Dibujo 12 del Códice Ramírez.

Descripción de la imagen:

En la imagen podemos ver a Moctezuma Ilhuicamina, con su glifo de una flecha que está dentro del glifo que representa al cielo, de ahí su nombre, Fechador del Cielo, cielo (ilhuícatl) y la flecha (mina).

En su brazo tiene un enorme e imponente plumaje de plumas de quetzal colocado en su espalda, el cual denota su altísimo rango militar y gubernamental. Muy similar al famoso Penacho de Moctezuma.

Lo vemos vestido con su tilma y sus sandalias.

Enfrente podemos ver a un señor dándole su xiuhuitzolli, siendo este señor Nezahualcóyotl, a quien podemos reconocer por su glifo de un coyote.

Aquí ya menciona esa alianza con Tacuba y Tezcoco el Códice Ramírez, aunque no lo hizo en la batalla contra Azcapotzalco:

“Concluidas las obsequias, el capitán general Tlacaellel que todavía era vivo, juntó los del consejo supremo con los dos Reyes electores del imperio, que eran el de Tetzcuco y de Tacuba, los cuales, (especialmente el de Tetzcuco,) coronaban a los Reyes de México.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 109).

Lo que nos dice el Códice Ramírez sobre el dibujo 12:

Nombramiento de Moctezuma y se instaura por primera vez que, al asumir el poder, vayan a guerra por prisioneros para ser sacrificados.

“Habiendo hecho su parlamento, sin mucha dificultad eligieron a Motecuzoma primero de este nombre, sobrino del valeroso Tlacaélel. Fué este muy valeroso príncipe, sabio y animoso, hicieron con él nuevas ceremonias en su elección y mayores fiestas con más riquezas y aparato que á los pasados, porque estaba ya el Reyno mexicano rico y poderoso. Luego que le eligieron le llevaron con grande acompañamiento al templo, y delante del brasero divino le pusieron un tren real y atavíos de Rey; tenían juntamente unas puntas de hueso de tigre y venado con que allí se sacrificó en las orejas, molledos y espinillas delante de su ídolo, donde le hicieron sus oraciones y pláticas muy elegantes los ancianos así sacerdotes como señores y capitanes, dándole el parabién de su elección. Había gran regocijo en las elecciones de estos Reyes, haciendo grandes banquetes y bailes de día y de noche con mucha cantidad de luminarias. En tiempo de este Rey se introdujo que para la fiesta de la coronación del Rey electo, fuera él en persona a alguna parte a mover guerra para traer cautivos con que se hicieran solemnes sacrificios: aquel día quedó esto por ley y estatuto inviolable, el cual cumplió muy bien este Rey, porque fue en persona á hacer guerra a la provincia de Chalco, que se les habían declarado por enemigos, donde peleó valerosamente y trajo muchos cautivos con que hizo un solemnísimo sacrificio el día de su coronación, aunque no dejó rendida la provincia de Chalco por ser la gente más esforzada y valerosa que hasta entonces habían encontrado los Mexicanos, y así los rindieron con dificultad como adelante se dirá.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 102).

Para el nombramiento de Moctezuma acuden señores de varios Altepémeh. (Altépetl, Ciudad-Estado, Altepémeh, el plural).

“En este día de la coronación de los Reyes concurría todo el Reino, y otros de más remotas tierras, y demás de las grandes fiestas y sacrificios que había, daban a todos abundantes y preciosas comidas, y vestían a todos, especialmente a los pobres, de diversas ropas, para lo cual aquel día entraban todos los tributos del Rey con grande aparato por la ciudad, que eran en gran número y de mucho precio, así de ropa de toda suerte, como de cacao, que es moneda que acá mucho estiman, oro, plata, plumas ricas, grandes fardos de algodón, chile, pepitas, y otras cosas de especias de esta tierra, muchos géneros de pescados y camarones de los puertos de mar, gran número de todas frutas y de caza sin cuento, sin los innumerables presentes que todos los Reyes y señores principales comarcanos traían al nuevo Rey: venia todo este tributo por sus cuadrillas, según diversas provincias, delante sus cobradores de tributos y mayordomos con diversas insignias. Era tanto en cantidad y entraba con tanto orden que era cosa de ver la entrada del tributo como toda la fiesta, y este era el orden que se guardaba en las coronaciones de los Reyes mexicanos. Se coronó pues en esta forma este poderoso Rey, el cual conquistó gran trecho de la otra parte de la sierra nevada y de estas otras partes casi de mar a mar, haciendo hazañas dignas de gran memoria por medio de su general Tlacaellel, a quien amó muy mucho.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 102,103).

