje y rabia, comenzaron a pelear con los españoles con tal furia que los hicieron retraer a las casas reales donde estaban aposentados. Los tuvieron allí arrinconados de tal suerte, que fue menester todo su poder é industria para defender la fuerza y el muro que tenían.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 153).

Los españoles llevan a la azotea a hablar a Moctezuma Xocoyotzin.

“Hechas las obsequias tornaron à dar sobre los españoles cercados tan furiosamente, que de temor hicieron que subiera el Rey Motecuczuma a una azotea de las casas reales, con un principal de los presos a decirles que se sosegaran porque no podrían prevalecer contra los españoles, pues veían a su señor preso, con grillos, y subido arriba; iban con ellos dos soldados españoles con unas rodelas, amparándolos con ellas de las piedras y flechas que eran infinitas: en viendo los Mexicanos al Rey Motecuczuma en la azotea haciendo cierta señal, cesó el alarido de la gente poniendo todos en gran silencio de escuchar lo que quería decir, entonces el principal que llevaba consigo, alzó la voz y dijo las palabras que quedan ya dichas y apenas había acabado, cuando un animoso capitán llamado Quauhtemoc de edad de diez y ocho años que ya le querían elegir por Rey dijo en alta voz: “¿Qué es lo que dice ese bellaco de Motecuczuma, mujer de los españoles, que tal se puede llamar, pues con ánimo mujeril se entregó a ellos de puro miedo y asegurándonos nos ha puesto todos en este trabajo? No le queremos obedecer porque ya no es nuestro Rey, y como a vil hombre le hemos de dar el castigo y pago.” Y diciendo esto alzó el brazo y marcando hacia él le disparó muchas flechas: lo mismo hizo todo el ejército. Dicen algunos que entonces dieron una pedrada á Motecuczuma en la frente, de que murió, pero no es cierto según lo afirman todos los indios; su fin fue como adelante se dirá.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 154).

La noche triste o jubilosa, según quien cuente la historia.

Para los españoles y los tlaxcaltecas fue la noche triste mientras que para los tenochcas fue una noche jubilosa al haber expulsado y matado a cientos de castellanos y a miles de tlaxcaltecas. 

“Pusieron en riesgo a los españoles, de tal manera que determinó el valeroso don Hernando Cortés salirse a media noche con toda su gente, estando más descuidada la ciudad. Y llegando la hora para efectuar su intento, comenzaron a salir todos con gran secreto, llevando puentes levadizos de madera que habían hecho para pasar las acequias y fosos que les habían puesto. Los más codiciosos del ejército, no queriendo dejar el oro y plata que habían robado, se ocuparon en hacer baúles para llevarlo consigo, y al tiempo que comenzó a caminar don Hernando Cortés unos se quedaron algo atrás para llevar su oro y plata, y otros en el palacio real aliñándolo: en este tiempo había ya pasado el gran capitán con los que iban más aliviados de carga, la una acequia de las que más temían y yendo a emparejar con la segunda que había de pasar, fueron sentidos de una india que iba allí por agua, y de un indio que acaso a aquella hora subió a la azutea de su casa; estos comenzaron a dar voces y apellidar que se huían sus enemigos mortales. algo atrás para llevar su oro y plata, y otros en el palacio real aliñándolo: en este tiempo había ya pasado el gran capitán con los que iban más aliviados de carga, la una acequia de las que más temían y yendo a emparejar con la segunda que había de pasar, fueron sentidos de una india que iba allí por agua, y de un indio que acaso a aquella hora subió a la azutea de su casa; estos comenzaron a dar voces y apellidar que se huían sus enemigos mortales. Entonces cobrando nuevo ánimo todo el ejército Mexicano, salió en seguimiento de ellos con tanta furia y coraje, que comenzaron a hacer gran daño por todas partes a los españoles, y matanza en los pobres Tlaxcaltecas y los demás amigos de los españoles, los cuales, con la turbación y temor los que habían ya pasado de aquel paso con el capitán don Hernando Cortés comenzaron a huir, y los miserables que quedaban cargados de oro y riquezas, cayeron en aquel hoyo, tanto que le hincharon, sirviendo de puente detenido en las casas reales por codicia de no dejar los despojos, los cogieron a unos en la plaza, y a otros dentro; dicen que murieron en la hoya trescientes hombres españoles sin los que cogieron en la ciudad y casas reales, los cuales fueron cerca de cuarenta que los sacrificaron delante de su ídolo, sacándoles el corazón.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 155, 156).

Muerte de Moctezuma Xocoyotzin.

Los españoles afirman que los mexicas mataron a su Tlatoani la noche en que lo sacaron a la azotea para hablar con ellos mientras que los mexicas aseveran que fueron los españoles quienes lo mataron a espadazos, sea cual sea la versión que como lector decidas creer, el hecho es que Moctezuma murió antes de la Noche Triste o Jubilosa.

“Y yendo a buscar al gran Rey Motecuczuma dicen que le hallaron muerto a puñaladas, que le mataron los españoles a él y a los demás principales que tenían consigo la noche que se huyeron, y este fue el desastrado y afrentoso fin de aquel desdichado Rey, tan temido y adorado como si fuera Dios. Dicen que pidió el bautismo y se convirtió a la verdad del santo Evangelio, y aunque venia allí un clérigo sacerdote, entienden que se ocupó más en buscar riquezas con los soldados, que no en catequizar al pobre Rey que tuvo tan desventurado fin a cabo de haber reinado quince años, donde feneció el gran imperio y señorío de los famosos Mexicanos. No quisieron hacer obsequias ni ninguna honra a este miserable Rey, antes el que trataba de ello, le denostaban y afrentaban, y de lástima un mayordomo suyo, él solo, sin más aparato le quemó, y tomando sus cenizas en una olluela la enterró en un lugar harto desechado. Y en esto vino a parar aquel de quien temblaba todo este mundo, y los españoles pagaron sus crueldades y desafueros como queda dicho.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 156).

“Y supo Cortés la causa del alboroto que fue la tiranía de Alvarado y mostró pesarle mucho (aunque otros dicen) que él se lo dejó mandado antes que se fuera. Finalmente viéndose el marques con más de 900 españoles y los amigos que tenía, determinó un caso que aunque le dio otro color, Dios sabe la verdad, y fue que al cuarto del alba amaneció muerto el sin ventura Motecuzuma, al cual pusieron el día antes en un gran asalto que les dieran en una azotehuela baja para que les hablase con un pequeño antepecho, y comenzando a tirar dicen que le dieron una pedrada; mas aunque se la dieron no le podía hacer ningún mal porque había ya más de cinco horas que estaba muerto, y no faltó quien dijo que porque no le viesen herida le habían metido una espada por la parte baja, con el cual achaque comenzaron a dar voces los españoles que habían muerto a su Rey; pero les sucedió al revés que entonces les batían la caza con mayor fuerza; y si don Fernando no se hallara en México con su ejército, sin duda que murieran todos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Número 2, 256, 257).

Fuente bibliográficas:

  1. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
  2. Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

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