Cuando escuchamos el apellido Krueger, muchos pensamos de inmediato en Freddy, el icónico villano del cine de terror interpretado por Robert Englund. Pero hubo una Krüger real — misma fonética aunque con una ligera variación en la escritura— que también dejó huella, aunque en un terreno muy distinto: el del espionaje, el cine y la alta política mexicana.

Hablamos de Hilda Krüger, actriz alemana y amante de nada menos que Joseph Goebbels, el temido ministro de propaganda nazi. Fue él quien la envió a México durante la Segunda Guerra Mundial, con la misión de operar como espía. Primero llegó como simple turista, luego como actriz, y gracias a su apariencia, esa debilidad que los mexicanos sienten por las rubias y su carisma, no le costó trabajo abrirse camino en la alta sociedad mexicana. Incluso llegó a ser amante del entonces secretario de Gobernación y futuro presidente de México, Miguel Alemán Valdés.
Con la información que obtenía en la intimidad de esas relaciones, Krüger se reunía en San Ángel con agentes de la Abwehr —la agencia de inteligencia militar alemana, algo así como la CIA nazi— para compartir datos relevantes. También participó en operaciones de tráfico clandestino de metales estratégicos que eran enviados a Alemania para alimentar la maquinaria bélica del Tercer Reich.
Durante su estancia en la Ciudad de México vivió en la calle Dinamarca 42, en la colonia Juárez. Según su cartilla migratoria de 1941, su nombre completo era Katharine Hilda Krueger Grossman, nacida el 9 de noviembre de 1912 en Colonia, Alemania. Medía 1.65 metros, tenía el cabello rubio y profesaba la religión protestante.
Si quieres ver a esta espía en acción —aunque no precisamente en labores de inteligencia— puedes buscarla en cuatro películas mexicanas de la época: Casa de Mujeres, El burro que tocó la flauta, El día que murió de amor y Adulterio.
Su condición de ciudadana alemana casi la lleva a la expulsión del país, pero Miguel Alemán intervino y arregló su matrimonio con Ignacio de la Torre Formento, sobrino del célebre Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz y protagonista del escándalo del Baile de los 41. Sí, el famoso “número 42”.
Como era de esperarse, Hilda se enamoró profundamente de México: de su comida, de su gente y, sobre todo, de su historia. Admiraba a figuras como Sor Juana Inés de la Cruz y La Malinche, sobre quienes escribió dos libros: Sor Juana Inés de la Cruz. Su imagen en mi espejo y La Malinche. Para documentarse, tomó clases con Edmundo O’Gorman en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, mientras trabajaba en los Estudios Churubusco.

Después de más de cinco años de matrimonio, se separó de Ignacio de la Torre y regresó a Alemania en 1957, justo en plena cacería de exnazis. En ese contexto, pasó desapercibida y se mantuvo alejada del ojo público. Volvió a México una última vez como turista durante el Mundial de 1986, cuando visitó su antiguo departamento. Murió en Alemania el 9 de mayo de 1991.
Bibliografía:
Cedillo, Juan Alberto. Hilda Krüger. Vida y obra de una espía nazi en México. Penguin Random House, 2016.
Imagen: Der Spiegel
