Corría el mes de mayo del año de 1520. Hernán Cortés era ya dueño de Tenochtitlan al tener preso a un Moctezuma lleno de dudas y temores, quien, de acuerdo con Durán, le llegó a pedir a Grijalva que sí llegaran a Tenochtitlan, pero hasta que él hubiera fallecido.
Bajo este contexto, recordemos que Hernán Cortés se apropió de la empresa de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, quien ideó y financió parte de la expedición a estas tierras no exploradas. Al confirmar la usurpación, mandó a un comandante de nombre Pánfilo de Narváez, guapo, alto, de mucho porte, siempre perfumado y lleno de soberbia, así como altanero.
Al enterarse del desembarco y ante las quejas de los totonacas de que Pánfilo de Narváez los maltrataba y abusaban de sus hijas y esposas, decidió partir él mismo para Cempoala para detenerlo. Se fue con doscientos cincuenta soldados, dejando a doscientos en Tenochtitlan, erróneamente, bajo el mando del temperamental Pedro de Alvarado.
Narran las crónicas que Pánfilo de Narváez estaba sumamente confiado por llevar muchos más hombres de los que tenía Cortés, unos 880, así como caballos y mucho armamento.
Pánfilo de Narváez envío mensajeros a Moctezuma, con el mensaje de que él le soltaría y que venía a prenderme a mí y a todos los de mi compañía, e irse luego de la tierra (Cortés 91). Vale la pena comentar que, de noviembre de 1519 a mayo de 1520, ya había varios bilingües, tanto españoles como mexicas,
En una guerra ya sabemos que la soberbia se paga cara, como cuando el Conde de Lorencez dijo: “Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que, desde este momento, al mando de nuestros seis mil valientes soldados, ya soy el amo de México”, sin saber que se toparía con Ignacio Zaragoza, Porfirio Díaz y demás soldados gallardos que lo vencerían.
Fue así como Pánfilo de Narváez, a pesar de que uno de los guardias que logró escapar de Cortés le advirtió de la inminente llegada, lo ignoró y en menos de una hora, perdió esta batalla que pudo haber cambiado el curso de la Historia.
La suerte siempre está de lado de los vencedores y valientes y en esta batalla no solo fue la pronta respuesta de Hernán Cortés y la valentía de él y sus soldados, sino que un dejo de fortuna llegó por medio de unas luciérnagas, quienes estaban rondando en el camino por el que iban pasando Cortés y sus soldados y esto hizo que los hombres de Narváez pensaran que eran miles de personas con antorchas quienes iban tras de ellos.
Bernal narra el final de la batalla de la siguiente manera: Y fuimos muchos de nosotros y el capitán Pizarro a ayudar a Sandoval, que les hacían los de Narváez venir dos gradas abajo retrayéndose, y con nuestra llegada, tornó a subirlas. Y estuvimos buen rato peleando con nuestras picas, que eran grandes, y cuando no me acato oímos voces de Narváez que decía: “Santa María, váleme, que muerto me han y quebrado un ojo”. (Bernal 267,268). Fue el valeroso Gonzalo de Sandoval quien le sacó un ojo a Narváez, con lo cual se selló la victoria.

A pesar de la derrota, Pánfilo de Narváez no perdió su soberbia y le dijo a Hernán Cortés “Señor Capitán Cortés: tener en mucho esta victoria que de mi habéis habido, y en tener presa a mi persona”; ante lo cual Hernán Cortés le respondió que “una de las menores cosas que en la Nueva España he hecho es prenderle y desbaratarle” (Bernal 269).
Claro que esta batalla de 880 soldados contra 250 hombres sin tiro de pólvora ni caballo (Cortés, 94) no se ganó solo con un madruguete, al amanecer se sosprendieron que los españoles de Cortés como armadura solo llevaban unos ichcahuipilli. Aunado a esto, la audacia de Hernán Cortés consistió en corromper a varios soldados de Narváez, sobre todo a través del tesorero que venía con Pánfilo, Andrés de Duero, prometiéndoles oro y diciéndoles que ya era dueño de México. Los soldados de Narváez aceptaron no solo por codicia, sino por los malos tratos que recibían por parte de Pánfilo de Narváez.
La llegada de Pánfilo de Narváez fue de vital relevancia, debido a que, durante la ausencia de Cortés, Pedro de Alvarado cometió una masacre en la fiesta del Tóxcatl, en la que masacró a cientos de mexicas pilli, lo que derivó en una ruptura entre españoles y tenochcas, lo cual trajo posteriormente la huida durante la Noche Triste o Jubilosa, según quien cuente la historia. Pero no solo eso, dentro de los hombres de Narváez, venía un africano con viruela, lo cual produjo una terrible epidemia que mató a miles de naturales, entre ellos a quien había sucedido a Moctezuma, el valeroso Cuitláhuac.
Hernán Cortés no dejó de culpar en los años siguientes a Pánfilo de Narváez por el desastre que conllevó su llegada.
¿Crees que sin esta audaz victoria Hernán Cortés habría conquistado México? Cuéntamelo en los comentarios.
Fuentes Consultadas:
Durán, D. (1880). Historia de las Indias de Nueva España (Tomo II, pp. 14, 51). Imprenta de Ignacio Escalante.
Cortés, H. (2005). Cartas de Relación (pp. 88–95). Editorial Porrúa.
Díaz del Castillo, B. (1955). Verdadera historia de la conquista de la Nueva España (pp. 267–270). Fernández Editores.
