“El décimo señor que fue de México se decía Cuitláhuac y tuvo el señorío ochenta días, cuando ya los españoles estaban en México, y en tiempo de éste acaeció una mortandad o pestilencia de viruelas en toda la tierra, la cual enfermedad nunca había acontecido en México, ni en otra tierra de esta Nueva España, según decían los viejos, y a todos afeó las caras, porque hizo muchos hoyos en ellas; y eran tanto los difuntos que morían de aquella enfermedad, que no había quien los enterrase, por lo cual en México los echaban en las acequias, porque entonces había muy grande copia de aguas; y era muy grande hedor que salía de los cuerpos muertos.” (Sahagún, Libro Octavo, Capítulo I, p. 432).

Posiblemente, junto con Cuitláhuac, los tlatoanis más respetados actualmente porque representaron la resistencia ante los castellanos, siendo Cuitláhuac el comandante de la Noche Triste o de la Noche Jubilosa, según quien platique la historia.
Se dice mucho de Cuitláhuac y se ha escrito mucho sobre él, en lo personal, es mi tlatoani preferido pero esta serie está enfocada en recabar lo que escriben las fuentes primarias y realmente es muy poco, incluso muchos ni lo mencionan, lo ignoran o le atribuyen sus logros a Cuauhtémoc.
Pero bastaron 80 días para generar una gran victoria que causó muchas muertes de españoles y tlaxcaltecas y para que iniciara la preparación del sitio.
Padres de Cuitláhuac.
“Y acerca de los hijos que tuvieron, Techotlalatzin, segundo señor de Iztapalapan, hijo de Cuitlahuatzin, primero de este nombre, casó con Icelzoatzin, hija del rey Nezahualcoyotzin, en la cual tuvo a Tizacapatzin, que casó con el rey Axayacatzin, en la cual tuvo a Tiyacapatzin, que fue señor de Xilonenco, una de las mujeres y concubinas del rey Nezahualpiltzintli, madre del rey Cacama. El segundo fue Cuitlahuatzin, que vino a ser señor de Iztapalapan por muerte de su abuelo Techotlalatzin, y rey de México.” (Ixtlilxóchitl, Capítulo 54, p. 290).
Cuitláhuac es nombrado señor de Iztapalapa.
“Y luego, el año siguiente de 1489, comenzó Dios a vengar la muerte de tantos miserables hombres con quitar las vidas de algunas cabezas del imperio. Fue que en este año referido murió el rey Chimalpopocatzin de Tlacopan, y en su lugar entró el príncipe heredero Totoquihuatzin su hijo, con acuerdo de las otras dos cabezas Nezahualpiltzintli y Ahuizotzin. Y así mismo en este año se dio principio de algunos señoríos, como fueron Tezozómoc, que fue el primero de Azcapotzalco después de su ruina y destrucción, y en Iztapalapan, Cuitlahuatzin, que ambos eran descendientes de la casa real de los reyes de México.” (Ixtlilxóchitl, Capítulo 60, p. 305).
Aquí vemos tenemos el nombramiento de algunos de los personajes principales que se verían con Hernán Cortés treinta años después.
Cuitláhuac es nombrado Tlatoani.
“En la fiesta de Miccaíhuitl se enseñoreó el señor Cuitlahuatzin, hijo de Axayacatzin; gobernó durante 80 días, y después murió; murió de viruelas, mientras los cristianos se hallaban en Tlaxcallan.” (Chimalpáhin, Quinta Relación, p. 413).
“Solamente le había dicho un capitán de Culúa, que fue preso en Huacacholla, cómo, por su muerte de Moctezuma, era señor de México su sobrino Cuetlahuac, señor de Iztacpalapan, hombre astuto y valiente, y el que le había hecho la guerra y echado de México, el cual se fortalecía con fosos y trincheras y muchas clases de armas, especialmente de lanzas muy largas como las que hallaron en los ranchos de la guarnición de Culúa.” (Gómara, p. 428).
“Muerto que fue Moctezuma, y echados de México los españoles, fue rey Cuetlauac, señor de Iztacpalapan, su sobrino, o como algunos quieren, su hermano.” (Gómara, p. 728).
