La educación de los niños y niñas mexica.

El encuentro entre los europeos y los habitantes de Mesoamérica fue uno que cambió la historia. Seres humanos viviendo a miles de kilómetros de distancia y con una cosmovisión completamente distinta, dos mundos muy diferentes.

Uno de los aspectos que más llamó la atención y que no tenían en Europa, era la educación de los niños dentro de una escuela. Aunada a esta educación las fuentes como Sahagún y Durán nos detallan los que les era enseñado, desde modales hasta ser guerreros, pasando por hilar en el caso de las mujeres y oficios en el caso de los hombres.

Acompáñame a conocer en qué consistía esta educación.

La educación comienza en casa

Así como muchos padres en la actualidad, a mi hijo, que es un adolescente, lo llevo a la escuela secundaria y en casa le he enseñado a lavar su ropa y hacer la limpieza de la casa, entre otras actividades. No como algo impositivo sino como un aspecto de pertenencia y valores que le queden para ser un adulto funcional.

De la misma manera, en la cultura mexica los padres se ocupaban de la educación de sus hijos. Si era hija, la madre le enseñaba a tejer, a lavar, a cocinar. Si era hombre, se le enseñaba a trabajar, algún oficio como alfarero o cargador y a todos les enseñaban el arte de la guerra.

La educación empezaba en casa. Los padres exhortaban a sus hijos de la siguiente manera:

“Tengan paz con todos, con ninguno se desvergüencen. Respeten a todos, no enfrenten a nadie por ninguna causa. No pierdan el tiempo, porque es muy valioso para el mantenimiento del cuerpo. Aprendan un oficio, porque nadie vive de su título, aprendan, sobre todo, cosas de la agricultura, ya que todos los hombres tienen estómago y tripas, tengan cuidado de sembrar los maizales y los magueyes y tunas y frutales. Mira a tu hermano, era humilde con las personas y barría los oratorios. Antes de que estés con una mujer, crece y embarnece y entonces engendrarás hijos de buena estatura. Si te das al deleite, tu esposa te aborrecerá porque no satisfaces su deseo, porque te diste a mujeres antes de tiempo y te acabaste” (Sahagún Libro VI, páginas 329-330, 339, 342).

Si se portaban mal, los golpeaban, los hacían aspirar humo o chile, lo dirigían con el palo, para que respetara a la gente.

A las hijas las exhortaban los padres de la siguiente manera:

“Tu, mi hija preciosa como cuenta de oro, mira que no seas dormidora, lávate la cara y las manos, barre con diligencia, no estés de perezosa en la cama, luego haz tu oficio, ya sea cacao o moler el maíz o tejer o hilar. Aprende bien a hacer la comida y la bebida, por si llegaras a caer en pobreza, no dejes de aprender esto por pereza. Y se diestra en tu oficio como los soldados con su escudo. Mira que no te des al deleite carnal, a la hediondez de la lujuria. Mira quién es tu enemigo y que nadie se burle de ti. No menosprecies a tu esposo, aunque sea un pobrecito labrador u oficial, aunque no tenga que comer, no lo menosprecies.” (Sahagún Libro VI, páginas 333-334).

Las madres les daban los siguientes consejos a sus hijas:

“Mira que tus vestidos sean honestos y como conviene. Cuando hables, no lo hagas con prisa sino sosegadamente, no alzarás la voz ni hablarás bajo, no seas curiosa con tus palabras. Camina sin prisa ni con demasiada lentitud. No lleves inclinada la cabeza ni encorvado el cuerpo ni tampoco muy erguida la cabeza. No vayas mirando para todas partes. Si te topas con alguien, no lo veas con cara de enojada, pero tampoco risueña. Si escuchas palabras por la calle, haz de cuenta que no escuchaste nada. Para que tu marido no te aborrezca, lávate y lava tus ropas. De esta manera nos criaron tus señoras antepasadas.” (Sahagún Libro VI, páginas 334-335).

Las escuelas

Había escuelas, tanto para hombres como para mujeres. Cada barrio o calpulli tenía su Telpochcalli, recordemos que cada calpulli tenía su propio oficio, ya fuera alfarero, amanteca (labrador de plumas) entre otros y también les enseñaban los oficios, algo así como una escuela técnica el día de hoy.

También había varios Calmécac, estaba el Huitznáhuac Calmécac, el Tetlalman Calmécac, el Tlamatzinco Calmécac, el Yopico Calmécac, el Tzonmolco Calmécac.

Incluso había una escuela llamada Mecatlan, allí aprendían a tocar las flautas y el Cuicacalli, en donde aprendían a danzar y cantar las niñas.

