“Tizocicatzin fue el séptimo señor de Tenochtitlan, y lo fue cuatro años, y no hubo guerras en su tiempo.” (Sahagún, Libro Octavo, Capítulo I, p. 431).

Nombramiento de Tízoc como Tlatoani.
De acuerdo con Tezozómoc, a la muerte de Axayácatl quisieron nombrar a Tlacaélel como Tlatoani, pero volvió a rechazar el ofrecimiento:
“Ya les consta señores y hermanos, como el tercer rey que fue Moctezuma Ilhuicamina, mi propio hermano, es verdad, que venía a mi derecho, pero yo no puedo admitir, y así digo que Tizoczic es de la descendencia, sangre y linaje y casa de Moctezuma y su legítimo sobrino, y así, si les parece a ustedes, a él señalo para que lleve el gobierno de este imperio mexicano, y la propia casa y templo de Huitzilopochtli.” (Tezozómoc, p. 676).
“Entonces, año 2 Calli, 1481, murió Axayácatl; y enseguida se enseñoreó Tizócic.” (Chimalpáhin, p. 405).
“Murió el rey Axayacatl el año 1481. al cual hechas las obsequias y ordinarios presentes y ceremonias prolijas, luego se entendió en elegir nuevo rey, y ese mismo año fue electo, de común consentimiento y legítimamente por voto de los Señores y por todo el pueblo, el rey Tizozicatzin, del cual antes que empecemos a tratar, por ser su vida breve y hechos muy pocos.” (Durán, pp. 302, 303).
Ya con Tízoc, las ceremonias del nombramiento como tlatoani era ostentosa y venían de muchos Altepémeh a hacer sus cumplimientos y dar la obediencia, de lugares como Chalco, Xochimilco, Cuitlahuac, Mizquic, Culhuacan, Mexicatzinco e Iztapalapa. (Durán, pp. 302 – 307).
Batalla contra Meztitlan.
Como era costumbre, requerían de prisioneros de guerra para darle la bienvenida con honores al nuevo tlatoani, y esta vez, las víctimas fueron los de Meztitlan, en el actual Estado de Hidalgo, cerca de Tulancingo.