Guerra con Chalco y expansión territorial.

La guerra en que más dificultad tuvo fue la de la provincia de Chalco, porque como queda dicho era gente casi tan valerosa como los Mexicanos, y así estuvieron mucho tiempo en rendirlos. Extendió su imperio casi en todas las naciones. Este fue el que por consejo de Tlacaélel nunca quiso sujetar la provincia de Tlaxcala pudiéndolo hacer con mucha facilidad: la causa que daban era por tener una frontera donde de continuo se ejercitaran y señalaran los mozos en la guerra, y estuvieran diestros para otras conquistas de más importancia, y también para tener de ordinario cautivos que sacrificar a sus ídolos: lo cual se guardó perpetuamente. Era entonces Tlacaélel ya hombre muy experimentado y sabio. Y así por su consejo a industria puso el Rey Motecuzoma primero de este nombre en mucho orden y concierto todas sus repúblicas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 103-105).

Nuevo orden en Tenochtitlan.

“Puso consejos casi tantos como los que hay en España. Puso diversos consistorios que eran como audiencias de oidores y alcaldes de corte: así mismo otros subordinados como corregidores, alcaldes mayores tenientes, alguaciles mayores e inferiores, con un concierto tan admirable que entendiendo en diversas cosas, estaban de tal suerte subordinados unos a otros, que no se impedían, ni confundían en tanta diversidad de cosas, siendo siempre lo más encumbrado el consejo de los cuatro príncipes que asistían con el Rey, los cuales, y no otros daban sentencias en otros negocios de menos importancia, pero habían de dar a estos memorial de ello; los cuales daban noticias al Rey cada cierto tiempo de todo lo que en su Reyno pasaba y se había hecho. Puso así mismo este Rey por consejo e industria del sabio Tlacaellel en muy gran concierto su casa y corte, poniendo oficiales que le servían de mayordomos, maestresalas, porteros, coperos, pajes y lacayos, los cuales eran sin número, y en todo su Reyno sus fatores, tesoreros y oficiales de hacienda. Todos tenían cargo de cobrar sus tributos, los cuales le habían de traer por lo menos cada mes, que era como queda ya referido, de todo lo que en tierra y mar se cría así de atavíos como de comida.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 105).

 También puso orden en materia religiosa.

“Puso así mismo no menos orden que este ni con menos abundancia de ministros de hechicería eclesiástica de sus ídolos, para lo cual había tantos ministros supremos y ínfimos que me certifican que venía a tal menudencia que para cada cinco personas había uno, que los industriaba en su ley y culto de sus dioses. Y un principal muy antiguo encareció aún más esto, porque oyendo decir cuán malos eran los indios, pues no acababan de dejar sus idolatrías y ser buenos cristianos, respondió que cómo habían de olvidar la idolatría los naturales, pues los habían criado en ella con tanto cuidado que en naciendo el niño andaban á porfía muchos ministros que había para ello, cuál le había de criar e industriar en la ley y culto de sus dioses: y cómo habían de ser buenos cristianos si para todo un pueblo y aun para toda una provincia no había sino un sacerdote, y no los entendía para explicarles el Santo Evangelio, y lo que peor era en muchas partes no le veían sino una vez al año, y en de paso concluyó con decir, pongan la mitad de la diligencia que se ponía en la de la idolatría para que seamos cristianos, y serán los indios mejores cristianos que idólatras. Y cierto tuvo mucha razón, porque por experiencia se ha visto, donde hay un poco de cuidado con ellos, se hace mucho fruto, y es gente muy apta para el Santo Evangelio y para todo lo que les quisieren enseñar así de letras como de virtud: en lo cual ha habido mucho descuido: por cuya causa están el día de hoy muchos tan enteros en su idolatría, que para conservarla no es poca parte de tenerlos tan aniquilados que no sirven sino de menos que mozos de espuelas, cargados como jumentos, y como se acuerdan que en su gentilidad eran señores, sacerdotes y reyes, y sus ídolos los honraban tanto que les hacían sus semejanzas y hermanos, dificultosamente lo pueden olvidar etc.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 106).