“De los que en la ciudad de Guacachula se prendieron, en especial de aquel herido, supe muy por extenso las cosas de la gran ciudad de Temixtitan, y cómo después de la muerte de Mutezuma había sucedido en el señorío un hermano suyo, señor de la ciudad de Ixtapalapa, que se llamaba Cuetravacin, el cual sucedió en el señorío porque murió en las puentes el hijo de Mutezuma, que heredaba el señorío, y otros dos hijos suyos que quedaron vivos; el uno dizque es loco y el otro perlático, y a esta causa decían aquellos que había heredado aquel hermano suyo; y también porque él nos había hecho la guerra, y porque lo tenían por valiente hombre, muy prudente. Supe asimismo cómo se fortalecían, así en la ciudad como en todas las otras de su señorío, y hacían muchas cercas y cavas y fosados, y muchos géneros de armas; en especial supe que hacían lanzas largas como picas para los caballos, y aun ya hemos visto algunas de ellas.” (Hernán Cortés, Segunda Carta de Relación, p. 118).
“Y de allí le nombró cómo se llamaba, que se decía Coadlauaca, señor de Iztapalapa, que no fue Guatemuz, el cual desde a dos meses fue señor.” (Bernal Díaz del Castillo, Capítulo CXXVI, p. 557).
“Mandó Cortés a un papa a un principal de los que estaban presos, que soltamos que fuesen a decir al cacique que alzaron por señor, que se decía Coadlauaca, y a sus capitanes, cómo el gran Montezuma era muerto, y que ellos lo vieron morir, y de la manera que murió, y heridas que le dieron los suyos, y dijesen cómo a todos nos pesaba de ello, y que lo enterrasen como gran Rey que era, y que alzasen a su primo del Montezuma que con nosotros estaba, por Rey, pues le pertenecía de heredar, a otros sus hijos; é que al que habían alzado por señor que no le venía por derecho, y que tratasen paces para salirnos de Méjico; que si no lo hacían ahora que era muerto Montezuma, a quien teníamos respeto, y que por su causa no les destruiamos su ciudad, que saldríamos á dalles guerra y a quemarles todas las casas, y les haríamos mucho mal.” Bernal Díaz del Castillo, Capítulo CXXVII, p. 559).
Durán por su parte omite a Cuitláhuac y de inmediato pone a Cuauhtémoc al mando de Tenochtitlan antes incluso la muerte de Moctezuma.
“Montezuma, viendo la traición que los españoles habían cometido y como le habían engañado, empezó á llorar amargamente y pidió á las guardias que le guardaban que le matasen, porque los mexicanos eran malvados y vengativos y que creyendo que él había sido en aquella traición y cometida por su consejo, le matarían a él y a sus hijos y mugeres, lo cual les pedía con mucho ahínco, él y todos los demás que estaban presos; y así como él lo pensó así fue, porque luego los mexicanos y los del Tlaltelolco se confederaron y alzaron por Rey al Señor de Tlaltelolco que se llamaba Cuautemoc, mozo mancebo de hasta diez y ocho años, sobrino del rey Montezuma, y conjurándose contra él le mandaron matar todos sus hijos.” (Durán, Tomo II, Capítulo LXXV, p. 43).
“Y luego por su muerte (de Moctezuma Xocoyótzin), que fue muy sentida de los mexicanos, eligieron y juraron por rey a Cuitlahua, señor de Iztapalapan, hermano de Motecuhzoma, que era su principal caudillo. Y a esta sazón, su capitán general Cuitlahua dio a los nuestros cruelísima guerra y jamás les quiso conceder ninguna tregua. Pasaron entre ellos y Cuitlahua grandísimos reencuentros y peleas, hasta que Cortés perdió la esperanza de poderse tener en México.” (Ixtlilxóchitl, Capítulo 88, p. 425).
Discusión sobre dejar entrar o no a los castellanos a Tenochtitlan.
Dentro de las dudas que tuvo Moctezuma Xocoyotzin respecto de si dejar o no entrar a los castellanos a Tenochtitlan, algunas fuentes recogen el pasaje en el que Cuitláhuac da su sabio parecer, palabras que resultaron ser proféticas. Esta frase y la victoria durante la Noche Triste o Jubiloso, según quien la cuente, son los dos hechos que convirtieron a Cuitláhuac en una leyenda.
