Cuando pensamos en la caída de México-Tenochtitlan solemos imaginarnos el estruendo de la guerra: choques de armas, el agua agitándose con las canoas y bergantines, los tambores de guerra sonando sin parar. Pero también hubo palabras, muchos gritos e insultos entre los bandos que nos han llegado gracias a los cronistas.

Bernal Díaz del Castillo, en su Verdadera Historia de la Conquista, describe cómo durante los 93 días de sitio la ciudad retumbaba de voces:
“De noche y de día daban tantos gritos y voces… otros llamando a los de las canoas… otros aderezando vara y flecha… y las mujeres haciendo piedras para las hondas. […] De noche y de día teníamos el mayor ruido, que no nos oíamos los unos a los otros… quedamos tan sordos todos los soldados como si de antes estuviera un hombre encima de un campanario y tañese muchas campanas, y en aquel instante que las tañían cesasen de tañerlas”
Pero tras la rendición de Cuauhtémoc, dice Bernal, llegó un silencio tan profundo que comparaba el cambio con si cesaran de golpe las campanas de un campanario.
¿Y qué se gritaban?
El cronista Francisco Cervantes de Salazar nos cuenta muchos de esos insultos y desafíos. Por ejemplo:
Tras una derrota española, los mexicas se burlaban en español:
“¡Manda capitán! ¡Ay Santa Malía! ¡Sayo, bonete, zapatos!”
También hacían escarnio del apellido de un soldado muerto:
“¡Guzmán, Guzmán!”
Y en otros momentos lanzaban amenazas terribles a españoles y tlaxcaltecas:
“Malos hombres, robadores de lo ajeno… Vuestra sangre aplacará a nuestros dioses… De vuestra carne se hartarán nuestros tigres y leones.”
“¿Tú piensas, Cortés, que ha de ser la de antaño, y que es viva aquella gallina de Moctezuma? Mal lo has pensado; que de ti y de los tuyos hemos de hacer un gran banquete a los dioses. Cortés se río”.
A los tlaxcaltecas, sus antiguos enemigos y ahora aliados de los españoles, les gritaban con desprecio:
“Cornudos, esclavos, gallinas, traidores a vuestra nación y a vuestros dioses. Aquí moriréis mala muerte.”
Por supuesto que los tlaxcaltecas también respondían:
“No amenacéis como mujeres… salid al campo y veremos si hacéis lo que decís. Vuestro tiránico señorío se acabará.”
¿Y los españoles?
Ellos tampoco se quedaban callados. Por ejemplo, Cristóbal de Olid se burlaba aceptando la comida que le ofrecían para humillarlo: tomó las tortillas y las cerezas y luego les mostró las nalgas en señal de desprecio.
Algunos españoles incluso sabían náhuatl y se insultaban mutuamente en esa lengua. Rodrigo de Castañeda, conocido por hablarla bien, recibía burlas como “Xicotencatl cuilone” mientras él se reía y contestaba con chistes antes de disparar su ballesta.
También había retos formales:
Un capitán mexica pidió pelear a duelo contra el mejor soldado español. Cortés, con ironía, ofreció enviarle un paje adolescente: “para que veas que hasta los muchachos españoles matan a capitanes tan valientes como tú”. Este duelo lo ganó el joven soldado español de nombre Juan Núñez de Mercado, a pesar de que el soldado tenochca era fuerte y tenía una espada española, pero Cervantes de Salazar dice que no sabían dar estocadas, recordemos que los mexicas usaban Macuahuitl, un palo con filos de obsidiana, mientras que los españoles eran muy diestros con la espada.
Finalmente, los mexicas también advertían a los pueblos aliados de los españoles que se arrepintieran:
“Por tanto, que los que de miedo se querían dar a los cristianos, que mudasen parecer, y que los que no tenían pensamiento de rendirse a los nuestros, que se holgasen, porque en breve verían vengados sus corazones y sus dioses más servidos y reverenciados que nunca, y que los unos y los otros no tratasen de paz con los cristianos si no querían que, después de muertos los mexicanos, los destruyesen, y sus hijos, mujeres y casas y heredades diesen a otros”.
“Quemad, talad y destruid edificios y casas de tantos años, que nosotros os haremos que las tornéis a hacer de nuevo y mejores, porque si nosotros vencemos ya vosotros sabéis que esto ha de ser así, pues lo tenéis entendido del imperio y sujeción que sobre vosotros hemos tenido, y si los cristianos vencieren también las habéis de hacer para ellos; y de esto postrero plugo a Dios que saliesen verdaderos”
¿Qué opinas de este intercambio de insultos, amenazas y desafíos?
Cuéntamelo en los comentarios: la guerra también se libraba con palabras, orgullo y valentía.
Fuentes consultadas:
- Díaz del Castillo, Bernal. Verdadera historia de la conquista de la Nueva España. México: Fernández Editores, 1961.
- Cervantes de Salazar, Francisco. Crónica de la Nueva España II. Disponible en Apple Books.