Creación del Templo Mayor.

Es con Moctezuma Ilhuicamina quien inicia la construcción del Templo Mayor.

Este Rey Motecuzoma el primero, después de haber puesto en tanto orden y majestad su Reyno viéndose en tanta prosperidad, determinó de edificar un templo suntuosísimo para su Dios Huitzilopochtli, y así hizo convocar a todo su imperio, y proponiéndoles su intento trazó el templo, repartiendo a todas las provincias lo que habían de hacer. Acudieron todos con mucha brevedad y abundancia de oficiales y materiales, de suerte que en breve tiempo fue hecho, y estaba tan deseoso este Emperador de mostrarse en la edificación de este templo, que certifican hacia echar en la mezcla que juntaba las piedras, muchas joyas y piedras preciosas, y en la estrena de él hizo tan gran fiesta y aun mayor que la de su coronación, donde sacrificó gran número de cautivos, que como valeroso había traído de sus victorias, dotando así mismo al templo de grandes riquezas, tales cuales para el templo de su imperio se requerían.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 109).

“Motecuzuma el viejo reinó doce años con grandísima paz y quietud; y muy obedecido y respetado de todas las ciudades y provincias comarcanas, y así en este tiempo comenzó a edificar el templo a su Dios Huitzilopuchtli a imitación de Salomón, por consejo de Tlacaélel y de todos sus grandes, y para esto enviaron a llamar a todos los Reyes y Señores de pueblos y provincias, sus sujetos y vasallos, para que acudieran a su gente y materiales para el edificio del templo.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 224).

Guerra contra Tepeac

Los de Tepeacac hostigan a los mexicas.

“Vueltos á México los Mexicanos y hechas sus obsequias a los que murieron en la guerra, estando quietos y sosegados, el Rey Motecuzuma tuvo nueva como los de Tepeacac habían muerto a todos mercaderes de México y Tetzcuco, Tepanecas y Coyohuacas, que andaban en cuadrilla de un tianguez en otro.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 228).

Tepeacac acepta la guerra.

“El Señor de Tepeaca, coyulcul, se apercibió para la guerra contra los mexicas…Se repartió todo el ejército en cuatro partes, la una fué á Tecalco, otra á Quauhtlinchan y otra á Acatzinco, y otra se quedó sobre Tepeacac, y todos al cuarto del alba dieron su seña y arremetieron a un punto, y hora señalada dieron sobre ellos, quitándoles el templo y casa de sus Señores, y haciendo en ellos extrema matanza y robo, y se apoderaron de las cuatro ciudades, de suerte que cuando salió el sol ya estaban en su poder como Motecuzuma lo había prometido, y los de Tepeacac no pelearon, ora por temor, o por cobardes, solo se decía que los señores principales de Tepeacac y el mayor señor de ellos salieron todos llorando, cruzadas las manos, postrándose delante de los Mexicanos y pidiendo misericordia y perdón de su yerro, y ofreciéndose por sus siervos y vasallos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 229).

Batalla contra los huastecos.

“Los guastecas habían muerto y salteado a todos los mercaderes y tratantes que por aquella tierra y lugar andaban los de México, sabiendo lo que pasaba, se apercibieron y aprestaron para la batalla de lo necesario, y puestos en camino, llegaron a vista de sus enemigos, donde por orden de Tlacaellel hicieron una emboscada cubriendo con paja dos mil soldados valerosos, que cada uno tenía ley de no huir a veinte soldados, y otros a diez, y saliendo al encuentro con sus enemigos, los Mexicanos se retiraron hasta que pudieron muy bien los de la emboscada cogerlos en medio a los guastecas, y allí los vencieron con esta ardid, trayendo los Mexicanos grandes y ricos despojos y grandísimo número de cautivos para sacrificar a su Dios.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 230).

Piedra de sacrificios, lo más seguro que sea La Piedra del Antiguo Arzobispado.