“Moctezuma, sabiendo lo que pasaba llamó a su sobrino Cacama a consejo y a Cuitlahuacatzin, su hermano, y los demás señores, y propuso una larga plática en razón de si se recibirían los cristianos y de qué manera, a lo cual respondió Cuitlahuacatzin que a él le parecía que en ninguna de las maneras, y el Cacama respondió que él era de contrario parecer, porque parecía falta de ánimo estando en las puertas no dejarlo entrar, de más de que a un tan grande señor como era el rey, su tío, no le estaba bien dejar de recibir unos embajadores de un tan gran príncipe como era el que les enviaba, de más de que si ellos quisiesen algo que a él no le diese gusto, les podía enviar a castigar su osadía teniendo tantos y tan valerosos hombres como tenía; y esto dijo que era su último parecer, y así el Motecuzoma antes que hablase nadie dijo que a él le parecía lo propio. Cuitlahuacatzin dijo: <<Ruega a nuestros dioses que no metas en tu casa a quien te eche de ella y te quite el reino, y quizá cuando lo quieras remediar no sea tiempo.>>.” (Códice Ramírez, Fragmentos, p. 250).
“Todos los reyes y señores que se hallaron en esta junta estuvieron unos con otros debatiendo sobre el caso un gran rato. Y visto el rey Motecuhzoma que no se acababan de resolver, dijo a su hermano Cuitlahua que con licencia del rey Cacama, su sobrino, a quien competía el primer voto, le dijese lo que sentía como hombre más experimentado en negocios. Cuitlahua le dijo: <<Mi parecer es, gran señor, que no metáis en vuestra casa quien os eche de ella, y no os digo ni aconsejo más>>”. (Ixtlilxóchitl, Capítulo 80, p. 375).
El final de Cacamatzin y Moctezuma fue bajo la espada de los españoles, Cuitláhuac sobrevivió, los venció en una batalla y murió siendo Tlatoani de viruela.
Cuitláhuac recibe a los castellanos en Iztapalapa.
Cuitláhuac era señor de Iztapalapa y le fue ordenado por su hermano, el tlatoani Moctezuma Xocoyótzin, que recibiera a los castellanos en su camino a Tenochtitlan.
“y aquellas personas que conmigo iban de Mutezuma me dijeron que no parase, sino que me fuese a otra ciudad que está tres leguas de allí, que se dice Iztapalapa, que es de un hermano del dicho Mutezuma, y así lo hice.” (Hernán Cortés, Segunda Carta de Relación, p. 61).
“Fue, pues, a dormir en Iztacpalapan, y además de que de dos en dos horas iban y venían mensajeros de Moctezuma, le salieron a recibir buen trecho Cuetlauac, señor de Iztacpalapan, y el señor de Culhuacan, también pariente suyo. Le presentaron esclavas, ropa, plumajes y hasta cuatro mil pesos de oro. Cuetlahuac hospedó a todos los españoles en su casa, que son unos grandísimos palacios, todos de cantería y carpintería.” (Gómara, p. 256).
Gómara de paso nos describe lo bello que era Iztapalapa:
“Tenían frescos jardines de flores y árboles olorosos, con muchos andenes de red de cañas, cubiertas de rosas y hierbecitas, y con estanques de agua dulce. Tenían también una huerta muy hermosa de frutales y hortalizas, con una grande alberca de cal y canto, que era de cuatrocientos pasos en cuadro, y mil seiscientos de contorno, y con escalones hasta el agua y aun hasta el suelo, por muchas partes, en la cual había toda clase de peces; y acuden a ella mucha garcetas, lavancos, gaviotas y otras aves que cubren a veces el agua. Es Iztacpalapan de hasta diez mil casas, y está en la laguna salada, medio en agua, medio en tierra.” (Gómara, pp. 256, 257).
“Bernal Díaz del Castillo escribe algo similar: “Pues desque llegamos cerca de Iztapalapa, ver la grandeza de otros caciques que nos salieron á recibir, que fué el señor del pueblo, que se decia Coadlauaca, y el señor de Cuyoacan, que entrambos eran deudos muy cercanos de Montezuma.” (Bernal Díaz del Castillo, Capítulo LXXXVII, p. 345).
Y también nos narra la belleza de Iztapalapa:
“y de cuando entramos en aquella villa de Izta-palapa de la manera de los palacios en que nos aposenta-ron, de cuán grandes y bien labrados eran, de cantería muy prima, y la madera de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con grandes patios é cuartos, cosas muy de ver, y entoldados con paramentos de algodón.