Se reunieron de varios Altepémeh, recordemos que Altépetl era una Ciudad-Estado y en plural se dice Altepémeh. Fueron varios, de Texcoco, Tlacopan, Ixmiquilpan, Actopan, Atotonilco. Mientras los Altepémeh que quedaban de paso, como Tulancingo, eran los encargados de alimentarlos y darles alojamiento. Algunos de los alimentos que les daban en la batalla para recobrar fuerza, eran atole y pinole. (Tezozómoc, p. 683, 685).
Fue una batalla muy aguerrida puesto que los de Meztitlan pelearon con bravura y no retrocedían, antes bien, como estaban en sus tierras, tenían soldados que entraban a la batalla frescos y esto hizo que muchos de los mexicas y sus aliados perecieran.
Casi final de la batalla, se mandó a los más jóvenes a para que tomaran la mayor cantidad de prisioneros de guerra.
Al final, el saldo fue de 300 mexicas y aliados muertos y solamente 42 prisioneros de guerra. Un fracaso total pero que lo publicitaron como una victoria en Tenochtitlan y fueron recibidos con música y fiesta de victoria, no en duelo como contra Michoacán. (Tezozómoc, p. 687).
Pero para la cosmovisión mexica no era un fracaso, como narra Durán las palabras que Tízoc les dijo a los mexicas:
“Señores y valerosos soldados y capitanes, ya hemos hecho de nuestra parte lo que somos obligados y no se ha podido hacer más, veo que nos faltan trescientos hombres de nuestros hijos y hermanos y sobrinos, a esto venimos sujetos, también como a vencer, y si alguna honra en esta guerra emos ganado, a estos muchachos se debe atribuir y ellos pueden gloriarse que por ellos volvemos vivos a nuestras tierras y a ellos doy la honra de esta batalla. Los presos son muy pocos, yo les agradezco lo que han hecho y vayan con Dios cada uno a su lugar, pues no ay aquí más que hacer. Ellos dieron las gracias, y luego tomó cada uno la vía que mejor le pareció.” (Durán, p. 314).
Por su parte, los ancianos, familiares y las personas, hacían el duelo de la siguiente manera:
“Desdichados mexicanos, que dejaste a su ciudad de México para no verla más, pero qué se ha de hacer, pues fueron al ejercicio de la muerte por honra de vuestro dios Huitzilopochtli, y allá fueron todos asidos de las manos a gozar y a ver el modo que viene la casa del sol, delante de quien andan volando y diciendo esto y otras muchas lástimas con que provocaban a llorar a la gente, pasaban delante los pies de la estatua y rodeaban la piedra del sol a la redonda.” (Durán, p. 315).
Resulta interesante conocer uno de los usos que le daban a la Piedra del Sol o llamado Calendario Azteca, la cual sirvió para hacer sacrificios y también a manera de altar.
Tras esta batalla, ya tenían prisioneros de guerra para los sacrificios y hacer de manera solemne el nombramiento como tlatoani de Tízoc. Los Altepémeh llegaron con gran cantidad de regalos y ofrendas:
“Muy galanas, unas mejores que otras, joyas, plumas, que no tuvieron número, cacao, rosas, frutas, gallinas y gallos, sin cuento ni medida, pan y maíz de todo género, conejos, codornices, venados y de todo género de cazas, sacados de las partes donde lo había, todo en tanta cantidad y abundancia que era cosa de espanto, todo fue entregado a la casa del mayordomo mayor, que se llamaba Petlalcálcatl, el cual nombre quiere decir, mayordomo mayor que tiene cargo de la despensa Real, o tesorero que tiene cargo de la hacienda Real, el cual tomó a todos los mayordomos de todas las ciudades y provincias dichas, y guiándolos él se fue con ellos delante el rey, el cual estaba sentado en su trono y junto a el viejo Tlacaélel, y sacaron a todos los presos que de Meztitlan habían traído, aunque pocos, y encima de la piedra del sol los sacrificaron.” (Durán, pp. 316 – 322).
Los mexicas no contaban con sistema carcelario ni penitenciario, sin embargo, sí tenían unas jaulas de madera en las que encerraban a los que iban a ser sacrificados. No estaban en un solo lugar, sino que se repartían en los distintos barrios de la ciudad y estaban al cuidado de diversas personas, quienes los trataban con honor:
“Llegados allí, que ya estaban los cautivos de guerra, venían por sí los cautivos de los muchachos, y allí les saludaron diciendo: sean bienvenidos los hijos del sol, del aire, noche, tierra y agua, y les hicieron gran recibimiento a los cautivos.” (Tezozómoc, p. 688).
Alvarado Tezozómoc dice que, a esas cárceles o jaulas, les llamaban Cuauhcalco, que significa cárcel o casa fuerte del águila. (Tezozómoc, p. 522).
Legado de Tízoc.
Al haber sido tlatoani solo por cuatro años, su legado es corto, pero no por eso menos importante.
“En el año 3 Tochtli, 1482, se demolió el Teocalli, porque Tizócic quería agrandar la casa de Huitzilopochtli”. (Chimalpáhin, p. 405).
Este dato lo podemos corroborar con las investigaciones arqueológicas que se han hecho en el Templo Mayor, donde por las fechas, podemos ubicar esta construcción en la etapa cinco, son los pisos inferiores que vemos cuando entramos al museo.
Recordemos que cuando había que crecer el Templo Mayor, usaban como base el que ya estaba y sobre él hacían la ampliación.