De estos cautivos, queriendo Motecuzuma hacer sacrificio a su Dios, llamó a Tlacaellel y pidiéndole consejo le dijo Tlacaellel: “Señor, el sacrificio ha de ser desollamiento, y para esto conviene buscar una piedra grande para que en ella se haga el sacrificio.” Motecuzuma dijo lo ordenara como le pareciera, más que la piedra había de ser redonda, y que al rededor y en la circunferencia se esculpiera muy al vivo la guerra de Azcaputzalco, lo cual se hizo así, y allí se hizo el sacrificio muy solemne, estando presentes todos los señores de las ciudades y provincias circunvecinas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 230).

Ataque de Ahuilizapan, Orizaba, contra los mexicas por instigación de los Tlaxcaltecas.

“Hecho este sacrificio, los Mexicanos enviaron a Cuetlaxtlan a pedirles caracoles y veneras para el culto de sus Dioses, y allá despacharon sus embajadores, y llegados que fueron a Huilizapan que propiamente se dice Ahuilizapan, los señores de él avisaron al señor de Cuetlaxtlan, con quien estaban holgándose los señores de Tlaxcallan, y sabida la nueva, por amonestación y persuasión de los Tlaxcaltecas, envió el señor de Cuetlaxtlan a mandar a los de Ahuilizapan que mataran a los embajadores y a todos los mercaderes y tratantes que hallar pudieran de los que estaban unidos con los Mexicanos, lo cual así se hizo que no dejaron hombre a vida, solos dos hombres de Itztapalapam se escaparon y vinieron a dar la nueva a Motecuzuma.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 231).

Los mexicas vencen a los de Ahuilizapan.

“Sabido lo que pasaba huehue Motecuzuma, llamó a Tlacaellel, y a todo su consejo de guerra, y mandó que se apercibieran para ir contra Ahuilizapan que llamamos Orizaba, y puestos en camino llegaron allá en muy poco tiempo, y llegados junto a Orizaba armaron sus tiendas y enviaron a explorar la tierra con espías, y pusieron centinelas, y por las espías supiera como en Ahuilizapam no había rumor de guerra, aunque estaban ya sobre aviso, y apercibidos y puestos en orden los Mexicanos les salieron al encuentro, y como los Mexicanos los vieron arremetieron con ellos con tanta vehemencia que a muchos de sus contrarios echaron por tierra, los que se defendieron con tanto ánimo y esfuerzo que no hicieron menos daño del que ellos habían recibido, pero al fin los de Ahuilizapan, con todos los que los ayudaban quedaron vencidos de los Mexicanos, y viéndose perdidos los señores de Cuetlaxtlan y de las demás ciudades comarcanas, que los Mexicanos iban asolando sus ciudades, pidieron perdón como era de costumbre y así cesó la persecución y matanza de los Mexicanos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 232).

Cohuayxtlahuacan, altépetl de la Mixteca, ataca a los mexicas.

“En la Mixteca hay un famoso pueblo o ciudad llamado Cohuayxtlahuacan, donde se hacía un muy famoso tianguez al cual acudían todas las naciones, muchos mercaderes y en especial de la provincia da México; los señores de esta ciudad no sé por qué ocasión mandaron a sus vasallos que en saliendo un día de tianguez los mercaderes de la provincia de México, los robaran y mataran sin dejar a ninguno, lo cual así se hizo y solo se escaparon los de Tultitlanl que se escondieron: algunos de ellos vinieron con la nueva á México y contaron a huehue Motecuzuma lo que había pasado, de lo cual avisó luego á Tlacaelle y a los Reyes de Tetzcuco y de Tacuba, y mandó apercibir todo lo necesario para darles guerra a los que tal agravio les habían hecho, y lo mismo se avisó a todas las ciudades comarcanas de México y se juntó grandísimo número de gente para ir a dar la batalla, y muchas más que en todas las pasadas.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 232).

Derrotan con muchos muertos a los de Cohuayxtlahuacan.

“Llegando a los términos de Cohuayxtlahuacan asentaron los Mexicanos su Real y pusieron a punto todo lo necesario para la batalla, y puestos todos en armas caminaron hasta divisar á sus contrarios, y luego como los vieron venir con buen orden y muy lozanos, los Mexicanos arremetieron a ellos con grande alarido y algazara, y revolviéndose entre ellos fue tanta la matanza que en ellos hicieron, que el campo se llenó de cuerpos muertos y se fueron retirando a su ciudad, y los Mexicanos en su seguimiento les ganaron el templo y le pegaron fuego y a todas las casas que era de ver, y así cautivaron gran número de soldados sus enemigos y los vencieron, de suerte que los señores se rindieron y vinieron a pedir misericordia las manos cruzadas y se ofrecieron a ser vasallos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 232, 233).