Después de bien visto todo aquello, fuimos á la huerta y jardín, que fue cosa muy admirable vello y pasallo, que no me hartaba de mirarlo y ver la diversidad de árboles y los olores que cada uno tenía, y andenes llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la tierra, y un estanque de agua dulce; y otra cosa de ver, que podrían entrar en el vergel grandes canoas desde la laguna por una abertura que tenía hecha, sin saltar en tierra, y todo muy encalado y lucido de muchas maneras de piedras, y pinturas en ellas, que había harto que ponderar, y de las aves de muchas raleas y diversidades que entraban en el estanque. Digo otra vez que lo estuve mirando, y no creí que en el mundo hubiese otras tierras descubiertas como estas; porque en aquel tiempo no había Perú ni memoria de él. Ahora toda esta villa está por el suelo perdida, que no hay cosa en pie.” (Bernal Díaz del Castillo, Capítulo LXXXVII, p. 345).
Cuitlahuac está presente en el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés el 08 de noviembre de 1519.“y el dicho Mutezuma venía por medio de la calle con dos señores, el uno a la mano derecha y el otro a la izquierda, de los cuales el uno era aquel señor grande que dije que me había salido a hablar en las andas y el otro era su hermano del dicho
Mutezuma, señor de aquella ciudad de Iztapalapa de donde yo aquel día había partido, todos tres vestidos de una manera, excepto el Mutezuma que iba calzado, y los otros dos señores descalzos; cada uno lo llevaba de su brazo, y como nos juntamos, yo me apeé y le fui a abrazar solo, y aquellos dos señores que con él iban, me detuvieron con las manos para que no le tocase, y ellos y él hicieron asimismo ceremonia de besar la tierra, y hecha, mandó a aquel su hermano que venía con él que se quedase conmigo y me llevase por el brazo, y él con el otro se iba adelante de mí poquito trecho.” (Segunda Carta de Relación, p. 63).

Error de cálculo por parte de Hernán Cortés.
Dentro de los prisioneros que tenía Hernán Cortés no estaba solamente Moctezuma Xocoyotzin sino también Cacamatzin y Cuitláhuac, entre otros. Sin embargo, poco antes de morir Moctezuma libera a Cuitláhuac, un error que le costaría muchas vidas, “que ya tenían elegido buen Rey, y que no era de corazón tan flaco, que le podáis engañar con palabras falsas, como fue al buen Montezuma.” (Bernal Díaz del Castilo, Capítulo CXXVII, p. 560).
Se preguntarán porqué Cuitláhuac no los persiguió hasta acabar con ellos, pero hubo muchas circunstancias adversas. Para julio de 1520 Hernán Cortés ya no estaba solo, tenía de su lado a los tlaxcaltecas, a los totonacas, a la facción de Texcoco comandada por Ixtlilxóchitl y otros Altepémeh aunado a la gran mortandad que dejó la viruela en todo el Anáhuac. Recordemos que Altépetl era una Ciudad-Estado y en plural se dice Altepémeh.
Muerte de Cuitláhuac.
“Todo lo que el cautivo dijo era verdad, excepto que Cuetlauac había ya fallecido de viruelas, y reinaba Cuauhtimoccin, sobrino, y no hermano, como algunos dicen, de Moctezuma.” (Gómara, p. 428).
“No vivió más de sesenta días, aunque otros dicen que mucho menos. Murió de las viruelas que pegó el negro de Narváez.” (Gómara, p. 728).
“Mientras pasaban las cosas referidas en Tlaxcalan, fue tan grande y tan general el daño que hicieran las viruelas que pegó el negro de Narváez que perecieron muchos millares de naturales. Y entre ellos murió el rey Cuitlahua, que había gobernado sólo cuarenta y siete días, y así mismo murió Totoquihuatzin, rey de Tlacopan.” (Ixtlilxóchitl, Capítulo 90, p. 432).
Contrario a Moctezuma que es el tlatoani innombrable, Cuitláhuac tiene una estación de metro en su honor, una colonia y unas estatuas.

Fuentes consultadas:
Durán, D. (1867). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme (Tomo I). Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante.
Sahagún, B. de. (2006). Historia general de las cosas de Nueva España (Colección Sepan Cuantos, núm. 300). Editorial Porrúa.
Chimalpáhin, Domingo. (2003). Las Ocho Relaciones y el Memorial de Colhuacan, Tomo I. Cien de México.
Badock, C., & Vargas, P. (2024). El Códice Ramírez. Hallado, casi perdido, publicado. Fondo de Cultura Económica.
López de Gómara, F. (2013). La conquista de México. N2KT. https://books.apple.com/mx/book/la-conquista-de-m%C3%A9xico/id710399728.
Díaz del Castillo, Bernal. Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España. Fernández Editores, 1961.
Alva Ixtlilxóchitl, F. de. (2024). Historia de la nación chichimeca. Fondo de Cultura Económica.

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