Imagen Cronología de las ampliaciones arquitectónicas del Templo Mayor.
Para esta reconstrucción, pidieron tributo a los Altepémeh sojuzgados, entre ellos a Chiapan:
“En este año, 4 Ácatl, 1483, los de Chiapan entregaros a los mexicas como tributo vigas de ahuhuete, y las estuvieron arrastrando desde Xilotépec durante varios días; pero luego abandonaron la tarea, quemaron sus mecates y destrozaron las vigas. Se rebelaron así mismo los tlatoque Citlaltépec, de Tzompaco y Chiapan.” (Chimalpáhin, p. 405).
No debemos confundir Chiapan con el Estado que hoy conocemos como Chiapas. Este Chiapan era de gente otomíe y mazahua, ubicado entre lo que hoy es Estado de México y Michoacán, denominado hoy como Chapa de Mota.
Y no fueron los únicos que se rebelaron, también los de Totomihuacan y los matlatzincas:
“En este año, 5 Técpatl, 1484, los mexicas cumplieron 160 años de estar en Tenochtitlan. Entonces se rebelaron los de Totomihuacan, y mataron a unos mexicas; también se rebelaron los matlatzincas, y por eso fueron a refugiarse en Michhuacan.” (Chimalpáhin, p. 405).
De estos datos que nos proporciona Chimalpáhin podemos sacar muchas conclusiones.
Una, que Tenochtitlan fue fundada en 1324, algunos dicen que en 1321 y otros que en 1325 pero Chimalpáhin la ubica en 1324.
Por otra parte, que los matlatzincas se fueran a refugiar a Micchuacan, lo cual significa que los taracos se sabían invencibles ante los mexicas.
Con respecto a los Altepémeh que se rebelaron, eso no era novedad, muchos se rebelaron, pero fueron castigados, como pudimos leer en los anteriores tlatoanis. Sin embargo, Tízoc no era un tlatoani belicoso y no hubo castigo alguno, lo que pudo traer como consecuencia que los demás Altepémeh se insubordinaran y por lo tanto, decidieron terminar con el señorío de Tízoc, lo cual solo podría darse con su muerte, a lo cual indica que le dieron un bocado, es decir, lo envenenaron.
“Acabado el sacrificio, la ciudad se desocupó de los señores y huéspedes y quedó sola y con su rey, el cual, dice la historia, que en cuatro o cinco años que reinó, que su ejercicio era estarse encerrado, sin mostrar brío en cosa ninguna, antes mucha pusilanimidad y cobardía y que propuso, por importunaciones de Tlacaélel, de acabar de edificar el templo, que no estaba acabado un gran pedazo del edificio, pero que antes que lo empezase, viéndole los de su corte tan para poco, y no nada republicano, ni deseoso de engrandecer y ensanchar la gloria mexicana, que creen que le ayudaron con algún bocado, de lo cual murió muy mozo y de poca edad.” (Durán, pp. 321, 322).
Una de las esculturas más famosas, por su tamaño y los detalles grabados de batallas en su circunferencia, es la Piedra de Tízoc, así denominada aunque todo indica que esas batallas más bien fueron ganadas por sus hermanos, Axayácatl y Ahuízotl.

Muerte de Tízoc.
“En este año, 7 Tochtli, 1486, murió Tizócic, y enseguida se enseñoreó Ahuitzotzin.” (Chimalpáhin, p. 405).
“Murió el año 1486, cual muerte luego fue divulgada por todas las provincias y le fueron hechas las obsequias al mesmo modo y manera que al rey pasado, viniendo a ellas todos los reyes y señores con sus esclavos y presentes, las cuales obsequias duraron cuatro días, y después, al cabo de ochenta días, mataron otros tantos esclavos y corcovados y enanos , con todos los esclavos de su casa , sin quedar ninguno , para que allá le fuesen a servir, enterrando con sus cenizas a todas sus joyas y riquezas.” (Durán, p. 322).
“Antes que este mozo usase de tantas crueldades, murió, y allá fue con Huitzilopochtli” (Tezozómoc, 699).
“Reinó cuatro años sin hacer cosa memorable ni mostrar afición a la guerra, por cuya causa los mexicanos le ayudaron a morir con ponzoña, y así feneció este rey.” (Códice Ramírez, p. 152).
Fuentes consultadas:
Durán, D. (1867). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme (Tomo I). Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante.
Sahagún, B. de. (2006). Historia general de las cosas de Nueva España (Colección Sepan Cuantos, núm. 300). Editorial Porrúa.
Alvarado Tezozómoc, H., Orozco y Berra, M., & Vigil, J. M. (2017). Crónica Mexicana precedida del Códice Ramírez. [Versión digital]. Secretaría de Cultura. https://books.apple.com/mx/book/cronica-mexicana/id1202863320
Chimalpáhin, Domingo. (2003). Las Ocho Relaciones y el Memorial de Colhuacan, Tomo I. Cien de México.
Matos Moctezuma, E., & Ledesma Bouchan, P. (2023). El Templo Mayor, zona arqueológica y museo. Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Badock, C., & Vargas, P. (2024). El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Fondo de Cultura Económica.
Imagen Cronología de las ampliaciones arquitectónicas del Templo Mayor. Ilustración de Michelle De Anda. Tomado de El Templo Mayor, zona arqueológica y museo (2023), por E. Matos Moctezuma y P. Ledesma Bouchan. Cortesía del Proyecto Templo Mayor / INAH.

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