Cuauhxicalli.

“Llegados a México con la victoria, Tlacaellel dijo a Motecuzuma que mandara se hiciera una piedra que fuera semejanza del sol y que la pusieran por nombre cuauhxicalli, que quiere decir vaso de águilas, la cual dijo se hiciera y mandó que en su asiento y solemnidad se sacrificaran los presos que de Cohuayxtlahuacan se habían traído; esta piedra es la que hoy día esta á la puerta del perdón de la iglesia mayor para hacer de ella una pila de baptismo. En esta piedra, en lo llano de arriba está dibujada la figura de él, y al rededor las guerras que venció Motecuzuma el primero de este nombre, como son la de Tepeacac, de Tochpan, de la Guaxteca, de Cuetlaxtlan, y la de Cohuayxtlahuacan todo muy curiosamente labrado con otras piedras, porque los canteros no tenían en aquel tiempo otros instrumentos.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 233).

Nuevamente los tlaxcaltecas convencen a los señores de Cuetlaxtlan.

“Andaban los de Tlaxcallan tan ansiosos y deseosos de competir con los Mexicanos y de inquietarlos que se fueron a Cuetlaxtlan, a los cuales prometiéndoles su ayuda y favor, los persuadieron que se rebelaran contra los Mexicanos y mataran al gobernador que les habían puesto por la guerra pasada, por lo que ellos hicieron luego, y de aquí dieron ocasión á los Mexicanos que volvieran otra vez contra Cuetlaxtlan con grandísimo número de soldados, y saliéndoles al encuentro los de Cuetlaxtlan y toda su provincia arremetieron los unos con los otros con gran denuedo y osadía y al fin los Mexicanos salieron con la victoria.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 234).

Los macehuales de Cuetlaxtlan explican a los mexicas que fueron sus señores quienes querían la guerra.

“Y como los maceguales que es la gente plebeya vieran la matanza que en ellos se hacía, pidieron audiencia a los Mexicanos, y dada se querellaron de sus señores y mandoncillos, diciendo como ellos habían movido la guerra, que pedían les castigaran, que ellos no tenían la culpa, y que los tributos que ellos los pagaban y no los señores. Vista por los Mexicanos la razón y justicia que los maceguales, tenían y pedían les mandaron traer a su presencia, a sus principales maniatados; lo cual hicieron ellos con mucha diligencia, y traídos delante de los señores mexicanos, mandaron a los Cuetlaxtecas que los tuviesen a buen recaudo y con guardas hasta que Motecuzuma avisara de lo que se había de hacer, y les mandaron que de aquí adelante fuese el tributo doblado que le daban, y nunca en esta ocasión los Tlaxcaltecas les ayudaron en cosa, antes se estuvieron quedos… Moctezuma pidió que fueran degollados por detrás, cortadas sus cabezas y no por la garganta, y que fueran a ejecutar esta justicia dos oidores del consejo supremo, y así ellos mismos los degollaban con unas espadas de navaja y con esto quedaron los maceguales muy contentos y les pusieron otro gobernador de México y les pusieron otros señores nuevos de su mesma nación, y vueltos los ejecutores a México dieron razón de todo lo que habían hecho.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 234).

El altépetl de Oaxaca, ataca a los mexicas.

Los de Guazacualco les dan oro y otros adornos a los mexicas, pero algunos del altépetl de Mictlán los asaltaron.