“Cuidábanse ante todo de hacer sacerdotes y sacerdotisas, que se criaban en el Calmécac. Todos los hijos de los nobles y de los guerreros se educaban, si eran varones en el Telpochcalli, si eran niñas, en el Telpuchpan. Estos colegios se encontraba dentro del templo.” (Durán p. 84)

Los jóvenes acudían al Telpochcalli, casa de jóvenes, a partir de los doce años y aquí acudían todos, sin importar su clase social, tanto pipíltin, nobles, como macehuales, la gente del pueblo, convivían juntos. Sus labores eran de ir a recoger madera, barrer, aprender a pelear, a lanzar varas con el acatl y piedras con la onda, así como el famoso maquahuitl.

“Predicándoles y los amonestaban para vivir castamente y ayunar, el comer y beber templadamente y con reposo y mesura, y no apresuradamente probándolos, con algunos trabajos y pesados ejercicios para conocer en ellos lo que aprovechaban en la vida. A esta casa llamaban Telpochcalli que quiere decir casa de mancebos o de muchachos donde después de ya criados y enseñados en los ejercicios dichos consideraban en ellos la inclinación que tenían y a lo que más se aplicaban. Se le veían con ánimos y brío de ir a la guerra en teniendo edad luego en ofreciéndose coyuntura en achaque de que llenase la comida y bastimento a los soldados. Otros se aplicaban e inclinaban a religión y recogimiento a los cuales en conociéndoles la inclinación y de esto, luego los apartaban y traían a los aposentos del mismo templo y dormitorios poniéndoles las insignias de eclesiásticos.” (Durán, 117, 118).

Ya más grandes, los pipíltin se separaban y se iban al Calmécac, casa del linaje, donde ya estudiaban materias como matemáticas, historia, escritura y el movimiento de los astros. Estos serían los futuros señores y gobernantes, debido a que del Calmécac salían con buenas costumbres, casta vida, sin reprensión ni afrentas. Les enseñaban a dar buenos discursos, el llamado Náhuatl clásico, el elegante.

El náhuatl que hablaban los macehuales, la gente del pueblo, es conocido como Macehuatlahtolli y es el que sobrevivió hasta nuestro días.

Desde los quince años ya eran enviados a las guerras y ya podían hacer cautivos, lo que les subía de jerarquía.

Todos dormían en el Telpochcali, ahí comían y si a un pilli, noble, le llevaban comida de su casa, la repartía entre todos.

Si se emborrachaban, los mataban a palos.

Otra de sus labores era velar de noche, por si entraban espías o enemigos. Por eso el levantamiento durante la Noche Triste fue tan efectivo, siempre había quien vigilara Tenochtitlan.

Por su parte, las niñas estudiaban en las casas de señoritas, en donde aprendían buenos modales, a tejer, a cocinar, a lavar. Una vez terminada la escuela, ya estaban listas para casarse, ser sacerdotisas u otros trabajos, como hechiceras, parteras o cuidadoras de sus ancianos. Ya de grandes, se iban al Cuicacalli o casa de canto y baile.

El Calmécac era lo más parecido a las escuelas modernas, pero tanto en el Calmécac como en el Tepochcalli, se les enseñaba a ser disciplinados, respetuosos, trabajadores, a pelear, a desvelarse, a adorar a sus dioses, a hablar bien, a saludar y hacer reverencia.

Las escuelas estaban separadas, no eran mixtas. En algunas fiestas, bailaban todos, pero los hombres tenían prohibido hablarles a las mujeres, el castigo era la degradación y humillación. Y si llegaban a unirse una joven con un joven, él y ella eran expulsados de sus escuelas y se tenían que casar.

En estas fiestas los atuendos eran muy vistosos, las mujeres se ponían huipiles completamente blancos y en la fiesta de Huey Tozoztli, de emplumaban las piernas y brazos con plumas rojas.

Como podemos ver, las escuelas estaban bien establecidas en Tenochtitlan y no solo eran escuelas de guerreros, las eran de oficios, de buenos modales, de ejercicios físicos, de disciplina, de moral, de adoración a sus dioses y de respeto a las personas, algo que en Europa tardaría años en establecerse, si bien la primera universidad data de 1088 en Bolonia, no así las escuelas para niños.

Fuentes consultadas. –

Durán, D. (1867). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme (Tomo I). Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante.

Sahagún, B. de. (2006). Historia general de las cosas de Nueva España (Colección Sepan Cuantos, núm. 300). Editorial Porrúa.

López Austin, A. (1985). Educación mexica. Universidad Nacional Autónoma de México.

Revista Arqueología Mexicana.

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