Tras haber vencido a los matlaltzincas en Toluca —batalla en la que el tlatoani Axayácatl fue herido en el muslo por el capitán Tlilcuetzpal—, los mexica decidieron extender su poder hacia Michoacán. Todo parecía listo para otra conquista.
Sin embargo, lo que hallaron en tierras tarascas superó cualquier expectativa. Las crónicas difieren en las cifras: según fray Diego Durán, eran 24,000 mexica contra 40,000 tarascos, mientras que Tezozómoc habla de 32,000 mexica frente a 50,000 tarascos. En cualquier caso, el ejército tenochca estaba en clara desventaja numérica, casi el doble de soldados en contra.
Axayácatl mandó espías para conocer la fuerza del enemigo, y el informe fue desalentador: “Cuarenta mil hombres, todos robustos, altos y valientes; nos sobrepujan en dieciséis mil”. Ante esto, el tlatoani vaciló, pero fue persuadido por los nobles mexica, recordándole que nunca habían retrocedido ante multitud alguna y que abandonar la campaña sería motivo de burla en todo el Anáhuac, nunca la nación mexicana había temido ninguna multitud de gente que sobre ellos viniesen… que qué dirían las otras naciones si dan la espalda. (Durán).
El Caltzontzin, señor de los tarascos, envió mensajeros buscando evitar la guerra:
“¿Qué te trajo acá?, ¿quién te llamó? Mirá, señor, lo que haces, que has sido mal aconsejado” (Durán). Pues de vuestra voluntad venisteis a buscar vuestas muertes, aquí feneceréis todos (Tezozómoc).
Pero Axayácatl rechazó la advertencia y dio inicio a la batalla.
El desastre en Michoacán
El primer día, el ejército mexica fue duramente castigado. Esa noche, los sobrevivientes atendieron a los heridos de flechas, macuahuitl y lanzas arrojadizas, mientras bebían yolatl, un tipo de atole. Al amanecer, reanudaron el combate, pero la derrota fue inevitable.

Ticocyahuacatlal, uno de sus capitanes, le dijo a Axayácatl:
“Ya con los ojos habéis visto las crueles muertes de todos los valerosos mexicanos, ya no podemos más” (Durán).
Los tarascos, en lugar de perseguir hasta el exterminio total, se retiraron con burla y desprecio. Según Durán, si hubieran decidido continuar la ofensiva, quizá hubieran destruido por completo al ejército mexica e incluso marchado sobre Tenochtitlan. De los 24,000 soldados mexica, apenas 4,000 regresaron con vida. Solo los persiguieron hasta la entrada de Toluca: los tarascos haciendo mucho escarnio y burla de los mexicanos se volvieron a su real, no queriendo llevar adelante la victoria que el tiempo les concedía (Durán).
El luto en Tenochtitlan
El duelo duró ochenta días. Los cuauhueuetqueh iban de casa en casa consolando a las viudas:
“Hija mía, no te consuma la tristeza… no murieron arando ni cavando, sino por la honra de la patria, y ahora gozan de los resplandecientes aposentos del sol” (Durán).
Tlacaélel, siempre defensor de la ideología bélica mexica, afirmó que los caídos habían ganado tanta honra muriendo como otras veces venciendo.
Reflexión final
Esta batalla nos recuerda que el imperio mexica no solo conoció victorias arrolladoras, sino también reveses que marcaron sus límites expansionistas. Frente a los tarascos de Michoacán, los mexica encontraron a un rival capaz de detener su avance.
Y tú, ¿qué opinas de esta batalla? ¿Crees que fue un punto de inflexión en la historia del Anáhuac?
Bibliografía
- Durán, Fray Diego. Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme. Tomo I, 1867. Cap. XXXVIII, pp. 293–323.
- Hernando Alvarado Tezozómoc. Crónica Mexicana, ed. Orozco y Berra & José M. Vigil. Cap. LII, pp. 639–644. Disponible aquí.