“Y volviéndose a su ciudad los correos cargados con lo que en Guazacualco les habían dado, llegaron a un pueblo que está antes de Huaxacac, que se llama Mictlan; llegados allí, los de Huaxacac tuvieron noticia de su llegada, y saliéndoles al camino a la salida del pueblo de Mictlan, los mataron y les quitaron todo cuanto traían, y los dejaron fuera del camino para que las auras los comieran como lo hicieron. Viendo Motecuzuma que los mensajeros se tardaban y que no había nueva de ellos, lo tuvo por mala señal, y estando con determinación de enviarlos a buscar, llegaron unos mercaderes de Amecameca que venían de Guazacoalco, los cuales dieron la nueva de como los guaxaqueños habían muerto a los correos reales de Motecuzuma, lo cual sabido por Motecuzuma le dio grandísima pena, y luego mandó llamar a Tlacaellel y le contó lo que había pasado y tomó parecer con él si se les daría luego la guerra, y quedando de acuerdo que se les diese para cuando la edificación del templo se acabase, para celebrarla con cautivos que trajesen si salían con la victoria, y con esto dio prisa a que se acabara el templo.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 235).

Los mexicas desolaron por completo Oaxaca.

Este pasaje resulta muy interesante porque afirma lo que hemos venido leyendo y que destroza el mito de que los mexicas perdieron contra los tlaxcaltecas y castellanos y aliados porque solo sabían capturar, que nunca mataban en guerra. Aquí en Oaxaca aniquilaron a todo lo que tenía vida, incluidos los árboles.

“Y puestos en camino grande número de soldados, llegaron a Huaxacac y asentaron sus tiendas de suerte que cercaran toda la ciudad, de suerte que nadie podía huirse. Vista por los de Huaxacac cuán cercados estaban de Mexicanos, comenzaron a temer y a desmayar; luego otro día los capitanes Mexicanos, habiendo comido la gente, y apercibidos del orden que habían de guardar en la guerra, y habiéndoles avisado como la voluntad de Motecuzuma era de que aquella ciudad se destruyera y asolara, y que en el llano no quedara piante ni mamante, y que a los que pudieran coger vivos no los mataran, sino que los pusieran á recaudo, y con esto hecha la señal acostumbrada, empezaron el combate, que en breve tiempo hicieron lo que les fue mandado, de suerte que no quedó hombre, ni mujer, ni niño, ni viejo, ni gato con vida, ni casa ni árbol que no lo echasen todo por tierra, y cogieron grande número de esclavos, y tomaron su camino para México, donde fueron llegados y muy bien recibidos á su usanza y como tenían de costumbre.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 236).

Fue tal la desolación del altépetl de Oaxaca, del cual reconocieron que era tierra fértil, que mandaron a repoblarlo.

“Estando pues todos los señores juntos, el Rey Motecuzuma se levantó y les rogó que cada uno acudiese con la gente que pudiese para que la ciudad de Huaxacac se tornase a reedificar y a poblar de nuevo, y así el Rey de Tetzcuco como acudió para esto con sesenta hombres casados con sus mujeres e hijos, el Rey de Tacuba acudió con otros tantos, y finalmente cada señor acudió con los que pudo, y la ciudad sola de México dio seiscientos vecinos casados con sus mujeres e hijos, y así el Rey a todos los que fueron les hizo donación de aquella tierra para que entre sí la repartieran, e hizo señor y virrey de aquella tierra a su primo Atlacol, hijo de su tío Ocelopan, a quien mataron los Chalcas en la guerra, y congregados todos los pobladores en México, el Rey les hizo una plática, animándolos y dándoles grandes privilegios y fueros y exenciones, y les mandó que la ciudad la trazasen de suerte que cada nación estuviese a de por sí en su barrio, y que en todo procurasen que aquella ciudad imitase a la de México, y llegados a Huaxacac poblaron su ciudad conforme a la institucion que su Rey huehue Motecuzuma les dio.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 237).

La hambruna en tiempos de Moctezuma.

“En el año de mill y quatrocientos y cincuenta y Quatro, cuando los indios por la cuenta de sus años contaban Ce Tochtli, que quiere decir un conejo, y los dos años siguientes reinando huehue Motecuzuma, el primero de este nombre, fue tanta la esterilidad de agua que hubo en esta tierra de la Nueva España, que cerradas las nubes casi como en tiempo de Elías, no llovió poco ni mucho, ni en el cielo en todo este tiempo hubo señal de querer llover, tanto que las fuentes y manantiales se fueron y los ríos no corrían y la tierra ardía como fuego y se abría haciendo grandes aberturas y hendiduras, y con esto fue tanta la esterilidad y falta que de todas las cosas había, que la gente comenzó a desfallecer y enflaquecerse con la hambre que padecían, y muchos se morían, y otros se huían á lugares fértiles a buscar con que sustentar la vida.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 239).

Se abren las trojes en donde almacenaban el maíz y el frijol.

“El Rey Motecuzuma viendo que su ciudad y todas las de la comarca se despoblaban, y que de todo su Reyno venían a clamar y darle aviso de la gran necesidad que se padecía, mandó llamar a todos sus mayordomos, factores y tesoreros que tenía puestos en todas las ciudades de su Reino, y mandó saber de ellos la cantidad de maíz y frisol, chile, chía y de todas las demás legumbres y semillas que había en las trojes reales que en todas las provincias había cogido para su sustento real, y ellos dijeron haber en las trojes gran cantidad de bastimentos con que se podía suplir alguna parte de la necesidad que la gente pobre padecía.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 239).

Los alimentaban con tamales y atole para aliviar la hambruna.

“Tanta cantidad de pan y otra tanta de atole y que tantas canoas entraran con el dicho pan y atole, y mandaron que todo esto se repartiese entre los pobres y gente necesitada solamente, y que el pan viniese hecho tamales, y que cada tamal fuese como la cabeza de un hombre, y que no se trajese maíz en grano ni hubiera sacado de ello para otra parte, so pena de la vida: dado este mandato empezó a entrar en México veinte canoas de pan y diez de atole cada día, el Rey puso regidores y repartidores de este pan, los cuales recogían toda la gente pobre de todos los barrios, viejos y mozos, chicos y grandes, y les repartían el pan conforme a la necesidad de cada uno, y a los niños aquel atole, dándoles á cada uno una escudilla grande de ello.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 240).

La hambruna en tiempos de Moctezuma Ilhuicamina empeora.

Empeoró la hambruna a tal grado caían muertos de hambre en el camino y vendían a sus hijos. 

“Pasado un año que el Rey daba este sustento, vino a tanta estrechura el año siguiente y diminución de sus trojes, que el Rey no se podía sustentar, y así avisado de sus mayordomos cómo ya sus graneros reales se iban acabando, mandó juntar todos los de la ciudad, viejos y mozos, hombres y mujeres, y les hizo un último banquete de lo que restaba del maíz y de las demás semillas, y después que hubieron comido, los mandó vestir a todos, y al cabo les hizo una lastimosa plática consolatoria, la cual acabada empezaron los indios a dar grandes gemidos y á derramar muchas lágrimas. Viendo que ya no tenían remedio, dieron en irse y dejar la ciudad a buscar su vida, y se acogían á los pueblos que entendían hallar hombres poderosos y que los sustentasen, y vendían los hijos, y daban por un niño un cestillo muy pequeño de maíz a la madre o al padre, obligándose a sustentar al niño todo el tiempo que la hambre durase, y muchos de los que se iban a otros pueblos se caían muertos por los caminos, arrimados a las…” Así terminan los Fragmentos en el Códice Ramírez, seguramente el resto se extravió o nunca se alcanzó a escribir. (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, Fragmentos, 241).

Muerte de Moctezuma Ilhuicamina

“Gobernó este Rey con tanta suavidad que fue muy bien quisto y amable de sus vasallos, tanto que todos los que habían sido enemigos de la nación mexicana, se aficionaron y confederaron con ellos por medio de este Rey, y estando en esta paz y contento adoleció de una enfermedad grave de que murió dejando en gran desconsuelo y llanto a todo el Reino, habiendo reinado veinte y ocho años. Le enterraron solemnísimamente con gran sentimiento, haciendo las obsequias al modo que queda referido. La figura de este Rey es la que sigue.” (Códice Ramírez, Orozco y Berra / Virgil 1878, 109).

Fuente bibliográficas:

  1. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Clementina Battcock y Paloma Vargas. El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2024.
  2. Crónica mexicana. Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado Tezozómoc hacia el año MDXCVIII; anotada por Manuel Orozco y Berra y precedida del Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias, y de un examen de ambas obras, al cual va anexo un estudio de cronología mexicana por el mismo Orozco y Berra. Ed. José María Vigil. México: Imprenta y Litografía de Ireneo Paz, 1878. Edición digital en Apple Books: Crónica mexicana (Apple Books). La edición electrónica fue publicada por la Secretaría de Cultura en 2017.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *